LA BITÁCORA

La era Erdogan

Si se lo observa desde su región, se ve un estadista racional, modernizante y democrático. Pero si se lo observa desde Europa, lo que se ve es un déspota amasando un poder descomunal.

Lo que nadie discutiría es la inteligencia y la astucia con que Recep Tayyip Erdogán se convirtió en el protagonista central de la política turca. Desde que gobernó Estambul, muestra su capacidad de gestión y su eficacia. La dupla que integró con Abdulláh Gül potenció la vigorosamente la economía, además de implantar eficientes políticas sociales que dieron al Partido Justicia y Desarrollo (AKP), que ambos fundaron en el 2001, el respaldo masivos de las clases bajas y medias bajas.

Más allá de estas indiscutibles fortalezas, están los puntos de observación desde los cuales se ve, o bien un prócer viviente, o bien un líder megalómano y autoritario imponiendo su propio culto personalista.

Erdogán aparece democrático, moderno y racional si se lo observa desde países centroasiáticos y desde el Oriente Medio, donde están la teocracia de los ayatolas persas, dinastías absolutistas como la saudí y dictadores sanguinarios, además de haber pasado por el poder déspotas desopilantes como Saparmyrat Atayevich Niyyasov, que se hizo proclamar "turkmenbashí" (padre de los turkmenos) y le cambió el nombre a los meses, denominando uno con el nombre de su madre. Pero desde el punto de observación occidental, se ve un formidable culto personalista imponiendo férreo verticalismo y una notable intolerancia hacia la crítica y la disidencia.

Para tener un perfil completo del hombre que impera en Turquía, hay que mirarlo desde los dos puntos de observación.

Erdogán supera en astucia, osadía y capacidad de gestión a casi todos sus antecesores. No es una mentira oficialista que también hubo corrupción, autoritarismo y persecución a minorías, como la kurda, además de "negacionismo" con el Genocidio Armenio, en las gestiones de todos sus antecesores ataturkistas, desde Abdulhalik Renda hasta Ahmet Sezer, pasando por Bülent Ecevit y Turgut Ozal, entre otros. En todo caso, en materia de autoritarismo, corrupción y "negacionismo", Erdogán no implicó una vuelta de página. En lo que sí se diferencia, es en ambición histórica.

Turquía vivió la creación de una fecha patria. El "Onbes Temmuz" (15 de julio) es, desde ahora, la Toma de la Bastilla del líder actual. Su poder convirtió esa fecha, en la que ocurrió la sangrienta rebelión militar del 2016, en el cimiento de lo que podría llamarse "la era Erdogán".

La solidez de ese cimiento está en la historia: la feroz asonada del 2016 fue la única que fracasó. En las cuatro ocasiones anteriores, usando la cláusula constitucional que les daba el rol de guardianes de la institucionalidad secular, los militares concretaron con éxito sus golpes de Estado. En 1960, el general Cemal Gürcel derribó y ejecutó en la horca a Adnan Menderes. Once años después, se levantó el general Memduh Tagmac y le costó el cargo a Suleimán Demirel. Y en 1980, el golpe que dio Kenan Evren instaló una larga y brutal dictadura.

Al siguiente gobierno derrocado por el ejército lo presidía el islamista Necmettin Erbakan. Su caída, en 1997, tuvo entre sus consecuencias el encarcelamiento del alcalde de Estambul, por protestar contra el golpe leyendo en público un poema religioso de Ziya Gökalp, en el que el poeta nacionalista comparaba las mezquitas con cuarteles, las cúpulas con cascos, los minaretes con bayonetas y los creyentes con soldados. Aquel alcalde era Erdogán.

Hoy, para la mayoría, se trata del líder más grande que tuvo la República turca desde que fue fundada por Atatürk, en 1923. Para la oposición ataturkista, la izquierda, los kurdos y otras minorías étnicas, se trata de un déspota que usa la rebelión militar para acumular poder y aplastar a sus enemigos, acusándolos falsamente de terrorismo.

Que el monumento a los mártires de la heroica resistencia civil haya sido erigido frente al inmenso palacio presidencial construido por este gobierno, personaliza la gesta histórica en el presidente. Su centralidad en los monumentales actos conmemorativos y el relato que lo agiganta y demoniza a sus adversarios, busca mostrar un prócer viviente cuya estatura histórica alcanza la de Atatürk.

Este 15 de Julio comenzó "la era Erdogán". O al menos eso intenta uno de los líderes más eficaces y osados que ha tenido Turquía desde que emergió entre los escombros del imperio otomano.

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