LA BITÁCORA

Cristina con Dilma como su escudo

De las repercusiones que tuvo la destitución de Rousseff, algunas merecen un capítulo destacado en la historia universal de la infamia.

Evo Morales se equivoca al calificar lo ocurrido como golpe de Estado: el proceso fue legal, aunque también haya sido injusto. Pero el presidente boliviano tiene autoridad moral para denunciar el linchamiento político perpetrado por una partidocracia decadente y corrupta contra una de las pocas figuras políticas que no está manchada de corrupción. Y tiene autoridad porque su gobierno nunca interfirió para evitar la actuación de la Justicia en casos de corrupción.

En cambio, que Nicolás Maduro hable de golpe institucional, cuando maniató al Poder Judicial para blindar el sistema de corrupción que construyó el chavismo, resulta desopilante.

Maduro dio un golpe contra el Poder Legislativo, al encapsularlo para que no pueda cumplir su misión, por eso no tiene autoridad moral para pronunciarse sobre esta página tan gris de la historia brasileña.

Tampoco tiene autoridad moral Cristina Kirchner, quien quiere usar el caso en defensa propia. Su caso es diferente. Más aún, lo que hicieron los partidos que le bajaron el pulgar a Dilma, es lo que el kirchnerismo pretende hacer a Macri.

Más allá de los errores de Dilma que empantanaron a Brasil en la recesión, la motivación de sus verdugos es crear un gobierno que intente detener la ofensiva judicial contra la dirigencia salpicada por el "petrolao".

Llevaban años presionándola para que detenga a la Justicia. Y como no hizo lo que los corruptos necesitaban que hiciera (aunque no correspondía que hiciera), se volvieron contra ella.

Pues bien, lo que Cristina y sus lugartenientes quieren de Macri es que impida los procesos judiciales que acorralan al liderazgo kirchnerista por su presunta corrupción.

La ex presidenta argentina ni se hablaba con la mandataria destituida en Brasil. Se llevaban mal y, entre lo que las diferencia, es que Cristina está seriamente sospechada de un descomunal enriquecimiento ilícito, mientras que a Dilma se la acusó de otras cosas, pero nunca se la sospechó de delitos de corrupción.

Veladamente, el kirchnerismo y su líder amenazan a Macri de desestabilizarlo azuzando el caos social, si el presidente sigue sin actuar para detener a los jueces y fiscales que investigan la corrupción del gobierno anterior. Ergo, el kirchnerismo y su líder hacen lo que hicieron quienes sacaron del poder a Rousseff.

Si no, qué otra cosa significa la amenaza de Hebe de Bonafini, cada vez que dice "Macri, pará la mano".

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