LA BITÁCORA

Argentina sin límites

Que un joven manifestante desaparezca, es un hecho lo suficientemente oscuro y potencialmente trágico como para que la dirigencia lo tome con inmensa responsabilidad. No es eso lo que muestra la Argentina.

El clima político es tan tóxico, que hasta Santiago Maldonado es lanzado a "la grieta". Su desaparición tras una refriega con la Gendarmería, fue inmediatamente utilizada como munición propagandística de la oposición contra el gobierno.

Es tanta la ansiedad del kirchnerismo por usar el caso para alimentar la desorbitada tesis de que el macrismo es la continuación de la sangrienta dictadura que terminó hace más de treinta años, que genera la sensación de que Cristina Kirchner y los principales referentes de su fuerza política tienen el inconfesable deseo de que Maldonado no aparezca más, o que aparezca su cadáver con señales de haber sido asesinado por gendarmes, así pueden seguir usándolo en la descabellada teoría de que Macri es un Videla modelo siglo XXI.

Ese presunto deseo inconfesable del kirchnerismo se deduce de la alevosía con que el oscuro y potencialmente trágico suceso fue usado de inmediato como munición política. En estos días inquietantes, los argentinos escucharon barbaridades provenientes de ambas orillas de "la grieta".

Hebe de Bonafini llegó al extremo de afirmar que "no es lo mismo la desaparición de un militante", como Maldonado, que la desaparición de "un guardia-cárcel" como Julio López. Más allá de que el desaparecido en la era kirchnerista no era guardia-cárcel, que haga semejante distinción entre el valor de la vida, una persona que, se supone, está al frente de un "organismo de Derechos Humanos", es una muestra del desquicio conceptual y dirigencial argentino.

Pero también del otro lado de la grieta se escucharon barbaridades. Aunque no de manera tan masiva y sistemática como el uso del caso por parte del kirchnerismo, hubo dirigentes y comunicadores del anti-kirchnerismo que descalificaron a la víctima o se burlaron del asunto.

La prioridad debiera ser la aparición del joven manifestante. Y si aparece muerto, el esclarecimiento del crimen. Y si lo mató Gendarmería (aunque sea un caso de "gatillo fácil" y no un plan gubernamental de mano dura), el gobierno debería considerar renuncias en el ministerio responsable.

Mientras tanto, a quienes, desde una orilla o la otra, arrojan a Santiago Maldonado a "la grieta", la sociedad debiera percibirlos como buitres de la tragedia, movidos por un instinto político predador y repugnante.

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