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Vida gris entre el humo y la vía

El día después de un incendio que destruyó 4 ranchos de lata en plena rambla portuaria.

Las víctimas del incendio recibieron una bolsa con varios alimentos secos. Foto: D. Borrelli
Las víctimas del incendio recibieron una bolsa con varios alimentos secos. Foto: D. Borrelli
Las víctimas del incendio recibieron una bolsa con varios alimentos secos. Foto: D. Borrelli
Las víctimas del incendio recibieron una bolsa con varios alimentos secos. Foto: D. Borrelli
Las víctimas del incendio recibieron una bolsa con varios alimentos secos. Foto: D. Borrelli
Las víctimas del incendio recibieron una bolsa con varios alimentos secos. Foto: D. Borrelli
Las víctimas del incendio recibieron una bolsa con varios alimentos secos. Foto: D. Borrelli
Las víctimas del incendio recibieron una bolsa con varios alimentos secos. Foto: D. Borrelli
Las víctimas del incendio recibieron una bolsa con varios alimentos secos. Foto: D. Borrelli
Las víctimas del incendio recibieron una bolsa con varios alimentos secos. Foto: D. Borrelli
Las víctimas del incendio recibieron una bolsa con varios alimentos secos. Foto: D. Borrelli
Las víctimas del incendio recibieron una bolsa con varios alimentos secos. Foto: D. Borrelli
Las víctimas del incendio recibieron una bolsa con varios alimentos secos. Foto: D. Borrelli
Las víctimas del incendio recibieron una bolsa con varios alimentos secos. Foto: D. Borrelli
Las víctimas del incendio recibieron una bolsa con varios alimentos secos. Foto: D. Borrelli
Las víctimas del incendio recibieron una bolsa con varios alimentos secos. Foto: D. Borrelli
Las víctimas del incendio recibieron una bolsa con varios alimentos secos. Foto: D. Borrelli
Las víctimas del incendio recibieron una bolsa con varios alimentos secos. Foto: D. Borrelli
Las víctimas del incendio recibieron una bolsa con varios alimentos secos. Foto: D. Borrelli
Las víctimas del incendio recibieron una bolsa con varios alimentos secos. Foto: D. Borrelli

Manuel es albañil y está desempleado. De vez en cuando consigue alguna "changa" y evita el hambre por un día. Hace cuatro años que perdió su casa en Capurro y se fue a vivir en un rancho que él mismo armó al lado de la vía férrea, frente a la rambla portuaria.

El martes un incendio le llevó todo. "Quedamos como vinimos al mundo, pelados", dijo. En la tarde de ayer estaba sentado en un sillón destartalado junto a Raquel, una vecina que también perdió su rancho. Un cortocircuito inició el fuego y los materiales inflamables hicieron el resto.

Cuando comenzó el fuego, a eso de la hora 18.00, él estaba durmiendo. Los vecinos le avisaron y salió con lo puesto y con eso se quedó hasta ayer.

Los funcionarios del Ministerio de Desarrollo Social (Mides) le arrimaron una bolsa con alimentos y un hombre le llevó una caja con ropa de trabajo. Con las chapas chamuscadas armó un rancho. Una vecina le prestó el colchón. Allí duermen, por turnos, Manuel y Raquel.

Ella hace más de 20 años que está en el barrio y vive con su hijo. "Precisamos todo tipo de ayuda. No tenemos colchones, nos faltan frazadas, chapas, todo", dice Raquel mientras descansa en el turno de colchón que le corresponde.

Luego, la mujer se levanta y come unos trozos de carne hervida que alguien le proporcionó. Comparte algunos con un perro. Levanta la cabeza y observa entre las chapas. Todo lo que ve está tiznado. Vuelve a acostarse y sigue pidiendo que alguien la ayude.

Los ranchos están a centímetros de los durmientes. La entrada principal es por la calle Colombia pero hay que caminar sobre las vías debido a la enorme cantidad de basura acumulada.

Además, ese ingreso está ocupado por personas ajenas al barrio. En la tarde de ayer había dos hombres durmiendo al sol y otros tres estaban "arreglando mercadería" para vender en Colombia y la rambla, según dijeron a El País.

Fuego.

Antes del incendio había nueve ranchos, el fuego se llevó cuatro y ayer los vecinos más jóvenes se estaban mudando. "Tienen la suerte que algún familiar los lleva a vivir a una casa", dice Manuel en medio de los restos de su rancho.

En eso aparece Rosana. Cuenta que por poco no murió gente. "Uno de los vecinos perdió todo en el incendio, hasta los animales. Murieron dos perritos que estaban atados, un pato y un gato. Él pasó la noche en un refugio del Mides, está muy amargado", dijo.

Rosana y Luis, su marido, hace 34 años que viven en el lugar. Antes vivieron en el Borro. Un día los robaron y salieron a buscar un lugar más tranquilo. Tres décadas después siguen allí. Cada tanto pasan funcionarios del Mides, la Intendencia u otros organismos. Les piden los datos, les prometen cosas y no vuelven, según el matrimonio.

"Todo el mundo no ha censado. Nosotros precisamos una casa. Muchos han venido y han prometido pero nunca cumplen, ya estamos aburridos", aseguró Rosana. "Para que esto no vuelva a pasar nos tienen que dar una vivienda", afirmó.

Cuidado.

Los tres ranchos de la familia están limpios. Construyeron una entrada con cerco metálico. Los niños de la familia van a la escuela y al liceo. El Mides les concedió un tarjeta con la que compran unos $ 2.000 en alimentos todos los meses, según contó el padre de familia. "Por acá pasan trenes a cada rato pero nunca hubo un accidente con niños. Nosotros cuidamos a los niños", dijo la mujer a El País.

Luis vende en un puesto improvisado sobre la rambla objetos que consigue en sus changas en el puerto. Hay cuerdas de todo tipo, chalecos, lámparas, envases de garrafas, botas de goma, implementos de pesca deportiva y mucho más.

Construyeron el primer ranchito y se expandieron. En la actualidad viven con tres de sus hijos y dos nietos. Cada uno tiene su rancho. "Para preservar la intimidad", apunta Luis.

Desde que llegaron han visto incendios de todo tipo. Según sus cuentas, ya son siete las veces en que el fuego tomó el "barrio". Una de las viviendas precarias que se quemó, hace unos cinco años tenía "estufa a leña y parrillero", pero el fuego no perdonó, según Rosana.

Peligro.

La mujer cree que el problema está en los cables. "Estamos todos colgados a la electricidad, se corta a cada rato. Si pusieran un cable más grueso esto no pasaría", aseguró la mujer.

Como si fuera poco, una enorme pared de bloques, que da a una cancha de fútbol, fue severamente afectada por el incendio. Ayer varios obreros estaban colocando algunos bloques y apuntalando la estructura desde el centro deportivo.

Los ranchos de la familia de Luis y Rosana están sostenidos por una vieja pared de ladrillos. Suponen que esa estructura no se caerá fácilmente.

Ayer Manuel estaba muy preocupado por el viento que anunciaba el Instituto de Meteorología (Inumet). "Era muy difícil aguantar el viento con el rancho entero, ahora es imposible", afirmó el albañil.

Los vecinos nunca recibieron una intimación de la Justicia o amenaza de desalojo. Los que hace más tiempo que viven en la zona recuerdan que cuando se construyó la Torre de las Comunicaciones de Antel, a fines de la década de 1990, varias familias recibieron viviendas.

"¿No quieren rancheríos, pero qué van a hacer con nosotros?", se preguntó Rosana.

Todo tiznado.

La vía férrea de un lado y los contenedores del puerto del otro rodean lo que quedó de los ranchos de chapa. El fuego se llevó lo poco que tenían sus habitantes. Algunos damnificados se fueron con familiares. Otros no tienen salida. Sentado en el destartalado sillón que salvó del incendio, Manuel espera una solución. De profesión albañil, está sin trabajo. Raquel duerme una siesta bajo las pocas chapas que dejó el fuego del martes pasado. Una vecina les prestó un colchón de una plaza y lo usan por turnos con Manuel.

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