VEA EL MAPA

Viejos enemigos y dos nuevos amigos se verán las caras en Montevideo

El futuro presidente Tabaré Vázquez tendrá reuniones bilaterales con Joe Biden, Nicolás Maduro y Raúl Castro.

Los presidentes de Cuba, Raúl Castro, de Nicaragua, Daniel Ortega, de Venezuela, Nicolás Maduro, de Chile, Michelle Bachelet, de Paraguay, Horacio Cartes, de Ecuador, Rafael Correa, y de Brasil, Dilma Rousseff; el vicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden, el rey Juan Carlos de España, el ministro de Seguridad Pública de Israel, Yitzhak Aharonovitch, Jean Pierre Bel, alto representante del presidente francés François Hollande para América Latina, el canciller de Palestina Ryad Al Malki y el vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera, entre otros, confirmaron su asistencia, el próximo domingo, a la investidura del nuevo presidente de Uruguay, Tabaré Vázquez.

El futuro presidente tendrá reuniones bilaterales con Biden, Maduro y Castro. No está claro todavía cómo estarán conformadas las delegaciones de otros países como Ecuador, Perú, Colombia y México. La simple enumeración de algunos de los asistentes muestra que en Montevideo coincidirán representantes de países enemistados desde hace mucho tiempo, aunque también se encontrarán delegados de estados que han comenzado un trabajoso procesamiento de acercamiento; el caso más notorio es el de Cuba y Estados Unidos.

El acercamiento entre estos dos países fue uno de los acontecimientos que más sorprendieron de 2014. Durante más de medio siglo las relaciones entre ambos estuvieron formalmente interrumpidas, luego del triunfo en 1959 de la revolución encabezada por Fidel Castro que derrocó a Fulgencio Batista.

El embargo económico dispuesto por Estados Unidos vigente desde 1960 y acentuado en 1992 durante el gobierno del presidente Bill Clinton, no impidió que se mantuviera un vínculo comercial importante. En diciembre de 2013 tuvo lugar un encuentro histórico, en ocasión de los funerales del líder sudafricano Nelson Mandela. Allí cruzaron un breve saludo el presidente Barack Obama y el cubano Raúl Castro.

Muy poco después se iniciarían conversaciones reservadas que terminarían cristalizando el 17 de diciembre de 2014, cuando ambos hicieron público el anuncio del inicio de un proceso de normalización de las relaciones que debería conducir al fin del embargo (aunque ese paso requeriría la aprobación del Congreso estadounidense). Las conversaciones formales se reanudarán el próximo 27 de febrero, apenas dos días antes de que Raúl Castro y ahora el vicepresidente Joe Biden vuelvan a cruzarse en un acto oficial, esta vez en la asunción del presidente Vázquez.

Viejos conflictos.

En el otro extremo, coincidirán en Montevideo funcionarios de dos países que lejos están de reconciliarse: Israel e Irán. El líder máximo de la República Islámica de Irán, el ayatolá Khameini insiste hasta hoy en "borrar" del mapa al estado judío. Irán está negociando su plan de producción de energía nuclear con el llamado G5+1 (Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Rusia y China más Alemania) que pretende que el país asiático no tenga capacidad de producir armas nucleares.

Israel se ha opuesto sistemáticamente a toda forma de acuerdo con Irán, ya que aduce que miente a los países occidentales respecto de sus verdaderas intenciones. Israel sostiene que Irán está detrás del atentado contra la organización mutual judía AMIA de Buenos Aires en el que murieron 85 personas el 18 de julio de 1994. El atentado no ha sido esclarecido. Alberto Nisman, fiscal que investigaba el ataque, apareció muerto en su apartamento de Buenos Aires el mes pasado.

También coincidirán en Montevideo con la delegación israelí delegados de la Autoridad Nacional Palestina. Ambas partes mantienen el conflicto más antiguo y para el cual no parece haber salida a la vista. La Organización de las Naciones Unidas ha recomendado la reanudación del diálogo, pero este no se ha retomado todavía. Entre tanto, el presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmoud Abbas, lleva adelante una campaña internacional en busca de apoyo para el reconocimiento del estado palestino, aunque desde la ONU se le ha advertido que debe volver al diálogo para llegar a un reconocimiento de dicho estado.

Las tensiones llegaron a su mayor pico entre junio y agosto del año pasado con un nuevo conflicto en la franja de Gaza, donde el ejército israelí se enfrentó con las milicias de Hamas y la Yihad Islámica. Tras la finalización del conflicto, Hamas ha planteado a Hezbolá, que opera en Líbano, una alianza para derrotar a Israel. El presidente José Mujica criticó el año pasado duramente las acciones israelíes en Gaza a las que incluso calificó de "genocidio", lo cual generó la molestia de Israel y la colectividad judía local. Vázquez procurará mejorar las relaciones con Israel. De hecho, el gobierno israelí felicitó a Vázquez tras su elección. El gobierno de Mujica abrió una embajada ante la Autoridad Nacional Palestina.

América del Sur.

Otro conflicto también de larga data pero sudamericano es el que distancia a Chile con Perú y Bolivia desde la guerra que enfrentó al país trasandino con los otros dos entre 1879 y 1883, la llamada "Guerra del Pacífico". En el caso del diferendo entre Chile y Perú la Corte Internacional de La Haya falló el año pasado y modificó los límites sobre la plataforma marítima. Sin embargo, las relaciones continúan siendo tensas, como atestigua un reciente episodio en el que las autoridades de Lima detuvieron a tres oficiales de la Marina peruana acusados de espiar para Chile, acusación que La Moneda (sede del gobierno chileno) ha rechazado enfáticamente.

Por otra parte, las relaciones entre la República de Chile y el Estado Plurinacional de Bolivia pasan por su momento más ríspido de los últimos años. Ambos países mantienen solo relaciones consulares desde 1978. Pero los reclamos bolivianos por una salida soberana al océano Pacífico fueron retomados con particular vigor por parte del presidente Evo Morales, desde antes de que asumiera su segundo mandato la mandataria chilena Michelle Bachelet. Chile ha desestimado sistemáticamente el reclamo que data de la disputa territorial de fines del siglo XIX.

Otras relaciones bilaterales particularmente álgidas son las de Estados Unidas y Venezuela, "congeladas" desde hace varios años. En 2002, ya con el presidente Hugo Chávez en el poder, Caracas comenzó a acusar a Washington de propiciar hostilidades en su contra e intentos de desestabilización. La situación alcanzó su clímax en 2006, cuando Chávez dispuso la expulsión de un agregado militar de la Embajada de Estados Unidos por supuesta participación en una conspiración. Desde 2010 ambos países redujeron las respectivas misiones diplomáticas. Pero el momento más tenso de las relaciones comenzó durante el mandato de Nicolás Maduro. Tras la represión de las protestas iniciadas en febrero de 2014, que dejó un saldo de 43 muertos y cientos de heridos, así como centenares de presos políticos, entre ellos el líder opositor Leopoldo López, Estados Unidos inició un proceso de sanciones a funcionarios de alto rango del chavismo.

Esas sanciones consisten en la suspensión de las visas a esos funcionarios y la congelación de sus cuentas bancarias y bienes en territorio estadounidense. Maduro acusa al vicepresidente Joe Biden de armar una conspiración para derrocarlo, la misma por la que fue detenido en su oficina hace cinco días al alcalde metropolitano de Caracas, el opositor Antonio Ledezma.

Ayer el Frente Amplio se pronunció oficialmente sobre la situación en Venezuela y señaló "su respaldo a la institucionalidad que se ha dado al pueblo de Venezuela en el marco de su Constitución y sus leyes; institucionalidad de la cual ha surgido la legitimidad del gobierno del presidente Nicolás Maduro".

Venezuela atraviesa una situación muy delicada económicamente como consecuencia del desplome reciente del precio del petróleo. Su inflación es la más alta de América Latina y tiene un serio problema de desabastecimiento de productos básicos.

Cuando el 1° de marzo de 2005 Vázquez asumió su primer mandato lo acompañó Chávez, y en esa oportunidad el oficialismo recibió con calor al entonces mandatario venezolano. Hoy no parece que vaya a repetirse con Maduro.

Aunque la puja no ha salido tanto a la luz, tampoco las cosas están bien entre Argentina y Brasil. El diálogo entre las presidentas Dilma Rousseff y Cristina Fernández de Kirchner ha estado plagado de interferencias. La última se vincula con el viaje de la mandataria argentina a China, donde suscribió una serie de acuerdos de cooperación económica que Brasil mira con malos ojos, puesto que lo perjudican en un momento en que, además, la economía del país ingresa en un preocupante ciclo de escaso o nulo crecimiento. Las diferencias se extienden a las conversaciones comerciales con la Unión Europea que Brasil impulsa con respaldo uruguayo, pese a la renuencia argentina.

Mujica dijo al diario argentino Perfil que Argentina "no acompaña un carajo" los esfuerzos de integración regional y señaló que "Brasil les ha bancado de todo a los argentinos, de todo...". Mujica le ha asignado a Brasil el rol de líder regional. Brasil ha enviado señales de que nada espera del actual gobierno argentino y se prepara para lidiar con la nueva administración que será electa en octubre.

En caso de que finalmente venga a Uruguay, Fernández de Kirchner permanecería solamente unas horas. El conflicto por la fábrica de celulosa de UPM parece haberse diluido y el gobierno kirchnerista nunca cumplió su amenaza de volver a llevar a Uruguay a la Corte Internacional de La Haya. Sin embargo, la relación con Argentina no está en un momento fluido. Argentina no levantó la prohibición de realizar transbordos de sus mercaderías en los puertos uruguayos, no le pone cariño al dragado del canal Martín García y pone trabas a las exportaciones uruguayas porque no quiere que salgan dólares para que no disminuyan más sus menguadas reservas.

La venida de Biden es una muestra del buen momento de la relación de Uruguay con Estados Unidos, que está agradecido por el refugio dado a seis liberados de Guantánamo.

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