Fuerte operativo policial se desplegó para entregarle una citación judicial

Volvió Amodio, dio su versión sobre la guerrilla y la Justicia Penal lo intima a declarar

Nervioso, desmemoriado y por momentos emocionado, Héctor Amodio Pérez —el traidor según la versión oficial de los exguerrilleros del Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros (MLN-T)—, regresó a Uruguay por primera vez en cuarenta años con su verdadero nombre para presentar el libro en el que cuenta su versión de los hechos.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Dijo que no se hace cargo de ninguna acusación de sus excompañeros. Foto: F.Ponzetto.

A la conferencia de prensa no asistió uno solo de sus excompañeros. En dos horas y media, entre idas y vueltas, ofreció su relato y respondió a las preguntas y confrontaciones esperables. Sin embargo, Amodio no previó que al salir de esa sala lo esperaban cuatro hombres en la puerta de su habitación para detenerlo.

Amodio está involucrado en un expediente iniciado en el Juzgado Penal de 11° turno en 2011. El exjuez Federico Álvarez Petraglia es el abogado de 28 mujeres que denuncian haber sido víctimas de abuso en la dictadura. Por esta causa declararon dos militares. Uno de ellos, Asencio Lucero, reconoció el abuso, y dijo que Amodio le había dado información sobre sus compañeros mientras estaba preso en el Batallón Florida, en 1972.

Luego Amodio fue trasladado a Caballería y allí tomó contacto con el mayor Orosmán Pereira. "Amodio Pérez ayudó muchísimo a detener personas", declaró Pereira ante la jueza Julia Staricco.

Tras esas declaraciones, Álvarez Petraglia analizó presentar una denuncia penal contra Amodio. En tanto, el fiscal Carlos Negro, que tomó contacto con el expediente como fiscal subrogante en diciembre de 2014, pidió el procesamiento de Lucero y mandó citar a declarar a Amodio, a su pareja la extupamara Alicia Rey, y al coronel retirado Manuel Cordero. Hasta ahora, Staricco no se ha expedido al respecto.

Según fuentes judiciales, Amodio podría ser procesado como coautor de detenciones ilegales y por su responsabilidad al suministrar información para detener a personas que luego fueron torturadas.

En la tarde, en entrevista con El País (ver páginas siguientes), se consultó a Amodio sobre esto. "¿Está dispuesto a decir lo que sabe en las causas sobre derechos humanos?", se le preguntó. "¿Qué hizo la Justicia uruguaya por Amodio Pérez? Alguien salió a decir que fui obligado a irme por una acusación falsa. ¿O yo tenía la obligación de quedarme para que me cepillaran mis compañeros? ¿La Justicia me da garantías?", respondió. Cuando se le hizo notar que corre el 2015, contestó: "¿Ahora la Justicia funciona? Un tal Álvarez Petraglia me quiere poner una denuncia. Que lo haga. Si voy al juzgado tal vez resolvemos otra gran mentira que es que yo estuve en Madrid viviendo con Miguel Sofía (integrante del escuadrón de la muerte). Una gran mentira, como otras que se han dicho. Yo me fui a España a trabajar".

Anoche, Amodio acordó con la Policía que pasaría la noche en el hotel Sheraton y que iría a declarar en las primeras horas de la mañana de hoy, previo a partir de regreso a Madrid.

El pasado a cuestas.

A la conferencia en el piso 25 del hotel Sheraton llegó muy serio y abrazado de una decena de libros a cuestas. Se sentó y se tomó un minuto para analizar en silencio cada una de las caras de los 80 periodistas que lo escucharían. En los libros había marcado todos los fragmentos y las citas en las que los historiadores y periodistas, según él, mintieron o erraron, fiados de los engañosos relatos de compañeros suyos a los que apuntó con nombre y apellido: José Mujica, Eleuterio Fernández Huidobro, Raúl Sendic (padre), Mauricio Rosencof.

Primero se disculpó porque llevaba "36 horas sin dormir" y por "la emoción del momento". Aseguró que era una instancia "muy importante" para él. Del bolsillo de su camisa gris a cuadros, la que llevaba sobre una remera roja con el cuello desgastado, sacó un pañuelo marrón para secarse la frente. Se mostró pelado a cero, distinto a la foto de la portada del libro Palabra de Amodio. La historia de los Tupamaros, de Jorge L. Marius.

Sin embargo, no se quebró. Durante los primeros 45 minutos deambuló en un relato desordenado y sin rumbo, mientras acariciaba la copa de agua en un gesto errante, revisaba entre sus notas y pedía disculpas por los olvidos. La voz y las manos le temblaban. En un momento confesó que no sabía cómo seguir y un periodista le aconsejó pasar a las preguntas.

Entonces se mostró más seguro e intentó argumentar lo que vino a decir tantos años después: que él no fue el traidor que pintaron sus excompañeros. Lo acusaron de haber delatado a quienes ya estaban detenidos cuando él cayó, dijo. Insistió con lo que viene afirmando desde que reapareció, en 2013: él no fue quien entregó la cárcel del pueblo.

Para Amodio, la guerrilla cayó, por un lado, porque no tenía armamento para poder llevar adelante el ambicioso plan de hacerse con el poder, pero también por los problemas personales que se daban entre los miembros del MLN. Algunos de ellos debido a "las relaciones entre amigos y parejas de guerrilleros. De Sendic, el padre del hoy vicepresidente, a quien se refirió como "el jefe máximo", era el único que tenía "cama caliente", en el sentido de que se le permitía tener "múltiples relaciones" con las mujeres de la guerrilla.

Contradictorio, dijo que Mujica era "honrado pero no honesto", ya que, sostuvo, se había servido de una versión de la historia reciente para crear "su personaje". Pero al mismo tiempo, reconoció que en su casa tiene una foto de Mujica festejando la presidencia. Y después señaló que el Frente Amplio necesitaba una renovación, que se debía terminar con la camada de "viejos carcamanes".

Muchos de los periodistas que estaban allí no tomaron en serio sus palabras. Mientras hablaba se reían, comentaban por lo bajo, lo miraban como a un mentiroso. "Hay militares que apuntaron contra usted", dijo un periodista. "¿Cuáles?", replicó él. Otro intercedió y le dijo que el propio José Gavazzo lo había nombrado. Él afirmó que no era verdad, pero reconoció que a Gavazzo lo conocía desde niño. "Remontábamos cometas cuando éramos chicos", contó.

Se ampara en que ya no se llama Héctor Amodio Pérez.

Anoche, cerca de las 22 horas, llegó al Sheraton un furgón policial del Grupo de Reserva Táctica del cual bajaron cuatro hombres vestidos de civiles. Amodio estaba en la habitación 11 del piso 24 acompañado de sus custodios y su esposa. Federico Leicht, historiador a cargo de la edición del libro, contó que Amodio dijo "yo no soy Amodio Pérez", aludiendo a que su nombre en España es Gustavo Silva, por lo que entiende que no podría ser detenido.

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