La crisis de Brasil

Dilma y Lula están cada vez más distanciados

El escándalo de Petrobras y la crisis aumenta la divergencia.

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La presidenta Rousseff ha sido más receptiva a los cuestionamientos que Lula. Foto: Reuters

Presuntas divergencias surgieron entre la presidenta de Brasil Dilma Rousseff y su antecesor, Luiz Inácio Lula da Silva, ambos del Partido de los Trabajadores (PT), en el marco del escándalo de Petrobras, al tiempo que la oposición anunció ayer una ofensiva para iniciar el juicio político contra la mandataria.

"Las relaciones entre la presidenta y Lula ya fueron mejores", se han deteriorado al calor de la crisis política que tuvo en vilo al gobierno el año pasado y amenaza jaquearlo nuevamente a partir de mañana cuando vuelve a sesionar el Parlamento, afirmó ayer el comentarista político Kennedy Alencar.

No obstante sus discrepancias Rousseff y Lula da Silva están "obligados" a convivir políticamente pues uno depende del otro, continúa el análisis del periodista del grupo O Globo.

Estas afirmaciones coinciden con las de otros observadores que han registrado una serie de gestos surgidos desde el Palacio del Planalto, sede de la Presidencia en Brasilia, y el Instituto Lula, en cuyas oficinas de San Pablo trabaja Lula.

El juicio.

A fines del año pasado funcionarios próximos a Rousseff expresaron respaldo y total prescindencia frente a la causa judicial por la corrupción en Petrobras, afirmaciones recibidas con desagrado por allegados a Lula. Esto porque en el bunker del ex presidente consideran que esa causa judicial se ha "politizado" al grado de haberse fijado como objetivo el detener a Lula.

La semana pasada Rui Falcao, titular del PT, declaró su repudio a las acciones judiciales que buscan, según opinó, minar la popularidad de Lula para luego pulverizar la reputación del partido oficialista.

Para Lula y el PT, fuerza fundada por él en 1980, el gobierno no puede ser neutral antes las iniciativas adoptadas por el juez federal Sergio Moro a cargo de la causa "Lava Jato" (Lavado Rápido) por la corrupción a costillas de la petrolera estatal Petrobras. Fiscales que trabajan junto al juez Moro dijeron la semana pasada en conferencia de prensa que no descartan la participación de Lula en la red delictiva tejida bajo la sombra y con los cuantiosos recursos de Petrobras, la mayor empresa brasileña. Hay que añadir a lo anterior que el propio Lula cuestionó a la Justicia, algo que nunca hizo Rousseff. Y en el plano económico el ex presidente recomendó públicamente a Rousseff que revise su política de ajuste fiscal para liberar recursos que permitan salir de la recesión.

En noviembre y diciembre pasados mientras Lula formulaba estas apreciaciones el PT, siempre más explícito en sus objeciones, solicitaba la renuncia del ministro de Hacienda Joaquim Levy. Renuncia que finalmente ocurriría a fines de diciembre demostrando que Rousseff supo leer los mensajes de Lula y el PT, aunque el hacerlo no signifique que comparta sus tesis.

A las señales sutiles emitidas desde las tiendas de Lula se agregan las generadas por Dilma y sus hombres de confianza en el gabinete.

Afiliada al PT sólo en 2001 Rousseff mantuvo un encuentro la semana pasada con los dirigentes de su anterior agrupación, el Partido Democrático Trabalhista (PDT), nacionalista de centro izquierda, que respalda al gobierno desde una posición crítica y a veces muy crítica. En ese encuentro Rousseff expresó su simpatía por Ciro Gomes, posible candidato presidencial por el PDT en los comicios presidenciales de 2018.

Antes de esa cita con la cúpula pedetista la presidenta había firmado un decreto a través del cual se incluyó entre los "héroes" brasileños al fallecido dirigente nacionalista Lionel Brizola, fundador del PDT.

Esos dos gestos públicos de Rousseff alimentaron especulaciones entre comentaristas y dirigentes políticos.

La idea, que finalmente fue archivada, era que Rousseff dejaría de tener al PT como principal partido de su gobierno y formaría un gabinete integrado por más fuerzas políticas, las cuales ampliarían su base parlamentaria en momentos en que arreciaba la campaña por el "impeachment" en Diputados. Si bien la posibilidad de una ruptura habría perdido vigor en las últimas semanas,aún sobreviven las fisuras dentro del oficialismo y éstas son contemporáneas a una nueva escalada de los enemigos del gobierno. Sobre esa ofensiva por el "impeachment" habló ayer el senador Aécio Neves, titular del Partido de la Socialdemocracia Brasileña y excandidato a la presidencia en 2014.

Neves anunció que "a partir de este martes (hoy)" se reinstalará la presión para abrir un juicio político y que se solicitará al Supremo Tribunal que ofrezca precisiones sobre el reglamento a ser aplicado en el Congreso para comenzar el trámite del proceso.

Condenan a 12 años a director de Petrobras.

El exdirector del Área Internacional de Petrobras, Jorge Zelada, fue condenado a 12 años y dos meses de prisión por corrupción y blanqueo de dinero en el marco del escándalo de la petrolera estatal, confirmaron hoy fuentes judiciales.

El juez Sérgio Moro, responsable por la investigación en Petrobras, consideró probado que Zelada cobró, junto al exgerente de la compañía, Eduardo Costa Vaz Musa, un soborno de cerca de 31 millones de dólares de la firma Vantage Drilling Corporation para contratar un navío-sonda para la petrolera.

Los delitos fueron denunciados por el Ministerio Público (fiscalía) e investigados por la Justicia brasileña, cuya sentencia asevera que Zelada "pasó a dedicarse a la práctica de delitos en el ejercicio del cargo de director de Petrobras, mirando por su propio enriquecimiento ilícito y de terceros". De acuerdo con el documento, "además de embutir el coste de las coimas en el precio del contrato, la estatal hizo frente a perjuicios con la contratación del navío-sonda sin un adecuado proceso competitivo, lo que podría haber generado precios mejores".

El magistrado también condenó a Zelada por blanquear más de 11,5 millones de euros (unos 12,5 millones de dólares) mediante tres empresas "offshore". Zelada habría constituido dichas firmas para poder abrir al menos tres cuentas secretas en el exterior y cobrar el dinero obtenido de los sobornos. A través de este mecanismo, Zelada transfería luego el montante de las coimas de cuentas suizas a otras en Mónaco, lo que, para el magistrado, demuestra que "hubo conductas adicionales de ocultación y disimulo, incluso después de recibir el soborno". EFE

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