Contaminación sonora en Montevideo

Vecinos del Parque Rodó al borde del ataque de nervios

Nueva zona bolichera genera problemas de convivencia en varias cuadras.

En el entorno de las calles Blanes, Maldonado y Jackson se ha conformado uno de los epicentros de la movida nocturna de Montevideo que incomoda a quienes residen en la zona. En junio del año pasado algunos vecinos comenzaron a presentar denuncias por polución sonora ante la Defensoría del Vecino y dependencias de la Intendencia de Montevideo. Hasta entregaron en manos del jefe comunal Daniel Martínez una carta en donde solicitan la clausura de los locales: Después te explico, Jackson Bar, Theo, Doña Marta, ThePutaMadre, Brikell Cassitano y Mona.

Se quejan por los ruidos molestos que originan los bailes, por los concurrentes que en las calles vociferan hasta altas horas de la madrugada, sobre todo de miércoles a domingo, y también por las alarmas de los automóviles.

Indican que hay 11 boliches en un radio de 400 metros.

Desde el 8 de junio de 2015 se han sumado hojas a un solo expediente, el del caso denominado Jackson Bar. Hasta éste, ubicado en la calle Jackson entre Charrúa y Canelones, concurrieron inspecciones de Espectáculos Públicos y del Servicio de Instalaciones Mecánicas y Eléctricas de la Intendencia.

En actas a las que accedió El País se confirma la aplicación de multas por niveles sonoros que superan a los admisibles. Los titulares del bar con música en vivo y discoteca presentaron recursos de amparo y estudios de reacondicinamiento ante el departamento de Desarrollo Ambiental, también el año pasado. Entre agosto y septiembre de 2015 reseñaban que tenían capacidad para 260 concurrentes pero podrían albergar a 580 construyendo una puerta hacia el exterior totalmente aislada.

También se aceptaba que ante el ruido generado en el patio central optaron por hacer obras: techarlo y solo emitir allí música de fondo. También quedó propuesta la instalación de paneles absorbentes, entre más mejoras del proyecto acústico.

En la actualidad —sin embargo— hay vecinos que insisten en afirmar su desconsuelo y desvelo por vivir en un emporio del ruido que no se adjudica en exclusiva a ese establecimiento.

La comuna.

El alcalde del Municipio B, Carlos Varela, declaró a El País que —en efecto— hay muchos boliches en una zona en que durante el día la actividad comercial gira en torno a mueblerías y otros comercios, y a la noche predomina en las calles una distorsión social que afecta a los residentes.

"Es una problemática que estamos estudiando y las resoluciones son obviamente más lentas de lo que reclaman los vecinos. El que lo vive y sufre en forma directa quiere una solución inmediata. El tema de fondo necesita modificaciones normativas y eso se construye atendiendo las distintas realidades. Estamos trabajando con el gobierno departamental, con la gente de Inspección General sobre todo. Lo que hay son derechos contrapuestos, el bolichero tiene derecho a tener su actividad lucrativa, el que trabaja allí tiene derecho al empleo, el que va a disfrutar tiene derecho a la recreación, pero el vecino tiene derecho a descansar".

En cuanto a la generación de los ruidos molestos y las medida a aplicar, Varela distingue entre las intimaciones, multas o clausuras que pueden aplicarse a los comercios y la fiscalización más complicada que demanda el llamado ruido social.

"El tema del control se vuelve más complejo, supone un abanico de medidas. En la normativa podría incluirse la declaración de una zona saturada, también podría cambiarse la dinámica de la noche que en Montevideo empieza a la una de la madrugada, cuando en otras partes del mundo a esa hora está terminando. Eso implica también un cambio cultural. Hay muchos bolicheros que acompañan esta idea porque visualizan que puede ser un buen negocio en tanto les cambia el público, que puede consumir más, porque hoy están limitados en lo que venden, lo gastronómico casi no existe, los jóvenes hacen la previa en otro lado y llegan comidos", dijo.

"No se puede hacer una norma general y estricta de prohibir la instalación de boliches en tal o cual zona, porque no se podría abrir un pub o discoteca pero tampoco un restorán. Sí sería posible definir categorías, porque hay boliches que son autorizados como pubs y a cierta hora levantan mesas y sillas y hay baile. Habría que ver cuál es el giro principal", agregó el alcalde Carlos Varela.

"Si el fin de semana la noche termina a la una creo que me la fumo pero si todos los días la cantarola es hasta las cuatro y el fin de semana hasta la seis, no tengo por qué soportarlo. Por eso hay que generar una normativa que limite derechos, hay que ajustar la legislación a la realidad actual para evitar el conflicto ciudadano, estimulando con políticas públicas. Por ejemplo, que esos boliches se instalen en un lugar que no sea de uso habitación, sino industrial o comercial durante el día", sostuvo Varela.

Otros elementos de distorsión son los llamados comercios golondrina que, con poca inversión, se radican en sitios puestos de moda, y también los kioscos que abren de noche para vender alcohol a un público que circula por la movida juvenil pero que no ingresa a los bares.

"Nos han denunciado a un boliche enviando fotos de cajas de vino vacías tiradas en la vereda. Pero ese local no vendía vino en envase tetra. No es un tema lineal, también se instalan pancheros o taxis con la radio encendida", concluyó el alcalde del Municipio B.

Boliches y polución sonora en Montevideo.

Los empresarios que invirtieron en propiedades para instalar bares, algunos con discotecas o espacios bailables, se amparan en la legislación vigente a nivel de Montevideo. Y como ha pasado en otros ramos, desde las librerías hasta los locales de electrónica, suelen terminar reuniéndose en un circuito estrecho, para tener siempre un público seguro. Pero los boliches, como ningún otro negocio, despiertan a veces el cerrado rechazo de vecinos que se quejan por la contaminación sonora.

Proponen que los decks solo funcionen hasta medianoche.

En el año 2014, se convocó desde la Junta Departamental de Montevideo a un llamado de ideas, en el que participó el INJU, la Defensoría del Vecino, el INAU y otros actores. Se llamó "Nocturnidad y Juventud", y su fin era obtener soluciones para la convivencia en la noche de la gente que sale a recrearse y quienes viven en zonas de las movidas. Se seleccionaron cinco propuestas y recién ahora parece estar a punto de retomarse la iniciativa para comenzar a implementar algunas de las ideas aportadas. Ana Agostino, a cargo de la Defensoría del Vecino, se extendió sobre las propuestas que están evaluando.

"El intendente ha insistido en avanzar con estos grupos de trabajo, que se llaman de espectáculos públicos. La Defensoría del Vecino presentó una propuesta para analizar las zonas acústicamente saturadas, distintas formas de medir el ruido y la posibilidad de que la Intendencia otorgue habilitaciones para cosas específicas, que no se dé la habilitación a un restorán y que allí después haya música en vivo; es decir, que se establezcan distintas categorías. No es lo mismo un boliche, un pub, un local bailable. Hay muchas categorías posibles y hasta hoy no existe una categorización clara. Todos reciben más o menos el mismo tipo de habilitación. Además, ante la Junta ya se presentó una propuesta para que el horario de los decks y mesas y sillas en las veredas solo sea hasta las doce de la noche. Se está analizando. Esperamos que este año haya alguna novedad en ese sentido".

En las últimas décadas no ha existido una planificación para la instalación de boliches. La "explosión" se dio primero en Ciudad Vieja, en donde la movida nocturna se redujo a su mínima expresión, entre otras cosas por problemas de seguridad. Luego siguió el Parque Rodó, frente a la Playa Ramírez y en medio de un amplio espacio sin casas, y por tanto sin vecinos. Paralelamente, se desarrolló Pocitos, aunque con boliches más desperdigados.

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