MUERTE Y DESTRUCCIÓN: ESCENARIO DE CAOS

"Las escaleras caen; no veo nada"

Escenas de dolor y desesperación al ver que familiares están enterrados bajo los escombros.

El olor a gas invadió zonas de la ciudad de México. Foto: AFP
El olor a gas invadió zonas de la ciudad de México. Foto: AFP

Miles de personas atemorizadas salieron ayer martes a las calles de la Ciudad de México con los rostros demudados y un persistente olor a gas tras el fuerte terremoto que causó muerte y destrucción en varias zonas de México.

Escenas de caos, desconcierto, temor y dolor se sucedieron como consecuencia del devastador sismo.

El sismo, de magnitud 7,1 en la escala de Richter, derrumbó al menos 44 edificios de la ciudad provocando fugas de gas en las calles y un fuerte hedor que sacudía a los ciudadanos, que acudían prestos con cuerdas, ropa y agua para ayudar a los equipos de rescate.

La gente se agolpó junto a los edificios derrumbados, cubriéndose las caras con sus manos a causa del fuerte olor a gas, que les apresaba la garganta mientras preguntaban por sus familiares atrapados.

Las autoridades fueron cortando las calzadas y vociferando con sus megáfonos para que la gente despejara las calles y se ocultara en los parques, hoy más nunca, pulmones en una ciudad histérica.

Mientras, los helicópteros volaban a baja altura coordinando los trabajos de las autoridades federales, la armada y el ejército mexicano, que arribaron a los lugares de extrema destrucción.

El edificio 286 de la avenida Álvaro Obregón quedó completamente destruido al igual que otros en la colonia Roma, arrastrando escombros y polvo sobre el aire y cristales rotos alrededor de las aceras.

Juli, una mujer de mediana edad con el rostro y los hombros manchados por los escombros, contó a Efe aterrorizada cómo sobrevivió al derrumbe del edificio.

"Estábamos dentro, en un curso de micropigmentación cuando empezó a temblar. Estábamos en el quinto piso y todo se empezó a mover", relató la mujer, visiblemente afectada, esforzándose por respirar a causa del gas.

"Se empezó a caer todo el edificio", continuó "y nos arrastramos como pudimos para salir porque todo estaba cubierto de tierra y de polvo".

Además, en ese momento la oscuridad se sumió sobre ellos e instintivamente comenzaron a tirar unos de otros para lograr salir.

"Las escaleras estaban colapsadas (...) no se veía nada", continuó para después soltar un llanto sordo de alivio por estar viva.

Beatriz Pérez, una mujer oaxaqueña residente en la capital, mostraba su preocupación por el estado de su hija.

La mujer estaba sacando dinero del banco cuando sucedió el sismo y de manera instintiva acudió a buscar a su hija.

"Cuando crucé la calle todo era humo y dije dios mío ese es el edificio de mi hija. Están enterrados ahí", dijo, aludiendo a su hija y a su pareja.

"Seguro que están debajo del escritorio, los conozco, cuando tiembla ellos se esconden ahí", agregó.

Actualmente continúan los equipos de rescate tratando de sacar a los ciudadanos apresados bajo los escombros.

Mientras seguía el rescate, las autoridades aconsejaban a los ciudadanos que se alejaran de los centros de la calle, donde se sentía más el olor a gas.

Muchas personas, en lugar de hacer caso, acudían a las tiendas y restaurantes para pedir o comprar agua y vendajes, así como ropa.

Surcaban las calles con los víveres como podían entre el caos de los vehículos que hoy autogestionaron su circulación tras el apagón de los semáforos.

Una decena de personas del equipo de rescate trabajaba a buen ritmo en los escombros, picando el techo destruido del edificio. A cada rato que sacaban a alguien, las personas aglutinadas alrededor aplaudían esperanzadas.

Otras, continuaban desoladas esperando a que se mencionara el nombre de uno de sus familiares.

TESTIMONIOS DEL DRAMA

Juan García - "No contesta".

"Se cayó el edificio, el 286. Hay muchas personas atrapadas. No nos dicen nada... Mi esposa está allí, no me he podido comunicar con ella, no me contesta. Ella estaba en el cuarto", manifestó entre lágrimas Juan Jesús García, de 33 años, inamovilble junto al edificio de seis pisos en el que residía y que colapsó en la zona de Colonia Del Valle.

Nith Quevedo - "Desespera".

"Lo que de inmediato hice fue pararme debajo de un puente para resguardar mi vida. La gente gritaba, ls ituación fue muy desesperante. Me puse muy nerviosa porque vi muchos edificios dañados y varios derrumbes", señaló Nith Quevedo, una trabajadora de 34 años, residente de la colonia Ciudad Azteca, situada en Ciudad de México.

Amado Ortiz - "Valientes".

"El hospital olía mucho a gas. Creo que debía haber varias fugas por los daños que hizo el terremoto en las cañerías. Los médicos han sido extraordinarios, muy valientes", comentó Amado Ortíz, afuera del Sanatorio Durango, en Ciudad de México, cuya esposa estaba en labior de parto cuando arreció el terrmoto. Su hijo nació en la calle.

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