LA BITÁCORA

ALBA en su crepúsculo

Solo un puñado de años atrás, las cumbres de los líderes bolivarianos encabezaban todos los diarios y colmaban espacios de radio y televisión. Eran exultantes, irradiaban vigor y ametrallaban de consignas al continente entero.

Pero la cumbre del domingo en Caracas lo que irradió fue aislamiento y debilidad. Los cuatro presidentes que estuvieron fueron la imagen de la soledad: Nicolás Maduro junto a sus invitados Raúl Castro, Evo Morales y Daniel Ortega. El mensaje que dejó la cumbre fue de un movimiento que pierde fuerza hasta volverse famélico.

Por un lado, faltaron presidentes cuyos gobiernos integran el ALBA. Por otro lado, dado que el domingo fue 5 de marzo, ergo se conmemoraba un aniversario de la muerte de Hugo Chávez, líderes que ya no gobiernan pero que fueron firmes aliados del exuberante líder caribeño, debieron estar y no estuvieron. Por caso Lula y Cristina Kirchner. Por los acosos judiciales que padecen, más graves en el caso de Cristina, a los dos expresidentes les habría convenido mostrarse rodeados de gobernantes supuestamente unidos por un mismo modelo socioeconómico. Ni siquiera estuvo Rafael Correa, que aún preside un Estado miembro del ALBA. Son ausencias reveladoras. Y la explicación no es que Donald Trump resulte intimidante, sino que la compañía de Maduro resulta calcinante. Reunirse con el presidente venezolano en Caracas incinera, en lugar de vigorizar la imagen de cualquier líder. Para el nicaragüense Ortega no es problema, porque acaba de iniciar un nuevo mandato; el castrismo no tiene que someterse a pruebas electorales y Evo Morales ostenta una lealtad a prueba de todo. Pero la verdad es que ni Ortega ni Morales tienen un modelo económico como el chavista.

Tampoco Correa hizo chavismo económico. Más allá de la excusa para justificar su ausencia, el ecuatoriano sabe que posar junto al responsable de la debacle económica venezolana y de que haya presos políticos en cárceles militares, pone en riesgo las chances de su candidato, Lenin Moreno, en el complicado balotaje que tiene por delante.

En síntesis, la postal de Caracas muestra que el ALBA parece convertirse velozmente en crepúsculo.

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