LA BITÁCORA

La deriva asiática de Trump

Si algo faltaba para evidenciar el populismo desvariante que irradia Donald Trump, es el abrazo del oso que recibió en Asia. El presidente norteamericano fue alabado por Rodrigo Duterte. Peor aún, Trump halagó también al mandatario filipino, mostrando sintonía con él.

Es probable que el jefe de la Casa Blanca no estuviera al tanto de que su festejante colecciona denuncias por violaciones a los derechos humanos en su guerra contra el narcotráfico, que incluye también asesinar drogadictos, y que hace constantemente apología del crimen.

Hablando en público, Rodrigo Duterte describió los crímenes que cometía junto a comandos policiales, cuando era el alcalde de Davao. También en público relató su primer asesinato, cuando era adolescente y mató a cuchilladas a un joven porque lo había "mirado mal".

El presidente de Filipinas ha insultado a Obama, a una larga lista de presidentes y al Papa Francisco. Es un personaje impresentable que ha amenazado en reiteradas oportunidades con romper la alianza militar que Manila mantiene con Washington desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

Además de ese abrazo del oso, Trump cometió otros estropicios. Amenazó a China con "el gran pueblo guerrero de Japón" cuando fue recibido en Tokio por el premier ultranacionalista Shinzo Abe. Atacó al líder norcoreano usando un bullying ofensivo para las personas gordas y bajas. Dijo que Vladimir Putin le acababa de decir que no se inmiscuyó en el proceso electoral norteamericano y que él le creía al presidente ruso, lo que implicó negarle credibilidad a la CIA y el FBI, aunque a renglón seguido, mediante una contradicción insostenible, afirmó que también les cree a las organizaciones de inteligencia norteamericana.

Las derivas asiáticas de Trump no terminan en desastre porque a la verdadera agenda la va manejando Rex Tillerson, un secretario de Estado que sabe que lo mejor es prescindir de su jefe a la hora de tomar decisiones importantes.

Si no fuera de ese modo, el paso de Donald Trump por China abría sido totalmente en vano, ya que en Beijing se encontraron un presidente norteamericano con muy poco poder, con un líder chino que, en el último Congreso del Partido Comunista, ha sido elevado a las alturas de Mao Tse-tung y Deng Xiaoping, lo que equivale a concentrar en sus manos un poder equivalente al de un moderno emperador.

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