LA BITÁCORA

Ella bajó de sus altares

La sacerdotisa bajó del púlpito. Esa fue la mayor novedad del acto. Cristina vivió su propia reforma protestante y conciliar, rediseñando sus modelos de acto y de actuación.

En la iglesia preconciliar, el sacerdote se valía de la imponencia de los altares, ropajes y liturgias, para situarse por encima de los fieles, intimidándolos. Con la reforma protestante, una parte del cristianismo dejó la grandilocuencia arquitectónica por los templos sencillos, donde el pastor es un hombre común que viste y habla como el común de los hombres. El Concilio Vaticano II cuestionó la imponencia litúrgica que separaba al sacerdote de la feligresía, humanizando el rito. Desde el Edicto de Constantino hasta el concilio de Juan XXIII, la iglesia fue inspiradora de la propaganda que nutrió a las monarquías y también a los déspotas y a los totalitarismos. Sus escenificaciones se replicaban en las liturgias mesiánicas en las que el hombre masa quedaba obligado a la adoración del líder. Por eso los aparatos de propaganda diseñaban actos en los que el líder estaba sobre las masas. Así eran las liturgias "sigloventistas" de Cristina. Elevados escenarios o los balcones internos de la Casa Rosada, desde donde bendecía a los fanáticos que ingresaban a su catedral del poder. Más mundanos que sacerdotales, ergo más cercanos a la publicidad marketinera que a la propaganda "sigloventista", Macri y Massa siempre usan estrados situados casi al ras de la gente. Se desplazan por escolleras entre el público, para dar la sensación de que son uno más. También se hacen acompañar por esa "gente común", a la que acercan el micrófono para que cuente sus anhelos y desvelos. Ayer, Cristina bajó del púlpito donde siempre habló como interpelando dramáticamente a la historia. El dato más relevante del acto no fue que mantuviera en misterio su candidatura, sino ese descenso de los altos estrados; ese despojarse de mesianismo y monarquismo para parecerse a la gente de la multitud. Cristina jugó el mismo juego escenográfico que llevan tiempo jugando sus "enemigos" Massa y Macri. Tomó en cuenta que la soberbia y la egolatría son lujos que puede exhibir cuando reina en el poder, pero no en el llano. Para recuperar el poder, mejor copiar a los que se guían por gurúes de marketing y no por propagandistas políticos modelo siglo XX. Son demasiadas causas judiciales persiguiéndola, para seguir sin fueros ni poder. Para Cristina, el poder ya no es una ambición, sino una guarida.

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