ANÁLISIS

Brasil, un país "preso en el presente" y "en estado de espera" por el Lava Jato

Inestabilidad de Temer e incertidumbre sobre la candidatura de Lula.

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Contra Lula da Silva, festejos contra el fallo. Foto: Reuters

En solo 14 meses, en Brasil cayó una presidenta, su sucesor tambalea y Lula fue condenado a nueve años y medio de cárcel. En este tiempo de caos, los brasileños desconocen si irán a las urnas en 2018, si tendrán un presidente interino por seis meses o si el Congreso elegirá al próximo mandatario.

Lula es el primer exmandatario en recibir una condena por un delito común y Michel Temer es el primero en funciones en ser acusado con el mismo cargo. "Brasil está preso en el presente. No conseguimos imaginar el futuro porque no tenemos elementos suficientes para hacer un análisis coherente y determinar qué podría pasar a mediano plazo. Apenas conseguimos ver el corto plazo. Es como intentar prever el resultado de una guerra, no hay cómo hacerlo, hay que ver batalla por batalla", dijo el cientista político Everaldo Moraes, de la Universidad de Brasilia.

Ese día a día muestra a Temer contra la pared. Sucesor de Dilma Rousseff tras un proceso de impeachment, Temer fue acusado de recibir un soborno y ahora la Cámara de Diputados, con decenas de legisladores investigados, decidirá si envía el caso a la corte suprema o lo archiva.

Si el caso avanza y Temer pierde su cargo, Brasil habrá tenido tres presidentes en un año y medio. Entre tanto, muchas leyes y normas han sido reescritas al ritmo de los procesos político-jurídicos y de las conveniencias políticas mayoritarias. Y el gran motor de la agenda política ha sido y es la Operación Lava Jato, la investigación que reveló la cenagosa financiación de los partidos políticos y su relación tras bastidores con el poder económico. Desde que se desvendaron los desvíos de fondos públicos de la estatal Petrobras, Brasil se mueve "a golpes de Lava Jato", había dicho ya el expresidente Fernando Henrique Cardoso en la antesala del impeachment de Rousseff.

Para Moraes, la élite política se está debatiendo para adaptarse al nuevo juego. "Estaban acostumbrados históricamente a tener un blindaje y Lava Jato perforó ese blindaje (...) Desde el punto de vista político, ya todos fueron condenados por la opinión pública", señaló.

Con todas esas incertidumbres del presente, las elecciones de 2018 aparecen como un horizonte difuso. Lula es quizá la figura que mejor condensa el 2017 de Brasil: reúne el mayor apoyo y el mayor rechazo entre los precandidatos presidenciales. "Hay una necesidad de renovación, pero nadie sabe cómo hacerlo (...) la política está a la espera de lo que ocurra con Lava Jato, nuevas delaciones, pruebas, denuncias. Quedó en modo de espera", dijo Moraes. En base a AFP

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