MIDES

Vecinos de la calle Convención levantan firmas por inseguridad

Sostienen que el aumento de controles no ha logrado mejorar la realidad general.

Vecinos domiciliados en el entorno de Convención entre Cerro Largo y Paysandú comenzaron otra vez a levantar firmas para que se traslade la oficina del Mides ubicada casi en esa esquina y conocida como Puerta de Entrada.

Hasta allí llegan hombres y mujeres que se inscriben para ingresar a los refugios y esperan su traslado en ómnibus que asigna el propio Ministerio de Desarrollo Social.

Pero también cada tarde va congregándose gente que no tiene aspiración de acceder a ese servicio, y genera múltiples situaciones conflictivas.

Comerciantes y residentes dicen que las autoridades públicas han intentado establecer más controles pero, "en general, no cambió nada".

Algunos incluso ya se decidieron para entablar juicio al Estado amparándose en la gran caída del precio de sus propiedades. Siguen sintiendo que están rodeados, en una suerte de infierno, a pocas cuadras de la torre de la Presidencia de la República.

Hace exactamente dos años, los vecinos afectados en sus casas pero también en la calle, habían juntado 300 firmas en el barrio y las presentaron a la Intendencia, el Mides y la Policía, cuando se cansaron de concurrir a la seccional tercera a realizar denuncias.

Efectivos de ésta efectúan algunos procedimientos pero, más allá de las detenciones, pocos de los indigentes terminan recibiendo alguna pena alternativa ante las faltas cometidas.

Desde que en la cuadra de Convención fue instalada la oficina del Mides, un vecino sufrió el incendio de su partamento, otros, sobre todo mujeres jóvenes o muy mayores, debieron mudarse, por no soportar más los acosos callejeros, o de puro miedo.

Los nichos de agua, luz y teléfono han llegado a usarse como roperías de quienes arman campamento en veredas o aleros. Antel, por ejemplo, debió cambiar varias veces las cajas de distribución de teléfonos. Algunas puertas de viviendas quedaron chamuscadas por el fuego que encienden las personas que duermen en la calle, sea para cocinar o calentarse. También aparecen ennegrecidas las paredes de mármol de un edificio. Y dos por tres la orina escurre por las paredes y los hedores invaden oficinas y residencias.

Para algunos vecinos consultados por El País, la Ley de Faltas no es una herramienta en verdad útil, porque muchos de los que deambulan por las cercanías no tienen hábitos de trabajo, suelen estar drogados y, aunque una y otra vez se les tramitan los documentos de identidad, se deshacen de ellos. "¿A dónde llevarlos? La solución es que se mude el Mides", sostienen.

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