DOLOR EN COLOMBIA

Éxodo de la ciudad arrasada

Enorme tarea de reconstruir Mocoa, en Colombia, puede demandar hasta dos años.

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Desastre en Mocoa. Foto: AFP.

Claudia Navarro, su esposo y su hijo son los últimos de una familia de 16 personas en abandonar la ciudad colombiana de Mocoa, arrasada por un alud que dejó más de 314 muertos y 332 heridos. Aunque su casa está en pie, se van por el temor a enfermedades.

La terminal de transporte fue una de las centenares de construcciones destruidas por la fuerza de las riadas el viernes 31 de marzo a medianoche, y el paradero improvisado desde donde salen ahora pequeños buses y camionetas es un hervidero de personas.

La mayoría se va a casa de familiares en otras ciudades para ponerse a salvo de los problemas que generó la tragedia, en una ciudad cuya reconstrucción puede tomar hasta dos años. El barro se seca en las calles y genera polvareda.

"Me voy por evitar alguna enfermedad para el niño, hay mucho polvo y la calidad de la poca agua que hay es mala", cuenta Navarro a la AFP antes de abordar una camioneta hacia el Alto Putumayo, como se conoce a la parte noroccidental del departamento del Putumayo, del que Mocoa es capital.

Su hijo Matías, de tres años, patea piedras en la calle mientras esperan por el transporte y Navarro, que lleva en su mano un pequeño morral de Spiderman con juguetes, está atenta a que el pequeño no deje caer su tapabocas. "Vamos a la casa de una familiar, la única que tenemos fuera de Mocoa. Ya otros 13 de la familia han viajado, nosotros somos los últimos", comenta. Junto a una gran maleta negra y dos bolsos, Navarro cree que "está latente el peligro, no hay cómo asear la casa, así que esperaremos unos 15 días allá a que pase la situación para volver a nuestra casita, que gracias a Dios quedó bien".

Trauma.

La tragedia dejó damnificadas, sin vivienda y con necesidad de ayuda humanitaria, a 3.240 personas, según la Unidad Nacional para la Gestión de Riesgo de Desastres.

La ONG internacional Acción contra el Hambre, cuyas camionetas ruedan estos días con ayuda humanitaria por Mocoa, señaló en un comunicado el miércoles que más de 34.000 personas "siguen sin acceso a la electricidad y al agua segura", en esta ciudad de unos 70.000 habitantes.

El gobierno instaló plantas que permitieron restituir la electricidad al 20% de la ciudad, pero ni siquiera en esas zonas el servicio es constante y aunque se ven camiones repartiendo agua sin parar por los barrios, tampoco parecen suficientes.

Las familias con niños son las principales protagonistas del éxodo: Claudio Pozos, de 64 años, cría junto a su esposa, en su casa del barrio San Agustín, a dos nietos de 10 y 14 años. La mitad de ese sector fue arrasado por la avalancha y, aunque el lodo no llegó a su casa, este abuelo ha buscado la forma de sacar a sus dos nietos hacia otras ciudades. "El papá del pequeño ya se lo llevó para Cali (, porque quedó con un trauma tremendo. Tenía listo el maletín y no más se ponía oscuro el cielo o caían unas gotas nos decía: Vámonos, vámonos. Al otro se lo llevan a Pasto, como no hay agua, ni luz, ni clases, qué van a hacer aquí", dice Pozos, quien se queda para cuidar que no le roben sus pertenencias.

ESCENARIO.

Al perder árboles se deteriora la protección.

El presidente Juan M. Santos formalizó el decreto que declara a Mocoa —ciudad situada en el sur de Colombia, en plena Aamazonia, cerca de la frontera con Ecuador—en situación de emergencia económica, social y ecológica, durante 30 días, norma que permite hacer contrataciones de los servicios que necesiten de manera directa, sin necesidad de los procesos formales que toman más tiempo. La medida permitirá agilizar los trabajos de reaconstrucción de la ciudad arrasada.

El ministro de Ambiente, Luis Gilberto Murillo, consideró que la tragedia "fue un hecho extraordinario que ni siquiera sucedió con el fenómeno de La Niña del 2010 y 2011", agravado porque había barrios en zonas de riesgo. En declaraciones al diario El Tiempo, el funcionario aseguró que el alud en Mocoa "es una alerta para todo el país" y sostuvo que el ordenamiento territorial debe ser actualizado, adaptándose a la variabilidad extrema del clima y al cambio climático.

El ministro explicó que, pese a que había reservas de bosques en las cuencas medias y altas de los tres ríos que se desbordaron, "ha habido deforestación por cultivos y ganadería, sin conservar las protecciones ambientales y las reservas que se requieren".

Los bosques son, según expertos, una barrera natural contra las riadas. Al no existir, se producen daños.

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