EL NUEVO ORDEN

Clima y comercio: Trump aísla a EE.UU. y cede terreno a China

Para el presidente, la salida del Acuerdo de París es una “ratificación de soberanía”.

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China tiene un ambicioso plan de obras para Asia, África y Europa. Foto: AFP

Al retirarse del acuerdo de París sobre el cambio climático, Donald Trump ha creado un vacío de liderazgo global que ofrece oportunidades frescas tanto a aliados como a adversarios. En particular a los chinos, que están ansiosos por llenar el vacío que Estados Unidos deja alrededor del mundo en todo, desde establecer las reglas del comercio y los estándares ambientales hasta el financiamiento de los proyectos de infraestructura.

Los conceptos que expuso Trump también fueron un retroceso en el liderazgo sobre el cambio climático en un tema que unificó a los aliados europeos, a la ascendente superpotencia en el Pacífico y hasta algunos de los adversarios, incluyendo Irán. Lo hizo, pese a las objeciones de gran parte de la comunidad empresarial de Estados Unidos y de su secretario de Estado, Rex W. Tillerson, quien abrazó el acuerdo de París cuando dirigía Exxon Mobil, menos por un sentido de responsabilidad moral que como parte del nuevo precio por hacer negocios en el mundo.

Al anunciar Trump su decisión, las metas del acuerdo de París fueron ratificadas por amigos y rivales por igual, incluyendo países donde tendría el mayor impacto, como China e India, así como en los principales estados de la Unión Europea y Rusia.

El anuncio surgió pocos días después de que Trump declinó dar a los aliados de la OTAN una firme ratificación del compromiso estadounidense con su seguridad, y algunos meses después de que abandonó la Asociación Transpacífica, que fue diseñada para poner a Estados Unidos en el centro de un grupo de comercio que competiría —algunos argumentan que contendría— con el poderío económico de China.

Trump argumentó de manera explícita que su discrepancia con el acuerdo de París es debido "a la masiva distribución de la riqueza de Estados Unidos a otros países".

"Nuestro retiro del acuerdo representa una ratificación de la soberanía estadounidense", dijo Trump.

Eso, en síntesis, muestra cómo la visión de Trump de preservar el poderío estadounidense difiere de todos sus antecesores desde el presidente Harry S. Truman. Los recortes que propone a las contribuciones a Naciones Unidas y a la ayuda exterior se fundamentan en la presunción de que solo cuenta el poderío económico y militar.

Deberán transcurrir varios años para determinar las consecuencias de su decisión de abandonar el acuerdo de París, tanto para el ambiente como para el orden global.

No quebrará las alianzas, pero Trump dejó claro a los líderes alrededor del mundo de que es hora de reordenar sus portafolios y vender algunas de las acciones que tienen en Washington.

La canciller de Alemania, Angela Merkel, ya anunció su plan de proteger su apuesta, al declarar que "se terminó el tiempo en el que podíamos depender de otros".

Es posible que el anuncio de Trump termine siendo un pequeño punto en la historia, una retirada que lleva tanto tiempo —cuatro años— que puede ser revertida después de la próxima elección presidencial en Estados Unidos. Por ahora, deja a Estados Unidos declarando que es mejor estar afuera del acuerdo, que en una posición que solo fue asumida también por Siria y Nicaragua.

La hora de China.

Pero, es el balance relativo de poder con China que absorbe a cualquiera que estudie el juego de las grandes potencias. Aún antes del anuncio de Trump, el presidente Xi Jinping ya sabía cómo abrazar la retórica, si no la sustancia, del liderazgo global.

Xi no es un campeón del libre comercio y su país ha superado a Estados Unidos como el mayor emisor de carbono. Hace solo tres años, fue un acuerdo entre Obama y Xi que estableció las bases de lo que se convirtió en el pacto de París.

Sin embargo, durante meses, el presidente chino estuvo en el centro de la escena, con discursos en el encuentro anual del Foro Económico Mundial en Davos, Suiza, que hizo parecer como si China por su cuenta estuviera lista para asumir el papel que tuvo Estados Unidos desde el final de la Segundo Guerra de Mundial, estableciendo los estándares globales.

Ese sentimiento fue evidente el jueves pasado, en Berlín. Pocas horas después de que habló Trump, el primer ministro de China, Li Keqiang, estuvo junto a Merkel y habló cuidando las palabras para describir a China como campeona del acuerdo.

China cree que combatir el cambio climático es "una responsabilidad internacional", dijo Li. Es el tipo de declaración que los diplomáticos de Estados Unidos hicieron durante años al señalar la necesidad de combatir el terrorismo, la proliferación nuclear o el hambre.

China ha visto desde hace tiempo la posibilidad de una asociación con Europa como una estrategia de equilibrio contra Estados Unidos. Ahora que Trump cuestiona los fundamentos de la OTAN, los chinos esperan que su asociación con Europa sobre el acuerdo contra el cambio climático pueda permitir que esa relación fructifique mucho más rápido de lo que imaginaron con su gran estrategia.

Los chinos usan su mayor arma: el dinero. Su plan "Un cinturón, una ruta" tiene por finalidad lograr influencia desde Etiopía hasta Gran Bretaña, desde Malasia hasta Hungría, mientras dan una nueva forma al orden económico global.

Xi anunció esa vasta iniciativa el mes pasado, y prevé gastar un billón de dólares en proyectos de infraestructura enormes a lo largo de África, Asia y Europa. Es un plan que tiene ecos del Plan Marshall y de otros esfuerzos estadounidenses de asistencia e inversiones, pero a una escala que no tiene antecedentes en la historia moderna. El mensaje resulta claro en que es hora de descartar las reglas de las envejecidas instituciones internacionales dominadas por Estados Unidos y realizar el comercio en los términos que China fija.

0,3 grados.

El retiro de Estados Unidos del acuerdo climático de París podría sumar 0,3 grados centígrados a las temperaturas globales hacia final de siglo en el peor de los casos, según Deon Terblanche, jefe del Departamento de Investigación Atmosférica y Medio Ambiente de la Organización Meteorológica Mundial de Naciones Unidas.

Cumbre Europa-China, una oportunidad perdida.

Europa y China perdieron ayer viernes una ocasión única para mostrar al mundo que pueden salvar el pacto del clima del golpe estadounidense. Tras ocho meses de negociaciones fructíferas y una ambiciosa declaración pactada, ambos bloques fueron incapaces de aprobar ese plan conjunto de apoyo al Acuerdo de París por divergencias en otros dosieres. Bruselas y Pekín habían preparado una cumbre bilateral cuyo principal logro era ese espaldarazo al pacto de París, con compromisos adicionales en desarrollo de energías renovables. Pero la agenda de la cumbre contenía otros asuntos más controvertidos. Europa se negó a prometer a China que la catalogará como economía de mercado (lo que impide a la UE adoptar medidas antidumping en caso de que el país adopte prácticas desleales). Así que todos los acuerdos —y en particular el del clima— se convirtieron en rehenes de esas rencillas. El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, el del Consejo Europeo, Donald Tusk, y el primer ministro chino, Li Keqiang, comparecieron ante la prensa con tres horas de retraso y sin decir una palabra del acuerdo contra el calentamiento global. Más tarde confirmaron que no se había rubricado. En público, los tres enviaron mensajes de reprobación a la actitud de Trump. "La decisión es un gran error, mayor que el de Kioto", enfatizó Tusk. EL PAÍS DE MADRID

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