LA BITÁCORA

Crónica de un desfalco anunciado

Silenció a la prensa y a la oposición, aniquiló a los sindicatos, se apoderó de las empresas constructoras y, con los millones que había sacado al exterior, un día decidió convertirse en presidente de la Nación".

Un párrafo del libro "Kirchner, el amo del feudo", publicado cuando el dirigente patagónico llegó a la Casa Rosada, pero que permite entender claramente la postal que Argentina está viviendo en estos días, plagados de impactantes detenciones y procesamientos.

Al publicarse, pasó desapercibido porque su autor, Daniel Gatti, era un humilde periodista que había pasado la dictadura encarcelado y que atravesó la primera década de democracia perdiendo trabajos en Santa Cruz, por denunciar las arbitrariedades y la corrupción del entonces gobernador, que usaba la pauta oficial para comprar medios y para mantener alineado al resto.

Nadie que haya recorrido las páginas de aquel libro solitario, puede sorprenderse de lo que ocurre hoy; porque el gobierno que comenzaba cuando se publicaba "El amo del feudo", repitió al pie de la letra el esquema de arbitrariedades y corrupción con el que Kirchner había amasado poder y fortuna en el gobierno de la provincia patagónica.

Incluso, usó los mismos socios y testaferros. Ricardo Jaime y Lázaro Báez, por caso, jugaron a escala nacional el mismo rol que habían jugado a escala provincial.

Ese es el principal problema de Cristina Kirch-ner. A su fallecido espo- so, lo dominaba una embriaguez de poder que lo volvía impúdico. Atropellaba, armaba y desarmaba a la vista de quien quisiera mirar.

Como poseído por la convicción de que el poder, esa fuente de impunidad en Argentina, es eterno, Kirchner armó circuitos de dinero que están a la vista. Demasiado a la vista.

Aparentemente, su viuda no los desarmó. Acaso también ella se embriagó de poder y creyó real la consigna "Cristina eterna". Eso explicaría por qué el hombre que hoy la familia parece no conocer, figura en los balances de las principales empresas familiares y también en las fotos que lo muestran exhibiendo públicamente y junto a Cristina y sus hijos, el fastuoso panteón que le "regaló" a los Kirch-ner para que reposaran los restos de Néstor.

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