LA ENTREVISTA DEL DOMINGO

Washington Corallo: "El Uruguay no puede ser un gran Fondes"

El presidente de la Cámara de Industrias reclama “rápidas medidas de recuperación” para su sector que está estancado y “corre riesgo de quedar fuera de foco”.

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Washington Corallo, presidente de la Cámara de Industrias. Foto: Fernando Ponzetto.

Dice que el gobierno no está tomando las medidas con la rapidez que se requiere y que se busca “distribuir cuando la riqueza no está”. Afirma que “Uruguay no puede ser un gran Fondes”, que “existe una inmadurez sindical” que no se pone “la camiseta” de las empresas.

—¿Cómo le describiría a un extranjero el contexto actual para el sector?

—Para invertir hay beneficios que permiten tomar a Uruguay como punto de referencia, y a pesar de los problemas que tiene el Mercosur es un punto de acceso a dos mercados como Argentina y Brasil. Pero es importante que sepa que estamos muy mal en temas de competitividad y laborales.

—Se reunió con los ministros de Industria, Economía y con la OPP. Esta semana escribió en Twitter: "Seguimos insistiendo ¡Competitividad urgente! No más cierre de Industrias. Combustibles a precio real ¡Apoyemos País productivo!". ¿No es comprendido?

—En el Ministerio de Industria tenemos una muy buena relación, ella (N. de R: La ministra Carolina Cosse) comprende la problemática. Nos hemos reunido con (Danilo) Astori y le dejamos un documento con los problemas y medidas eventuales. Hemos hablado con (Álvaro) García para que se implemente el plan nacional de competitividad. Entendemos que el tipo de cambio es una variable que hay que mejorarla. También se habla de preparar gente, pero después que la formamos hay que lograr que se quede en el país y para eso hay que tener industrias que demanden y empresas que tengan acceso a los mercados. Creemos que hay un gran combo de cosas y que Uruguay no puede seguir creciendo de la mano del consumo interno. Hay que tener medidas rápidas de recuperación como rebaja de aportes patronales de forma parcial o que UTE no cobre el cargo fijo cuando la empresa está de licencia. Hoy vamos a un círculo vicioso porque si los que colaboran en mantener al Estado son las empresas y cada vez cierran más, lo que hacemos es que cada vez el Estado por concepto de esas empresas recaude menos o tenga que pagar más seguros de paro. No pretendemos recuperar la competitividad de un día para otro ni ser los más baratos del Mercosur, pero hoy Montevideo es la ciudad más cara de América Latina. Y en un mundo que va a cambiar drásticamente en los próximos diez años, la industria uruguaya corre riesgo de quedar fuera de foco.

—¿El gobierno no lo ve?

—Creemos que el gobierno lo ve, pero no está tomando las decisiones al ritmo que necesitamos. Los empresarios están muy pesimistas. Hablamos que la economía uruguaya creció, pero la industria hace cuatro años que está planchada. En los últimos dos años perdimos 20.000 puestos de trabajo. Entonces educamos, entrenamos y después no garantizamos un trabajo y expulsamos. El 60% de los universitarios piensa irse del país y eso no es bueno.

—¿El cierre de Fanapel acentúa el proceso de desindustrialización o puede revertirse?

—Fanapel no cierra, puede dejar de fabricar y dedicarse a importar como han hecho muchas industrias. Son empresas que tenían 100 o 200 personas y ahora trabajan con 10 y siguen prestando el servicio, mandan a fabricar con su marca. Porque la necesidad tiene cara de hereje. Nadie va a dejar de tener una empresa para perder y fundirse.

—¿Cuánto cayó el número de industrias?

—Antes del Mercosur Uruguay tenía cerca de 30.000 industrias y hoy estamos entre las 12.000 y 14.000 industrias. Este no es un fenómeno ajeno al mundo donde las industrias han ido mutando, se han hecho asociaciones, fusiones. El problema es que en otras partes esos acuerdos sirven para potenciar la demanda y en Uruguay estamos asistiendo más a empresas que después no pueden ser recuperadas. El Uruguay no puede ser un gran Fondes. Hay que pensar que tiene que haber empresas, empresarios, gente dispuesta a invertir y a arriesgar, y en el mundo moderno cuando ven que otros países les dan mejores condiciones se van. Uruguay está pagando los combustibles más caros de la región y no podemos permitir que nuestras empresas compitan en las mismas condiciones con empresas brasileñas o argentinas. Hay que atenuar asimetrías.

—¿A qué se refiere con que el Uruguay no puede ser un gran Fondes?

—A veces se piensa que las empresas se cierran y después las gestiona el Fondes y cuando las empresas cierran algunos dicen que era porque eran malos empresarios. Puede haberlos, pero hay muchos empresarios buenos. A veces se piensa que el Fondes y una gran cooperativa es la solución y no es la solución, porque si un grupo industrial preparado y capacitado no logró hacer marchar una fábrica con todos los accesos a los mercados, mal podemos pensar que todas las empresas, y sobran los ejemplos, van a pasar a manos de trabajadores y les va a ir bien.

—El gobierno dijo que se buscarían soluciones en el caso de Juan Lacaze. ¿Cree que se reacciona tarde?

—Claro. Se habló de darle una rebaja de energía a Fanapel. ¿Y por qué se la vamos a dar a Fanapel? Porque así como está Juan Lacaze está Tarariras, y otras industrias en La Paz, Las Piedras, Pando, Montevideo, Paysandú, Artigas y Salto que están con problemas. Cuando uno ve que la economía en algunos sectores está fallando y esos sectores son parte fundamental para la industria, lo que se busca en otros gobiernos es hacer un esfuerzo y controlar el gasto. Está bárbaro no poner más impuestos, pero hay que generar medidas para que se pueda generar utilidades para reinvertir. Así es como el gobierno se garantiza el efecto derrame y que la distribución de la riqueza se dé, pero no se puede distribuir lo que no se produce. A veces acá vemos que se quiere distribuir cuando la riqueza no está. En las empresas la plata no sale de los árboles, la sacan de la actividad y si la actividad cae la empresa tiene problemas. Tendría que haber un sistema en los Consejos de Salarios que funcione de acuerdo a la actividad de la empresa, como hicieron en Alemania en época de crisis que estuvo siete años sin subir sus sueldos y así logró salir de los problemas. Por supuesto que es un país con una política industrial muy amplia y poderosa. Uruguay no va a poder ser Alemania.

—En eso inciden los sindicatos.

—Entiendo que en un mundo moderno viendo los problemas que hay cualquiera toma medidas sin pensar que después está ayudando al cierre de la empresa. La queja es que nuestro diálogo sea bipartito y el gobierno fije los salarios mínimos y que las empresas en función de sus trabajadores adecuen sus cargas salariales. El 85% de la industria en Uruguay es pequeña y mediana empresa y a veces tiene que aceptar condiciones que son pactadas para grandes empresas que realmente no tienen condiciones de cumplir. Firman porque no tienen más remedio y después vemos lo que pasa: gente al seguro de paro, empresas que cierran, porque la capacidad de competir no se da y por salir de un problema firman. Independientemente de la negociación colectiva tiene que haber sentido común. Ya no se ve el viejo concepto que los trabajadores se ponían la camiseta. Hoy hay actores sindicales que tienen madurez, pero en la mayoría de los casos existe una inmadurez sindical, y se busca y se busca, se aprieta. No importa que la construcción tenía 70.000 u 80.000 contribuyentes y hoy tiene 45.000, siguen pidiendo cosas en lugar de abaratar los costos de la construcción para ser más eficientes.

—¿Es viable levantar la queja ante la OIT?

—La queja son ocho puntos referidos a la negociación y además está la queja porque la ocupación sea un derecho extendido de la huelga. Dimos 720 días de plazo, no 100 como se le da a los gobiernos. Hoy es función y resorte del gobierno tratar de que se cumpla y se presente en el Parlamento un proyecto para corregir una ley que está apoyada por la OIT. Uruguay es de los principales firmantes y nos preocupa cuando 99 convenios están bien y el único que pedimos nosotros está mal. La balanza tiene que estar equilibrada para los dos sectores y no vemos que sea así.

—Se publicó un decreto antipiquetes que estaría dirigido para los empresarios. ¿Cómo lo ve?

—Lo curioso de este decreto es que no convence a nadie. No creo que sea la solución. La solución pasa por el sentido común y el diálogo entre las partes. Creo que es algo que tenemos que analizar porque no ganamos nada destruyéndonos el aparato productivo del país entre todos. Siempre vemos que estamos tensos, en estado de crispación.

—Se prevé que este año la economía comience a afianzar el repunte del año pasado. ¿Qué pasará en la industria?

—Hoy estamos con 55% en algunos casos y en algunas ramas 60% que están con problemas. Si bien hemos caído menos que en otros años, si no crecemos a la larga eso es un gran problema. A veces algunos dicen que se les da muchos beneficios a inversiones del exterior como UPM, pero señores, si no damos promoción a inversiones no se instalan las industrias y hoy el desempleo sería del 15%, y eso no lo arregla el Pit-Cnt ni los sectores radicales, eso se arregla con inteligencia y sentido común. Tienen beneficio, pero solo si ganan dinero.

—Hay empresarios que han criticado que se beneficie a UPM y no a otras empresas. Incluso que el gobierno se aboque a solucionar temas estructurales como infraestructura a raíz de esto.

—No hay duda que la única inversión que tiene Uruguay es UPM. Si hubiera una persona con US$ 300 millones que quiere invertir y pedir una zona fiscal, tiene derecho. Lo que pasa es que no es lo mismo una multinacional que tiene acceso a los mercados que una empresa uruguaya que está buscando. Lo bueno es que se le dé a todas las personas que quieran invertir costos razonables. Hay que darle trabajo al Uruguay y no de mala calidad.

"La empresa va a morir conmigo".

—Su empresa de vidriería, Vicry, cumple 100 años. ¿Es un bicho raro entre los que sobreviven?

—Yo no hablo de mi empresa, es un tema pasional interno de cada uno. Es un orgullo que tenemos. Lamentablemente ninguno de mis cuatro hijos trabaja conmigo ni va a trabajar. Justamente la empresa va a morir conmigo. Es triste pero no hay un ambiente, mis hijos son todos millenials, y todos están trabajando por la suya y no quieren sufrir los problemas que vivimos día a día nosotros. Estamos haciendo una transición. Tengo tres hijas mujeres y un varón, tengo nietos y realmente no les interesa. Yo sigo hasta que mi fuerza me dé porque es lo que sé hacer y lo que hice toda la vida, lo que me enseñó mi padre y mi abuelo que es la cultura del trabajo verdadera. Mi padre me puso a trabajar a los 13 años, me enseñó cuál era el concepto del trabajo y cómo era trabajar yo mismo con los recursos humanos y a la par de ellos; creamos un entorno, por eso en nuestra empresa a pesar de algún avatar que hemos tenido, mantenemos una relación laboral razonable y coherente porque sabemos dialogar con la gente salvando la dignidad de cada uno.

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