Cómo mantener la unidad del país y a éste en la ue y abordar reclamos de Escocia

Cameron tiene retos en tres frentes

El primer ministro David Cameron, que logró una impactante e inesperada victoria en las elecciones realizadas el jueves pasado —conquistó la mayoría absoluta con 331 diputados en un Parlamento de 650 bancas, contra 232 del Partido Laborista, 56 del Partido Nacional Escocés (SNP), 8 del Partido Liberal Demócrata, 8 del DUP (unionistas norirlandeses), uno del UKIP (Partido de la Independencia, de extrema derecha) y 14 de otras fuerzas políticas.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Cameron y su señora Samantha son aplaudidos al llegar a la sede de gobierno.

Así el primer ministro inicia su segundo mandato enfrentando desafíos severos y hasta existenciales para la identidad y lugar en el mundo de su país: cómo mantener al Reino Unido en la Unión Europea y a Escocia dentro del Reino Unido.

Cameron conquistó el derecho a gobernar sin un socio de coalición, lo que le permite tener un mandato para aplicar su propio programa. Pero, su mayoría es tan estrecha como para obligarlo a tratar con cuidado a los legisladores rebeldes de su partido y abordar temas que pueden redefinir a Gran Bretaña en el siglo XXI.

Cameron deberá mantener a sus propias tropas alineadas. Además, la enorme victoria que logró el SNP, que conquistó 56 de las 59 bancas por Escocia, le da a éste una voz fuerte en el Parlamento y deja a Escocia como un Estado con un solo partido. La fuerza política triunfadora quiere la independencia de Escocia y considera incluir un nuevo referéndum al respecto en su programa para las elecciones regionales del próximo año. Escocia votó en contra de la independencia en septiembre de 2014, pero la votación del jueves dejó en claro que ese sueño sigue vivo entre los separatistas.

El viernes, frente a la residencia oficial, Cameron prometió "gobernar con respeto" y hacerlo "como el partido de una nación, un Reino Unido".

Pero, eso es más fácil decirlo que hacerlo, especialmente después de haber demonizado al SNP durante la campaña electoral. En esencia, Inglaterra y Escocia hoy no son una sola nación, sino dos, cada una dominada por un solo partido.

Hasta dónde Cameron podrá satisfacer a Escocia y mantener al país unido, resultará crucial para su legado.

Pero la suerte de Escocia también estará ligada a otro desafío central que enfrenta Cameron: la relación de Gran Bretaña con Europa. De manera reiterada, prometió que, si era reelegido, convocaría un referéndum sobre la continuación del país como miembro de la Unión Europea (UE), a fines de 2017, después de realizar esfuerzos para negociar "un mejor acuerdo" con Bruselas.

Si fracasa y Gran Bretaña vota para abandonar la UE —no parece probable, aunque es un riesgo significativo, aún más alto con un gobierno de mayoría conservadora— entonces la pro europea Escocia casi seguramente impulsará otro refréndum sobre su independencia, que en esas circunstancias podría triunfar.

La tarea de Cameron ante la UE no será sencilla, debido a que quiere modificaciones al sistema de libre circulación de personas y trabajadores, lo que requiere modificaciones al tratado, en un proceso largo y complicado. Hasta los cambios fuera del tratado deben ser aprobados por unanimidad de los 28 estados miembros. Con el mandato que obtuvo —y el significativo caudal de votos que logro el antieuropeo UKIP— sus colegas europeos como la canciller de Alemania, Angela Merkel no tendrán opción y deberán trabajar con Cameron para que Gran Bretaña siga siendo miembro.

Puede haber un voto estrecho.


David Cameron nunca ha sido popular con los backbenchers, los legisladores del Partido Conservador que no son designados para cargos de gobierno ni son voceros de la bancada. La línea económica del ministro George Osborne no es compartida por todos los conservadores y podría llevar a defecciones y votaciones estrechas en el Parlamento.

UN ESTADO MÁS PEQUEÑO.


Cumplirá la reducción del gasto.


Habrá otros elementos de tensión. El primer ministro David Cameron y su ministro de Economía, George Osborne, han establecido planes para la continuación de los recortes de gastos, con la finalidad de reducir el déficit presupuestal y la deuda nacional, prometiendo el equilibrio total del presupuesto para el final del nuevo período parlamentario, en 2020. Sin un socio de coalición, el Partido Conservador puede hacer, en términos generales, lo que le plazca, en la medida en que no sufra ninguna revuelta de parte de sus legisladores.

En función de lo que expone el manifiesto del Partido Conservador, los recortes deberán realizarse fuera de determinadas áreas protegidas como el Sistema Nacional de Salud, y serían por un monto de unas 30.000 millones de libras, que equivalen a US$ 49.000 millones. Osborne se guía por un principio thatcherista del valor de un Estado más pequeño, para liberar la capacidad emprendedora de las personas y empresas y alentar a quienes quieran trabajar a hacerlo. Los recortes podrían crear tensión política y hasta inquietud social. (THE NEW YORK TIMES).

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