Pablo Sirvén

"Espero que Macri haga un informe minucioso de lo que recibió"

El secretario de redacción del diario La Nación analizó el primer tramo del gobierno de Mauricio Macri en Argentina. Recordó que el mandatario deberá presentar su informe del estado de la Nación el 1° de marzo en el Congreso y allí deberá revelar la magnitud de la herencia que dejan 12 años de kirchnerismo, una percepción que muchos argentinos tienen ya.

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Economía: "los precios se le empezaron a escapar". Foto: Ricardo Figueredo

Describió los aciertos del presidente y también encendió las luces de alarma con lo que no va tan bien. “Si a este gobierno le va mal, regresará aquello que con el kirchnerismo estábamos mejor”, advierte. El periodista dio una conferencia esta semana ante un nutrido público en Maldonado.

—Parece como si el presidente Mauricio Macri hubiera asumido hace años.

—En Argentina es todo como un videoclip. Todo muy acelerado. Si se observa desde Uruguay todavía más. En Argentina a veces también se siente ese vértigo. Ahora particularmente porque lo que fue en la política pasaron 12 años y medio muy particulares. En ese periodo pasaron tres gobiernos, dos presidentes, marido y mujer ellos. De alguna manera la política se detuvo en esos años. Esa cosa que nos gusta andar medio acelerados y taquicárdicos a los argentinos en cuanto a la política, lo que ocurrió fue como un planchazo. En todo sentido.

—Ahí llegó Macri.

—El cambio tan abrupto de signo político, la existencia de tantas asignaturas pendientes en lo económico y lo que era la cultura política —el manejo de la comunicación del relato—obligó al nuevo gobierno a tomar mucho impulso en los dos primeros meses de su gestión. Y este período coincide con el receso del Congreso que dura hasta el primero de marzo.

—Como que Macri quedó en medio de la escena política.

—Si bien el presidente puede llamar a sesiones extraordinarias, no está obligado a abrir al legislativo. Esto constituye la principal crítica que le endilga la oposición. Macri aprovechó para dictar muchos decretos de necesidad y urgencia. También para avanzar. Como para tener impronta distinta.

—¿Por qué?

—Desde el retorno a la democracia en 1983, de los treinta y dos años, en veinticinco de ellos, gobernó el peronismo con expresiones muy distintas entre sí. Como el neoliberalismo de Carlos Menem de los noventa a la cosa medio bolivariana de los Kirchner de los últimos 12 años. Por esto todo el tiempo flota, en el temor social, de que los que no son peronistas no están capacitados para gobernar a la Argentina.

—¿A qué se debe eso?

—El primer gobierno de Alfonsín terminó medio año antes. Fernando de la Rúa se fue dos años antes. Entonces desde el lado peronista se genera ese fantasma. Yo creo que Macri arrancó con todo como diciendo: "¡ojo! No soy Alfonsín. Tampoco de la Rúa". Por eso tomó decisiones muy fuertes.

—¿Ganó Macri o perdió el Frente para la Victoria?

—Eso es lo que dice el "Pepe" Mujica. Es una combinación de las dos cosas. Había, al menos, en una mitad de la población un deseo muy claro, muy fuerte de un cambio. Una necesidad perentoria de cambiar. Un cambio que se veía desde hacía algunos años con manifestaciones populares muy fuertes Con cacerolazos y protestas muy masivas. La marcha por la muerte del fiscal Nisman. Faltaba canalizar toda esa bronca y la necesidad de un cambio. Los constituyentes de 1853 fueron muy sabios cuando marcaron un mandato presidencial de seis años si necesidad de reelección. Algo parecido a lo que ocurre en Uruguay o en Chile. Ahora uno se da cuenta de la sabiduría de esos constituyentes.

—¿En qué sentido lo dice?

—Obliga a la clase dirigente, inclusive a los oficialismos, a tener que renovarse. Ahora tenemos esto de los cuatro años más otros cuatro. O lo que pasa en el peronismo con las parejas. Juan Perón y Eva Duarte. Juan Perón y María Estela Martínez y por último Néstor Kirchner y Cristina Fernández. Inclusive Daniel Scioli y Carina Rabollini, Sergio Massa y Magdalena Galmarini. En el peronismo vienen siempre de a dos. Esto genera que el salto institucional se ponga más bravo.

—¿Cómo impactó en esto el kirchnerismo?

—El daño que se hizo en esos años no es tanto por el propio daño en sí. Lo es por la duración y la profundidad de ese daño. Es algo que involucra a lo cultural, a lo político, a lo social, a lo económico. Hay muchas cosas que no se hicieron y que ahora hay que salir a concretarlas corriendo para que no estalle la bomba de nuevo. Es una cosa muy cíclica de la Argentina donde en las últimas décadas la padeció en dos ocasiones. En 1989 y luego en 2001.

—En Argentina, un país que se destaca en muchos ámbitos, ¿su clase política va en sentido contrario?

—Tenemos un país, afortunadamente, tan rico. Pero esa fortuna muchas veces nos juega en contra. Algo de nuevo rico caprichoso de decir que al final todo se arregla. Tiramos manteca al techo, gasto lo que no tengo porque total Dios proveerá. Un típico refrán argentino. La verdad es que el país provee. Cuando se pone en línea, empieza a responder porque es un país con riquezas de todo tipo. También tiene mucha materia gris que se expresa en la literatura, en el deporte, en las artes plásticas y en el periodismo. Pero cuando uno observa a la política dice: "¿pero qué pasó acá?". No va en la misma dirección. Es raro.

—Los K la estamparon en la frente de Macri el rótulo de neoliberal. ¿Es así? Porque si uno lo mira él se asemeja mucho a Arturo Frondizi.

—Hay una necesidad que Macri rompa con la tradición de que Argentina va de un gobierno ultradirigista que se gasta hasta el último peso y llena al estado de funcionarios públicos porque no se anima a desarrollar la iniciativa privada. Al otro extremo, el liberal a ultranza que no le importa que haya despidos de todo tipo y que piensa en un país para pocos. Argentina tiene 40 millones de habitantes. Puede alimentar a 300 millones de personas. No hay nada que justifique la pobreza. El kirchenerismo destruyó las estadísticas para poder construir su relato. Según el prestigioso observatorio de la Universidad Católica Argentina, avalado por el Papa Francisco, hay un 28 por ciento de pobreza. Hablamos de un tercio de la población en la pobreza. Es criminal que esto suceda en país como Argentina. No estamos en África.

—Suena feo...

—Argentina es como un péndulo. Va de lo dirigista a lo liberal. Nunca se queda en el medio. En ese lugar donde se tiene que conjugar las buenas artes de la macroeconomía con un estado que regule a las grandes empresas y proteja a los sectores más carenciados. —¿En qué etapa se encuentra el gobierno argentino?

—Está ejecutando correcciones macroeconómicas que eran muy necesarias concretarlas. Pero no se está poniendo el mismo esfuerzo en la microeconomía. Los precios se le empezaron a escapar. Y Macri, que ha sido empresario, que conoce a los empresarios argentinos, muy astutos para aprovechar las circunstancias, les va a decir: "¡Ojo muchachos! No les vamos a bajar las retenciones y vamos a liberar la economía para que ustedes tengan una rentabilidad impresionante. Está muy bien trabajar en paz y no asfixiadas como ocurrió con los Kirchner pero no se hagan los vivos". En los últimos días bajó el precio del ganado en pie. Pero sin embargo aumentó la carne en las carnicerías.

—Macri todavía no salió a denunciar la herencia recibida. ¿Esto no le va en contra a medida que pase el tiempo?

—Sí. Ha habido fragmentos de esa herencia. Recién se están empezando a hacer las auditorías. Espero que el 1º de marzo cuando el presidente informa al Congreso del estado de la nación, se presente un minucioso detalle de lo que recibió. Y que lo haga ahí es su única oportunidad. Cristina Kirchner en cada apertura de sesiones del Congreso lo que hizo fue retomar la historia desde el año 2001 cuando Argentina estalló. Por lo cual siempre su comparación era mejor. El gobierno de Néstor Kirchner terminó en el 2007 con variables económicas positivas como superávit fiscal. Agarró todo el viento de cola de la economía mundial a lo que no le pudimos sacar todo su provecho.

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