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Caída de viejos partidos y populistas en Francia

Macron surgirá de las legislativas con amplios poderes.

Ni derecha ni izquierda. Ni políticos tradicionales ni antisistema. La caída de los viejos partidos y de los populistas en la primera vuelta de las elecciones legislativas francesas el pasado domingo deja manos libres al joven presidente Emmanuel Macron para gobernar con amplios poderes. Los socialistas están al borde de la extinción. Los antiguos gaullistas, divididos. La ultraderecha del Frente Nacional puede quedarse sin grupo parlamentario. La izquierda alternativa de Jean-Luc Mélenchon, mejor situada, ocupará un lugar marginal. No hay oposición en Francia, y, si existe, será mínima y caótica.

Ya es un tópico referirse a las noches electorales en las que todos se proclamaban vencedores. En Francia, el domingo, solo había un vencedor, La República en Marcha del nuevo presidente, y cuatro derrotados que han visto cómo la ola Macron barría sus aspiraciones. Las proyecciones apuntan a que el movimiento de Macron sacará más de 400 diputados en la segunda vuelta, el próximo domingo 18. La desmovilización —una abstención récord— perjudicó al frente anti-Macron.

El aura de De Gaulle.

Metódicamente, con una combinación de suerte bien aprovechada e intuición estratégica, Macron ha procedido a la demolición del edifico de partidos de la V República. Paradójicamente, lo ha hecho preservando, incluso reforzando, los pilares institucionales.

Nunca desde François Mitterrand, presidente entre 1981 y 1995, la presidencia había irradiado el aura monárquica que le dio el fundador de la V República, el general De Gaulle, y que Macron quiere devolverle.

Pocos presidentes franceses habían usado con tanta habilidad la palanca de las elecciones presidenciales para obtener una mayoría aplastante en las legislativas. El rodillo parlamentario dejará poco espacio al debate. Y ahogará las voces disidentes en una marea de marchistas: diputados en gran parte novatos que deben su puesto al presidente.

Macron podría alcanzar el domingo una mayoría de 400 de los 577 escaños. Foto: Reuters
Macron podría alcanzar el domingo una mayoría de 400 de los 577 escaños. Foto: Reuters

Los derrotados.

Según el semanario Le Canard Enchaîné, Macron adelantó hace unos días a sus colaboradores que su éxito se explicaba por "el doble efecto de las presidenciales y el que se vayan todos (dégagisme, en francés)". Y añadió: "Todo lo que está revestido de las siglas de los viejos partidos está condenado".

"Tendremos muchos diputados, casi demasiados", reflexionó. "Tendremos que controlarlos de cerca para evitar el desorden".

Los primeros damnificados son los socialistas. Hasta ahora lideraban la mayoría en la Asamblea Nacional con 284 diputados.

No hay un único culpable. Podrían citarse las querellas, durante los años del presidente François Hollande, entre el ala izquierda y el ala centrista del PS. O unas primarias desgarradoras. O la pinza involuntaria entre Macron por la derecha y Mélenchon por la izquierda.

La derrota del izquierdista Benoît Hamon en las presidenciales fue un aviso. Las legislativas dejan fuera del parlamento a Hamon y al primer secretario del partido, Jean-Christophe Cambadélis. Agravan una crisis que dañará las finanzas del partido. Y puede abocarlo a la refundación o a la desaparición.

Los Republicanos no están, como el Partido Socialista, en el CTI, pero han quedado malheridos y, como los socialistas, sin líder. Tenían 226 diputados y el domingo pueden perder más de cien.

Tras el fallido quinquenio de Hollande, el regreso a los mandos de la derecha parecía un trámite. Las tribulaciones judiciales de François Fillon, su candidato a la presidencia, y la irresuelta fractura entre moderados y conservadores precipitaron la crisis.

Ahora se encuentran lejos de la mayoría, con algunas de sus figuras cooptadas por Macron —entre ellas, el primer ministro, Édouard Philippe— y divididos entre constructivos, dispuestos a cooperar con el presidente, y opositores, partidarios de la línea dura.

Podría haber ocurrido que, en una época de descontento con las élites, el vacío lo ocupasen movimientos alternativos con líderes fuertes. Pero el recelo hacia la Unión Europea, la mundialización, el capitalismo y al sistema en general no se traducen en un auge de Mélenchon. Le disputa al Partido Socialista el papel de primer partido de izquierdas, pero no será el principal grupo de oposición. Tampoco el ambiente de repliegue identitario y rechazo a los inmigrantes impulsa a Marine Le Pen, líder del Frente Nacional.

Mélenchon sacó un 19,6% de votos en la primera vuelta de las presidenciales, hace menos de dos meses. En las legislativas de este domingo, su partido, sumado a los comunistas, se conforma con un 13,7%. Marine Le Pen pasó a la segunda vuelta de las presidenciales y perdió con un 34% de votos. El domingo se quedó con un 13,2%. Le Pen quería ser la Donald Trump europea y quizá ni tenga grupo parlamentario a partir del próximo domingo.

Abstención: el doble entre los más jóvenes.

La abstención en la primera vuelta de las legislativas francesas, que según el instituto Ipsos alcanza el 51,2%, ha sido dos veces más fuerte entre los menores de 35 años (64%) que entre los mayores de 60 (35%). En cuanto al nivel de ingreso, no votó el 59% de los hogares con un ingreso mensual inferior a 1.250 euros. El 57% de los simpatizantes de la ultraderechista Marine Le Pen no votó, por encima de los seguidores del izquierdista Jean-Luc Mélenchon (53%), del socialista Benoît Hamon (53%) o del conservador François Fillon (38%).

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