JUICIO POLÍTICO A DILMA

Calles rojas y "verde-amarelhas"

Partidarios del “impeachment” y contrarios salieron a las calles de 25 estados y en el distrito federal.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Miles de brasileños siguieron la votación en la principal avenida de San Pablo. Foto: Reuters

Bajo el mismo cielo azul de Brasilia hay un mundo de diferencia entre los miles de manifestantes que esperaron con ansiedad el resultado de la votación de ayer domingo sobre el futuro de la presidenta de izquierda Dilma Rousseff.

A la división ideológica se suma una material, porque las autoridades montaron un muro de paneles metálicos de un kilómetro de extensión y dos metros de alto, a lo largo de la explanada de los ministerios, para mantener separadas las pasiones en un país más dividido que nunca desde el fin del régimen militar hace tres décadas.

Varias pantallas gigantes difundían los debates de los diputados desde el interior del Congreso. Manifestaciones similares se registraban en Río de Janeiro, San Pablo y otras ciudades, con decenas de miles de personas expectantes por el resultado de una votación que decidirá si Rousseff puede seguir en su cargo o hay motivos para abrirle un juicio de destitución en el Senado.

En Brasilia los ánimos están exaltados. Y los bandos divididos con colores y banderas distintas, haciendo oír cornetas, gritos y cantos de guerra donde nadie escucha a nadie, en un ambiente que por momentos evoca el de una final de fútbol.

Militantes.

A la izquierda, con el célebre edificio del Congreso y sus dos cúpulas al frente, los partidarios del gobierno, vestidos en su mayoría de rojo, ondean banderas del Partido de los Trabajadores (PT), de centrales sindicales y otros grupos sociales.

Con lemas como "No habrá golpe" o "en defensa de la democracia", esperan que esta noche la Cámara de Diputados rechace el impeachment contra Rousseff. La salida del poder del PT, después de 13 años, es una posibilidad que les da miedo. "No es una batalla fácil", reconoce Ednilson Sousa, un dirigente sindical de la construcción que llegó a Brasilia desde el estado de Bahia, en el noreste, para seguir la votación junto al Congreso en la explanada de los ministerios.

"Pero tenemos que estar aquí para defender lo que hemos logrado, para defender las elecciones de 2014, los 54 millones de votos que tuvimos, y evitar un golpe contra la democracia", agrega con convicción.

La profesora y militante comunista Vania Albuquerque es del estado de Pernambuco, también en el noreste, una de las regiones que más avanzó desde que Luiz Inácio Lula da Silva, antecesor y mentor de Rousseff, llegó al poder en 2003.

Dice que está preocupada, que tiene miedo "por todo lo que podemos perder".

"Por ejemplo: ya anduve muchas veces en bus, dormí en el suelo sin ninguna comodidad. Ahora volé en avión a Brasilia y me estoy quedando en un hotel. Y todo eso lo hemos logrado gracias a nuestra lucha. A la lucha del pueblo", afirmó.

"Yo no estoy acá ni por Dilma ni por Lula, sino por la democracia. Porque aun teniendo críticas contra el PT sería mucho lo que perderíamos, mucho el retroceso, muchos avances sociales se perderían", aseguró.

Indignados.

Al otro lado de este "Muro de Berlín", como fue bautizada popularmente la valla de separación, el ambiente es mucho más festivo. Hay enormes camiones de sonido y la multitud está optimista por los sondeos de prensa que muestran una tendencia a favor del impeachment.

"Fuera Dilma, Fuera PT", "¡Fuera petistas bolivarianos!", es lo que más se escucha entre los participantes, vestidos sin excepción de verde y amarillo, los colores de la bandera brasileña que se han convertido en emblema de los opositores.

Rosilene Oliveira, una desempleada de 58 años, quiere la salida de Rousseff para que el país se recupere, y la economía, hoy en recesión, vuelva a crecer. "El país está paralizado. Y si no se aprueba el impeachment seguirá así, sin avanzar. Este gobierno está hundiendo el país. Ya robaron todo lo que podían robar. Que se vayan, porque la salida de Dilma es un primer paso para que Brasil avance de una vez", sostiene.

El estudiante de Agronomía Daniel Quagleliato, de 27 años, es de São Paulo. Ha participado en todas las grandes manifestaciones contra el gobierno que comenzaron hace un año, poco después de la reelección de Rousseff en 2014.

Vigilia en Lisboa: a favor y en contra en las calles

Varias decenas de brasileños residentes en Portugal organizaron ayer una vigilia en Lisboa para manifestarse contra la destitución de la presidenta Dilma Rousseff, que se votó ayer en primera instancia en la Cámara de Diputados de Brasil. Otra protesta a favor de la caída de Rousseff se celebró también ayer en la capital lusa, aunque se desmovilizó antes y agregó un menor número de participantes.

"Independientemente de la lucha partidaria que hay en Brasil, de los intentos de dividir a los brasileños, nosotros creemos que el país no está dividido como lo pintan. Lo que defendemos es que se mantenga nuestra soberanía y se prosiga con el crecimiento", manifestó Igor DAngelis, uno de los organizadores de la protesta en favor de la permanencia de Rousseff en el poder. DAngelis, de 29 años y natural de Joao Pessoa (Paraíba), denunció que los partidos favorables a destituir a la actual presidenta tienen un plano oculto para entregar a intereses privados los recursos naturales de Brasil, como la explotación de petróleo en las costas del sureste del país.

"Si quieren que (Rousseff) salga, que esperen a 2018, que es cuando tocan elecciones", agregó el estudiante de un doctorado.

DAngelis y varias decenas de compatriotas se reunieron esta noche en un local del centro de Lisboa bajo el paraguas del movimiento que crearon hace un mes, "el Coletivo Andorinha - Frente Democrática Brasileira de Lisboa".

En la reunión, se siguió en directo los actos previos a la votación a través de emisiones de la televisión brasileña y se leyeron poemas en favor de la democracia. Portugal es uno de los países europeos con más brasileños residentes, con cerca de 100.000, según las estadísticas oficiales y profundos lazos históricos y culturales. [EFE]

Parlasur: diputado pide la cláusula democrática

Una sugerencia del diputado oficialista Daniel Caggiani (MPP), que es vicepresidente del Parlamento del Mercosur, para que Uruguay pida ahora la aplicación de la cláusula democrática del Mercosur y la Unasur por la decisión del Parlamento de Brasil con la presidenta Dilma Rousseff, fue rechazada desde la oposición, alguno de cuyos partidos ni siquiera la comentó.

En tanto, Esteban Valenti, del Frente Líber Seregni (FLS, astorismo) se preguntó si "ahora ¿vamos a echarlo del Mercosur como a Paraguay?", aludiendo a la situación promovida por los gobiernos luego del impeachment contra el expresidente Fernando Lugo.

Desde la oposición se pidió mantenerse al margen de la decisión y dejar que la democracia brasileña resuelva el problema de acuerdo con su legislación. El senador colorado José Amorín advirtió que ahora "hay que observar cómo se expresa una democracia en funcionamiento. El impeachment está previsto en la Constitución. Los diputados votaron con absoluta libertad. Tendrá que seguir el proceso y nosotros deberemos observar", insistió, al ser consultado por El País. "Pretendemos que todo el proceso sea dentro de la Constitución", acotó.

La propuesta de Caggiani "es un disparate", dijo Amorín. "Solo tendría sentido por cuestiones ideológicas". Actuar así "sería una intromisión en los problemas de otros países y por motivos ideológicos. Esta misma gente cuando por impeachment sacaron a (el expresidente brasileño Fernando) Collor de Melo les parecía que estaba bien. No se puede jugar con ideologías", pidió.

Quien no quiso comentar la propuesta de Caggiani fue el senador nacionalista Javier García. "Uruguay no debe meterse en lo que resuelva la democracia brasileña", insistió el legislador nacionalista ante la consulta de El País.

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