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Dilma se despidió combativa

Criticó el juicio como “farsa política” y pidió a seguidores que “se mantengan movilizados”.

Combativa, sin derramar una lágrima y por la puerta delantera: Dilma Rousseff se despidió del poder aplaudida por cientos de seguidores, pero a sabiendas de que probablemente nunca más vuelva a gobernar Brasil.

"Estoy triste, pero ustedes hacen que esa tristeza disminuya", lanzó Dilma, como es popularmente conocida, al abandonar el gubernamental Palacio de Planalto con sus 54 millones de votos en la maleta y acompañada de Luiz Inacio Lula da Silva, su antecesor y mentor político.

Fue presidenta de Brasil hasta ayer. El Senado —tras una votación de 55 votos a favor de abrir el impeachment— la separó de su cargo para que responda a un juicio por supuesto maquillaje de las cuentas públicas, que la mandataria calificó de golpe de Estado.

Ministros, asesores, diputados y senadores aliados también estuvieron allí, cabizbajos, con los rostros serios, decaídos por el fin de 13 años de gobierno.

En las afueras del monumental edificio donde trabajó los últimos cinco años y medio, Dilma repartió abrazos, apretones de mano, recibió flores, globos y palabras de aliento. Después subió al auto y se retiró a la residencia presidencial de Alvorada, donde concentrará su defensa y podrá vivir durante el juicio

Consignas como "¡Dilma, guerrera, del pueblo brasileño!" y "¡Golpistas, fascistas, no pasarán!" sonaron con fuerza dentro y fuera de Planalto.

Antes de ceder su oficina al presidente interino Michel Temer, la mandataria se dirigió al país.

"A los brasileños que se oponen al golpe, sean del partido que sean, les hago un llamado, manténganse movilizados, unidos y en paz", dijo desafiante.

En su último discurso a la nación, vistió de blanco y no del rojo característico del Partido de los Trabajadores (PT), con pantalones negros y pendientes de perlas. "Sufro una vez más el dolor abominable de la injusticia. Lo que me duele más en este momento es percibir que soy víctima de una farsa política y jurídica", aseveró.

"Lo que está en juego no es apenas mi mandato, lo que está en juego es el respeto a las urnas, a la voluntad soberana del pueblo brasileño y la Constitución. Lo que está en juego son las conquistas de los últimos 13 años, las ganancias de las personas más pobres y la clase media", añadió.

Se aleja del cargo con apenas un 10% de popularidad, en medio de una grave recesión económica y un escándalo de corrupción que ha manchado a buena parte de la élite del poder en Brasilia.

Al entrar a la sala, mantuvo su siempre severo carácter y mandó a callar las consignas y parar los aplausos para comenzar a hablar, rodeada de todos sus ministros, diputados y senadores.

Entre ellos estaba Katia Abreu, que se rebeló contra su partido, el mismo de Temer, para mantenerse al lado de su amiga Dilma.

"La primera mujer en presidir Brasil, honesta, capaz, con espíritu público, una mujer de bien, ha sufrido un impeachment injustamente sin haber cometido ningún crimen", dijo Abreu con los ojos hinchados por las lágrimas.

También estaba Eleonora Menicucci, que fue su compañera de celda de Dilma durante los oscuros días de la dictadura y hasta ayer fue responsable de la Secretaría para Asuntos de las Mujeres.

La presidente Rousseff habló ante los militantes del PT. Foto: Reuters
La presidente Rousseff habló ante los militantes del PT. Foto: Reuters

Manifestantes en furia.

El rostro cansado no se dejó vencer a la hora de repartir sonrisas para agradecer el apoyo bajo el sol infernal del mediodía en Brasilia.

No había mucha gente, lejos de la masiva fiesta que se reunió para recibirla cuando asumió el poder el 1º de enero de 2011.

"¡Fuera Temer!", "¡Gobierno ilegítimo", gritaban. "Yo voté por Dilma con Temer, no por Temer", dijo Vinicius Vitoi, un funcionario público de 54 años que llevaba una pancarta en la que se leía: "Temer traidor".

Temer y su partido, el PMDB, rompieron en marzo la alianza que mantenía a flote al gobierno.

Ahora, en un juicio político que durará seis meses, el Congreso se apresta a destituirla definitivamente. Parece inexorable.

Mantiene su salario y su seguridad.

La presidenta suspendida de Brasil, Dilma Rousseff, tendrá derecho a usar la residencia presidencial y a otras prerrogativas, como el salario y un equipo de seguridad, mientras permanezca apartada del cargo, tras la decisión ayer del Senado de abrirle un juicio político.

Las prerrogativas a las que tendrá derecho la jefe de Estado apartada del cargo por 180 días, período en que el vicepresidente Michel Temer asumirá la Presidencia, constan en la notificación que el Senado le entregó ayer mismo para informarla de que se le abrió un juicio político, publicada en el Diario Oficial del Senado.

"Durante el período (de suspensión) mantendrá las prerrogativas del cargo relativas al uso de la residencia oficial, la seguridad personal, la asistencia de salud, el transporte aéreo y terrestre, la remuneración y el equipo al servicio del Gabinete Personal de la Presidencia", según la notificación.

La dirigente del ahora opositor Partido de los Trabajadores (PT) ya inició el miércoles, antes de que el Senado la separase del cargo, el transporte de sus pertenencias particulares desde el Palacio de Planalto, la sede del Gobierno, hasta el Palacio de la Alvorada, la residencia particular de los gobernantes, donde ha dicho que se acuartelará.

¿Cómo sigue el juicio político a Rousseff?

Tras la suspensión por 180 días de Rousseff, el proceso continúa. A partir de la semana próxima, la comisión especial integrada por 21 senadores —que analizó los méritos jurídicos de las acusaciones contra la mandataria suspendida— se reunirá para definir un calendario de trabajo para el propio juicio político, que puede durar seis meses y en el que serán escuchados los testimonios de la parte acusadora y de la defensa. También podrán ser citados testigos que puedan contribuir para la producción de pruebas (a favor y en contra de Dilma). Allí se elaborará un informe, que luego será votado en la comisión. D aprobarse con una mayoría simple, pasará al plenario del Senado, que en una única sesión decidirá si Rousseff será finalmente destituida. Esa sesión será dirigida por el presidente de la Corte Suprema.

OPINIONES DIVIDIDAS TRAS LA SUSPENSIÓN.

Rui Falcão - "La elite pisotea el voto".

Rui Falcão, presidente del Partido de los Trabajadores (PT), la fuerza política que llevó a Lula y Dilma a la presidencia criticó la suspensión. "Una vez más en la historia, la elite pisotea el voto, abriendo el camino para la imposición de un Gobierno ilegítimo", señaló. El titular del PT indicó que el país fue "asaltado" por los "peores exponente del poder y de la prensa monopolizada".

Eduardo Cunha - "Más vale tarde que nunca".

Eduardo Cunha, arquitecto del impeachment y suspendido como presidente de la Cámara de Diputados por estar vinculado al escándalo de corrupción de Petrobras, celebró la suspensión de la jefa de Estado. "Buenas tardes a todos. Apenas una frase: más vale tarde que nunca", señaló el integrante del PMDB, quien fue el primero en abrir el proceso del juicio político.

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