Corea del Norte beligerante

El mundo en vilo por amenaza nuclear

El anuncio de Corea del Norte de que reactivará instalaciones nucleares, incluido el reactor de Yongbyon que produce plutonio y las plantas de enriquecimiento de uranio, lleva a una sola pregunta: ¿qué credibilidad tiene su programa de armas atómicas?

  •  
SEÚL | EL PAÍS DE MADRID

Piongyang ha impulsado en los últimos años sus planes nucleares, pero aún parece lejos de poder cumplir sus recientes amenazas de golpear Estados Unidos porque, según los expertos, no cuenta con bombas lo suficientemente pequeñas para transportarlas en un misil balístico y tampoco cohetes capaces de alcanzar sus costas.

El peligro más inmediato lo representan los misiles de corto y medio alcance, o la proliferación de material y tecnología nucleares. Aún así, el Ejército norcoreano anunció en la semana que pasó que tiene luz verde para lanzar un ataque nuclear contra Estados Unidos.

La transferencia nuclear o el uso de armas de destrucción masiva "serían consideradas una grave amenaza a Estados Unidos o sus aliados, y se hará totalmente responsable a Corea del Norte de las consecuencias", dijo el mes pasado Tom Donillon, consejero de Seguridad Nacional del presidente Barack Obama. Se cree que Piongyang ayudó a construir en Siria una instalación que agentes de los servicios de inteligencia de Estados Unidos definieron como un reactor nuclear destinado a producir plutonio. Aviones israelíes bombardearon la instalación en 2007.

La declaración oficial de que se reactivarán las instalaciones de Yongbyon forma parte de la escalada retórica y de las represalias en respuesta a las sanciones de las Naciones Unidas por el disparo de un cohete en diciembre, que, según Washington, fue la prueba de un misil balístico, que Piongyang dice que fue el lanzamiento de un satélite, y la explosión atómica ejecutada en febrero. El Norte también está furioso por las maniobras militares que están realizando Corea del Sur y Estados Unidos en la península coreana (maniobras que se llevan a cabo todos los años y siempre llevan al enojo -con más o menos fuerza- del régimen de Piongyang.

Corea del Norte asegura que necesita un programa de armas nucleares para hacer frente a lo que llama la política "hostil" y la intención de Washington de llevar adelante una invasión. El régimen considera que es su mejor herramienta de disuasión contra una intervención como la de Irak en 2003, y lo usa como instrumento político para intentar restablecer las relaciones con Estados Unidos, Corea del Sur y Japón.

"Nuestra fuerza nuclear es un elemento disuasorio fiable y una garantía para proteger nuestra soberanía. La paz, la prosperidad y la felicidad de la gente pueden existir sobre la base de un poder nuclear fuerte", dijo la semana pasada el líder norcoreano, Kim Jong-Un. El corazón de su programa atómico se encuentra en la central de Yongbyon, complejo que data de la década de los sesenta, y cuyo primer reactor fue suministrado por la entonces Unión Soviética. La instalación se encuentra unos 100 kilómetros al norte de Piongyang. En 1986, fue añadido el que actualmente es su reactor principal, de cinco megavatios y moderado con grafito, que produce plutonio. En 2007, fue paralizado en el marco de un acuerdo de desnuclearización que luego se fue a pique. La torre de refrigeración fue derribada en 2008.

La reactivación del reactor de Yongbyon, que podría ser llevada a cabo en un plazo de tres meses a un año, permitiría al Norte volver a producir plutonio. El reprocesado de las barras de combustible tras un año de funcionamiento del reactor podría generar unos siete kilogramos de plutonio, cantidad suficiente para una bomba atómica, según los expertos.

Piongyang ha afirmado que volverá a poner en marcha también la planta de enriquecimiento de uranio. Ambas instalaciones pueden producir combustible para bombas atómicas. El gobierno norcoreano defiende que el objetivo de la central es producir electricidad. La construcción de otros dos reactores capaces de generar plutonio fue suspendida en 1994 tras un acuerdo con Estados Unidos, en ese entonces gobernado por el demócrata Bill Clinton, y se logró gracias a la ayuda económica por parte de Washington -algunos expertos creen que esto mismo es lo que busca Kim Jong-Un y por eso su beligerancia-.

El reactor principal de Yongbyon era la única fuente de plutonio, pero se estima que el país tiene unas existencias de 24 a 42 kilogramos, suficientes para fabricar de cuatro a ocho bombas similares a las utilizadas por Estados Unidos contra Japón en Nagasaki.

Washington sospecha que Corea del Norte tiene también un programa de uranio con uso militar. Es más fácil diseñar una bomba atómica con uranio muy enriquecido que con plutonio, pero este es más adecuado para la fabricación de cabezas nucleares lo suficientemente pequeñas como para ser montadas en misiles, algo que Piongyang necesita si quiere realizar un ataque nuclear de largo alcance. Se cree que el Norte no domina aún la tecnología de miniaturización, pero la cuestión es cuánto tardará. En 2006 y 2009, Corea del Norte llevó a cabo sendas pruebas nucleares con dispositivos de plutonio. La primera se cree que tuvo problemas, y la segunda fue de potencia baja.

GRAVE. Pero los analistas piensan que la que efectuó el 12 de febrero pasado pudo haber sido de una bomba de uranio. Este combustible tiene sus ventajas para el Norte, ya que posee grandes depósitos de uranio y la tecnología para enriquecerlo se puede transferir de forma más fácil. Y esta es la gran preocupación de EE.UU., la proliferación de armas y tecnología atómica a países como Irán y Siria, o a grupos terroristas.

Además de tener que miniaturizar una cabeza atómica, el Norte no ha probado aún que disponga de misiles balísticos capaces de alcanzar la Costa Oeste de Estados Unidos. Sin embargo, sí cuenta con misiles de corto y medio alcance, que podrían golpear Corea del Sur, Japón o las bases estadounidenses en estos dos países. La pasada semana Piongyang trasladó dos misiles a sus costas.

El Pentágono anunció que instalará interceptores de misiles en su base de Guam, en el Pacífico. El secretario de Defensa, Chuck Hagel, ya advirtió en marzo del despliegue de cohetes similares en Alaska y de un radar antimisiles en Japón. Hagel aseguró que las amenazas nucleares proferidas por Corea del Norte suponen `un peligro grave y real` para Japón, Corea del Sur y Estados Unidos.

NO BAJA LA GUARDIA. Aunque Estados Unidos sigue dudando de que Corea del Norte tenga la capacidad tecnológica, incluso la voluntad real, de convertir sus estruendosas amenazas en hechos, la diplomacia y la fuerza militar estadounidenses están alertas y en plena disposición de demostrar que Washington actuará de forma contundente en el caso de una agresión.

El secretario de Estado, John Kerry, se reunió en Washington con su colega de Corea del Sur, Kim Sung-hwan, con el fin de diseñar una estrategia conjunta y para ratificar el pleno compromiso de Estados Unidos en la defensa de ese país ante cualquier ataque de su vecino.

Kerry tiene previsto viajar esta semana a Asia para recordar a amigos y enemigos los fuertes intereses norteamericanos en esa región, donde Estados Unidos incrementará en los próximos años su presencia militar. El duelo dialéctico que actualmente libra con Corea del Norte es, entre otras cosas, una oportunidad para Estados Unidos de demostrar su implicación en un área en la que, probablemente, se dirimirá el liderazgo mundial a lo largo del presente siglo.

Washington confía, no obstante, en que será capaz de probar su hegemonía sin necesidad de disparar un solo tiro.

El gobierno estadounidense confía en que, en realidad, nadie quiere una guerra. No la quiere, desde luego, Estados Unidos ni su gran aliado regional, Corea del Sur. Pero tampoco parece desearla el único aliado internacional de Corea del Norte, China, que el mes pasado votó en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas a favor de una condena y de nuevas sanciones para el régimen.

El único que parece buscar un conflicto es el líder de ese aislado país, Kim Jong-Un, quien podría estar haciendo maniobras propagandísticas para consolidar su poder dentro de un sistema de cuyo funcionamiento y equilibrios internos se conoce bastante poco.

En todo caso, Estados Unidos duda de que el joven Kim sea capaz de cumplir con sus amenazas. Aunque el anuncio de que Corea del Norte aumentaba la capacidad de producir material nuclear para sus misiles ha creado la justificable alarma, los expertos en este país siguen creyendo que los técnicos norcoreanos no disponen aún de armamento atómico con garantías, mucho menos para alcanzar territorio norteamericano.

Tanto los voceros de la Casa Blanca como del Pentágono insistieron en la pasada semana en la versión oficial de que la Administración está atenta y vigilante, pero no preocupada por un ataque inminente. Los servicios secretos estadounidenses siguen los movimientos de tropas y de material en Corea del Norte y, aparentemente, no han detectado signos que sean motivo de alarma.

Estados Unidos, no obstante, ha situado un segundo destructor armado con misiles frente a las costas norcoreanas y ha coordinado con su socio surcoreano otras medidas de protección. Washington celebra periódicamente maniobras militares con Corea del Sur y asume su protección desde el final de la guerra que dividió a la península de Corea, por lo que un ataque contra ese país significaría, automáticamente, la entrada de Estados Unidos en el conflicto.

RUPTURA TOTAL. Corea del Norte bloqueó, durante la semana que pasó, el acceso de los trabajadores surcoreanos al parque industrial de Kaeson, que se encuentra en territorio norcoreano, pero es gestionado de forma conjunta por los dos países.

El Ministerio para la Unificación surcoreano aseguró que Piongyang le había informado de la cancelación de los movimientos hacia Kaesong, pero que permitió el regreso de los 861 ciudadanos del Sur que están en el complejo industrial, situado unos 10 kilómetros al norte de la frontera común. Según Seúl, las autoridades norcoreanas citaron como razón las recientes circunstancias políticas en la península coreana.

Unas 480 personas tenían previsto viajar el miércoles a Kaesong, donde 53.000 norcoreanos trabajan en 123 empresas surcoreanas. Cualquier medida que afecte al parque industrial reviste gran importancia, ya que fue creado en 2004 como símbolo de cooperación entre los dos países y es clave para el Norte.

Pionyang ha intentado siempre que las crisis y escaladas de tensión que periódicamente vive la región no le afecten, ya que supone una fuente vital de divisas para su frágil economía. La zona produjo bienes por valor de 450 millones de dólares el año pasado.

Kim Hyung-suk, vocero del Ministerio para la Unificación, calificó la decisión norcoreana de "muy desafortunada" y pidió que los movimientos sean normalizados "inmediatamente".

Corea del Sur aseguró que no le había sido comunicado cuánto tiempo permanecerá en vigor la prohibición de tránsito, pero también añadió que, de momento, las fábricas funcionan con normalidad. El Norte cortó la semana pasada la línea roja de comunicación militar con Seúl, que permite a los trabajadores del Sur cruzar la frontera para trabajar en Kaesong. Desde entonces, las autorizaciones para que circulen las mercancías y los empleados estaban siendo dadas de forma verbal a través de intermediarios.

El ministro de Defensa del Sur, Kim Kwan-jin, afirmó que está analizando todas las opciones para garantizar la seguridad de los surcoreanos que se encuentran en Kaesong, incluidas acciones militares en el peor de los casos, de acuerdo con lo que informó la agencia del Sur Yonhap. En definitiva, todos están listos para una guerra poco posible.

Comentarios
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)
user-photo
Si no puedes leer la imagen de validación haz clic aquí
Pulse aquí para volver a la versión mobile.