ANÁLISIS

Un amargo ¿final?

Aunque la relación oficial entre Cuba y EE.UU. se mantiene de momento, la decisión de Washington de retirar a más de la mitad del personal de su embajada en La Habana supone el mayor varapalo hasta ahora en la reciente relación bilateral, y trae para los cubanos un regusto amargo sobre el futuro.

La noticia de ayer cubre de incertidumbre un futuro bilateral que la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca ya había comenzado a empañar.

Supone, además, una bofetada a la diplomacia cubana, uno de los orgullos de la isla, que ha insistido hasta la saciedad en que cumple escrupulosamente con la Convención de Viena respecto a la protección del personal diplomático destinado en su territorio.

"Es una mala noticia para el proceso de normalización", señaló a EFE el diplomático retirado y analista cubano Carlos Alzugaray.

Lo cierto es que los "ataques" sufridos por personal estadounidense abrieron un escenario sin precedentes en las relaciones, porque hechos tan graves como los denunciados por EE.UU. no se produjeron ni durante los peores momentos de las cinco décadas de enconado enfrentamiento que mantuvieron los dos países.

Si bien en los años de la Guerra Fría la presión sobre el escaso personal diplomático mutuo era común, no hay documentado ningún caso de daños físicos como los reportados por EE.UU. ahora, que según medios de ese país incluyen lesiones cerebrales traumáticas leves y pérdida de audición.

A la vez que anunciaba la reducción de su personal diplomático en Cuba, Washington suspendió indefinidamente la emisión de visados a cubanos en La Habana —podrán pedirlos en otros países—, y recomendó a sus nacionales no viajar a Cuba por motivos de seguridad, aunque reconoció que no se ha registrado ningún ataque a turistas de EE.UU.

Una advertencia de estas características supone un torpedo a la línea de flotación de la economía cubana, y muy especialmente del sector privado de la isla.

Solo entre enero y mayo de este año visitaron la isla 284.565 viajeros de ese país, una cifra que supera el total de visitantes estadounidenses en 2016, según datos oficiales.

Si el deshielo llevó la cara de Barack Obama, cada vez parece más claro que la reanudación de las tensiones estará marcada por la efigie de Trump.

En la isla, aún a pesar del interés en mantener las relaciones, no le perdonan el duro mensaje que envió en junio desde Miami ni los guiños al exilio anticastrista de La Florida. "La Administración Trump le ha hecho suficientes concesiones como para afectar las relaciones", sostuvo Alzugaray, aunque precisó que el hecho de que el poderoso senador cubanoamericano Marco Rubio haya considerado insuficientes las medidas anunciadas ayer, indica que "una vez más, los oponentes más recalcitrantes de la normalización no lograron su objetivo óptimo".

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