Testimonio de una víctima de violencia doméstica

"Estoy viva gracias a mi héroe"

Un hombre apareció y la salvó cuando su esposo estaba por matarla.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Mabel S. presintió que su marido la iba a matar en un descampado. Foto: A. Colmegna

Mabel S., una mucama de hotel de 53 años, se tiró tres veces del taxi de su marido porque sabía que él iba a matarla. Pese a que estaba cubierta de sangre por los puntazos y cortes que le dio su pareja, nadie la ayudó en sus desesperados intentos por salvar su vida. Finalmente, cuando ya estaba resignada, fue salvada por un trabajador de la empresa Cudam, Luis Figueroa. Su esposo la había llevado en el taxi que manejaba hasta un camino vecinal sin salida ubicado en las afueras de Montevideo. En una mano, el taxista llevaba una cuchilla grande de cocina que aún tenía el ticket del precio.

"Él (por Figueroa) es mi héroe. Estoy viva gracias a él. Mi marido me dijo que me iba a matar, luego iba a hacer unas cositas y a las tres de la mañana se fugaba a Brasil", narró Mabel a El País.

Entre las 17:00 y las 18:00 horas del martes 19, el hombre subió por la fuerza a su esposa al vehículo que manejaba y la llevó hacia Punta de Rieles.

Mabel trataba de tranquilizar a su pareja para que no acelerara el auto. En la Usina de Felipe Cardoso, donde se depositan los residuos de Montevideo, Mabel se tiró por primera vez del taxi. "Me paré frente a un camión. Le hice señas que se detuviera. Mi marido me cortó el rostro con una cuchilla. Con la otra mano lo arañé. Él empuñó el arma para apuñalarme. Ahí me di cuenta que de verdad quería matarme", relató.

Pero el camión de residuos no se detuvo. El hombre agarró a Mabel y por la fuerza la llevó otra vez al taxi.

Dentro del vehículo, el taxista le limpió la herida con una campera. La sangre manaba de la mejilla. "Te corre la sangre, nena", le dijo el taxista.

Aquel hombre era ahora un desconocido para Mabel. Ella había sido su amiga en la infancia. Después de no verse durante muchos años, se reencontraron y hacía dos años que vivían juntos.

Después del incidente en la Usina de Felipe Cardoso, Mabel trató de armar una estrategia para afrontar la difícil situación. "Mirá lo que nos hicimos. Vamos a casa a curarnos o vamos a un doctor", le dijo la mujer a su esposo. El hombre replicó: "Yo te voy a matar. Escribí una carta a tus hijos si querés".

El taxi circulaba a alta velocidad por Camino Felipe Cardoso. Al llegar a la cárcel de Punta de Rieles, Mabel vio que había mucha gente. "Alguien me va a ayudar", pensó.

Antes de doblar hacia Camino Punta de Rieles, el taxista disminuyó la velocidad. Mabel se tiró del auto. Su marido paró. Mabel gritó pero nadie se movió para defenderla. Sus piernas chorreaban sangre de las heridas provocadas por la caída.

El taxista la subió otra vez al vehículo. Dentro, ambos lucharon por la cuchilla. El hombre tomó el arma blanca y le acertó un puntazo en el cuello, a centímetros de la yugular.

Ese puntazo le dolió a Mabel. Dijo que fue lo más doloroso que sufrió en todo el episodio. "Sentía que él me iba a matar y que nadie se enteraría. Mi marido me estaba llevando a zonas cada vez más descampadas y que yo no conocía", contó la mujer a El País.

Mabel también temió por la vida de su hijo, de 30 años, que vive con ella. Interpretó que, cuando su pareja dijo que tenía que hacer "algunas cositas" antes de fugarse, se refería a la muerte de su hijo.

Aparece el héroe.

El taxista circulaba a toda velocidad por Camino Punta de Rieles. Mabel vio a un hombre en un tractor y se tiró por tercera vez. Corrió hacia el hombre y pidió ayuda. "¡Mi marido me quiere matar!", exclamó con el rostro y piernas ensangrentadas. El taxista reaccionó: "Flaco, no te metas o te mato. Son cosas de matrimonio". Luego tomó de los cabellos a Mabel y la arrastró al taxi.

Mabel pensaba que tenía que agarrar una piedra de punta o un alambre para defenderse. Le dijo al taxista que tenía que orinar. Como su esposo era muy celoso, le dijo que tenía que ponerse delante para que nadie viera.

Detuvo el taxi y se bajaron. En ese momento Mabel vio que se acercaba un auto blanco. El vehículo era conducido por Figueroa, quien afiliaba a trabajadores en la obra de la nueva cárcel y había observado cuando Mabel se tiró del taxi.

"¡No pasa nada, flaco!", le gritó el taxista.

Por la espalda y mediante señas, Mabel le dio a entender a Figueroa que su esposo quería matarla. El hombre vio que la mujer tenía varias heridas en el rostro. Antes de bajarse del auto, pensó que el hombre lo iba a matar.

A 50 metros, un motociclista que también estaba en la obra de la cárcel, era testigo de lo que ocurría. No se acercó porque temió que el taxista estuviera armado con un revólver.

"Yo tengo mujer e hijas. La señora se va conmigo. Si fuera al revés, vos quizás actuarías igual que yo", le dijo Figueroa al taxista mientras se bajaba del auto dispuesto a enfrentarse con agresor. En ese momento, Mabel pensó que su esposo la mataría a ella y también a "este señor que nada tenía que ver".

Sin embargo, el taxista no reaccionó; solo caminó hacia su vehículo. Rápidamente, Figueroa hizo que Mabel subiera a su auto y emprendieron la huida. El taxista los siguió durante unos kilómetros. Luego dobló por Camino Felipe Cardoso y se perdió de vista.

Mabel y Figueroa llamaron al Servicio 911 durante 10 minutos y luego decidieron concurrir a la Seccional 25ª de Punta de Rieles a presentar la denuncia.

El taxista dejó el auto tirado. Durante una semana trabajó sin problemas en otro vehículo. Como tenía antecedentes por rapiña, el jueves 28 fue procesado con prisión por violencia doméstica. Mabel dijo que nunca lo había denunciado por las anteriores golpizas. "Pensaba que todo se iba arreglar. Yo estaba tan enferma como él", reconoce ahora la mujer.

TESTIMONIO DE LA VÍCTIMA.

Mabel: "Uno piensa que esto solo pasa en la televisión".

Días después de ser salvada, declarar en la Policía y en la sede penal y pasar a forense, Mabel S. se encontraba en su casa cuando sonó el celular. Vio que se trataba de un número de teléfono de base. Atendió. Era su esposo. "Mabel, yo no te hice nada", le dijo el hombre. Mabel le respondió que sí. "Me cortaste el rostro con la cuchilla, luego me diste un puntazo en el cuello. La médica forense me dijo que estuvo cerca de la yugular", señaló la víctima. El hombre le dijo: "Te pido perdón, pero no levantes la denuncia". Mabel le dijo que la denuncia se mantenía. El hombre le pidió para verse. Mabel colgó el teléfono. Fue a la Seccional 4ª (Tres Cruces) y mostró el número de teléfono. La Policía lo detuvo. Mabel recordó que, con su esposo, vivía tres días buenos y luego tres días malos porque él consumía drogas. "Después que me golpeaba, él me decía que no me pediría perdón. Porque solo los golpeadores piden perdón a sus mujeres al otro día. Después de seis meses maravillosos, las agresiones fueron verbales y luego siguieron los golpes", explicó. Enseguida agregó: "Uno sufre de violencia doméstica y ve en los informativos otros casos. Y piensa que eso solo pasa en la tele".

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