CRISIS POLÍTICA EN ESPAÑA

Un día de agonía y desconcierto para los independentistas en Barcelona

Miles de jóvenes habían salido a las calles para alentar al presidente Puigdemont a declarar la independencia, quien finalmente optó por dejar al Parlamento la responsabilidad.

"Estamos impacientes de tener ya la República catalana. ¡Ya debería haber pasado!", dijo una joven. Foto: Reuters
"Estamos impacientes de tener ya la República catalana. ¡Ya debería haber pasado!", dijo una joven. Foto: Reuters

Miles de jóvenes habían salido a las calles de Barcelona este jueves para alentar al presidente catalán Carles Puigdemont a declarar la independencia, y se toparon una vez más con la agonía y el desconcierto.

"Estamos impacientes de tener ya la República catalana. ¡Ya debería haber pasado!", exclamó a la AFP, Natalia Torres, de 19 años.

Natalia desfilaba junto a cerca de 3.000 estudiantes para pedir la independencia.

Pero el presidente regional Carles Puigdemont no pareció acelerar hacia su sueño, tras haber dejado en suspenso la trascendental declaración el pasado 10 de octubre.

Este jueves, Puigdemont dejó en el aire durante horas si se pronunciaría por elecciones y pararía el "proces" hacia la independencia o favorecería una declaración de independencia.

Mientras miles de estudiantes esperaban en silencio ante la sede de la Generalitat catalana, él optó finalmente por dejar al Parlamento la responsabilidad de tomar una decisión sobre la independencia.

La cámara catalana, en la que Puigdemont y sus aliados independentistas tienen una corta pero suficiente mayoría, abrió poco después su sesión extraordinaria que concluirá el viernes.

Los jóvenes se dirigían con aire satisfecho hacia el parlamento al caer el día, pero reconocían que no sabían qué iba a suceder.

Judith Campos, de 19 años, lo decía abiertamente: "El futuro lo veo complicado pase lo que pase, sea con la DUI (declaración unilateral de independencia) o con el 155" el artículo de la Constitución que puede suspender temporalmente, este mismo viernes, el autogobierno catalán, tras cuatro décadas.

Durante este día de nervios, pareció que la posibilidad de una convocatoria de elecciones regionales anticipadas era probable.

"Qué bueno si hay elecciones: pienso que ganaremos más de lo que hemos perdido. Quiero quedarme en España para que no se vayan más empresas", meditaba Manuel Herrera, de 61 años, guardia de un parking cerca de la sede de la Generalitat.

Esas elecciones podrían llegar en pocos meses a Cataluña, pero al no tomar esa decisión Puigdemont, podrían acabar siendo convocadas por el gobierno central de Madrid.

Sería la primera vez en la historia reciente de Cataluña que unas elecciones no son convocadas por su propio gobierno, que sí ha podido, en cambio, organizar a tropezones dos consultas populares sobre una posible independencia que han dividido profundamente a la sociedad.

"Con una consulta legal, yo creo que el 'no' habría ganado", lamentó Ana Torres, de 52 años, vendedora en una zapatería.

"Las elecciones serán más o menos una buena noticia. Ya no piensan más en el pueblo, piensan en ver quién puede más, tú o yo'", añadió.

Pero antes de unos comicios, que según los sondeos volverán a mostrar un panorama político muy fracturado, queda cruzar el rubicón de declarar la independencia, un paso de enorme calado de consecuencias sociales desconocidas.

Los jóvenes que se dirigían al parlamento poco antes del inicio del plenario gritaban consignas de "independencia" despreocupadamente.

En la calle Ferran, de un balcón sonó un "¡viva España!". Uno de los estudiantes que iba hacia el parlamento respondió con risas con un conocido grito futbolístico: "¡manque (aunque) pierda!".

"A ver si se acaba ya todo esto, no se puede trabajar", lamentaba Yuris, un vendedor de origen paquistaní a la puerta de su humilde comercio.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)