PRAGMATISMO

Vázquez-Temer, deshielo en NY

Se reunirán en la asamblea de la ONU; el Frente Amplio condenó duramente el ”golpe”.

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Temer: desde el miércoles es el presidente constitucional de Brasil. Foto: AFP

Más allá de que la cancillería uruguaya, probablemente en un gesto hacia la interna del Frente Amplio, calificó de "profunda injusticia" la destitución de la expresidenta de Brasil, Dilma Rousseff, lo cierto es que la administración de Tabaré Vázquez y la de Michel Temer ya establecieron puentes entre sí. Los dos mandatarios se reunirán en Nueva York donde coincidirán cuando concurran a la asamblea general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) que comenzará el 13 de septiembre en esa ciudad. El gobierno uruguayo asume que no hay forma de evitar el establecimiento de cierto nivel de relacionamiento con el gobierno de Temer, que terminará el mandato de Rousseff.

Hasta ahora Vázquez ha evitado cualquier contacto con Temer o referencias al ahora presidente. No concurrió a la inauguración de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, en la que sí estuvieron los presidentes Mauricio Macri de Argentina y Horacio Cartes de Paraguay.

El canciller brasileño, José Serra, un veterano político socialdemócrata que ya fue candidato presidencial en su país y que quiere volver a serlo, le quitó cualquier dramatismo a la postura uruguaya y señaló que el encuentro de los presidentes, "es una oportunidad para conversar, aclarar". Benevolente, comentó que "Uruguay es un país con tradición democrática importante y tenemos todo el gusto de analizar las cuestiones con ellos al máximo nivel". "Tengo certeza de que nuestras relaciones con Uruguay irán de la mejor forma", aseguró Serra.

Brasil había encontrado en los últimos años en Uruguay un socio para reimpulsar las conversaciones de liberalización comercial con la Unión Europea.

Serra tiene la intención de impulsar los acuerdos comerciales de su país con países de fuera de la región. Y en particular quiere acercarse a Estados Unidos y a China, país este donde junto con Temer está ahora en visita oficial. Serra se mostró más escéptico respecto a poder tener una buena relación con países como Venezuela, Bolivia y Ecuador, que condenaron la destitución de Rousseff.

El mes pasado Serra aceptó las disculpas que le presentó el canciller Nin Novoa, quien dijo en la comisión de Asuntos Internacional de la cámara baja que Brasil había intentado "comprar" a la administración Vázquez para que se sumase al rechazo a la presidencia venezolana del Mercosur.

Condena.

De todas formas, la Mesa Política del Frente Amplio se sintió en la necesidad de reafirmar su solidaridad con Rousseff y manifestó "nuestro más profundo rechazo a lo que consideramos un Golpe de Estado Parlamentario, en tanto el mecanismo de Juicio Político en un régimen presidencialista requiere no solo cumplir aspectos formales, sino fundamentalmente con aspectos sustanciales como es el sostener una acusación por delito o crimen de responsabilidad".

La declaración abrió una grieta en el oficialismo porque el Nuevo Espacio votó en contra de la misma por entender que no se configuró un "golpe de Estado", tal como entiende la mayoría de la coalición. El delegado del Nuevo Espacio en la Mesa Política, Carlos Calvo, dejó constancia de que no estaba de acuerdo con el uso del término "golpe de Estado", confirmaron a El País participantes de la reunión. "No pensamos que Dilma haya cometido ningún delito que amerite su destitución, pero el que tiene que juzgar eso es el Senado de Brasil que fue electo democráticamente", sostuvo el dirigente del Nuevo Espacio.

La declaración de la Mesa Política se explaya y destaca que "ninguno de los elementos sustanciales que den sostenibilidad al juicio político han quedado probados en la oportunidad". "No se ha probado delito alguno que afecte la honestidad de la presidenta Dilma Rousseff y como sostienen prestigiosos juristas brasileños no se ha incurrido en crimen de responsabilidad", sostiene la Mesa Política. Para el oficialismo, las "fuerzas conservadoras" brasileñas llevaron adelante una campaña a nivel judicial, de los medios de comunicación y en el parlamento, para desplazar a Rousseff y al Partido de los Trabajadores del gobierno de Brasil.

"Este desplazamiento de la presidenta Dilma Rousseff se inscribe en la decisión de los sectores conservadores, que al no lograr tomar el control de las decisiones políticas y económicas del Brasil a través de la voluntad popular expresada en las urnas, decidieron hacerlo a través de este mecanismo que golpea fuertemente a la democracia brasileña (...) en contra de un programa votado por la ciudadanía en 2014 que permitió sacar de la pobreza a millones de brasileños y atender las necesidades de los más postergados".

El Frente Amplio también muestra su preocupación por la posibilidad de que se pueda "desarticular la política exterior autónoma de Brasil llevada adelante por los gobiernos del PT, que propició la creación de la Unasur y la Celac en forma soberana, autónoma e independiente de cualquier centro de decisión a nivel global".

El órgano de conducción frenteamplista entiende que no solamente se buscó destituir a Rousseff sino que también se quiere dañar la figura de su antecesor y mentor político, Lula da Silva, y afectar sus posibilidades en las elecciones de 2018.

El Frente Amplio explícitamente apoya la postura del gobierno uruguayo, expresada en la declaración del Ministerio de Relaciones Exteriores que señalaba que la destitución de Dilma fue "una profunda injusticia".

La declaración de la cancillería, mencionaba "la legalidad invocada" del proceso de destitución (lo cual da a entender que Uruguay tiene reparos sobre la misma) y destacaba el papel "de la presidenta Dilma Rousseff en fortalecer la histórica relación bilateral, que permitió alcanzar una alianza estratégica que ha redundado en beneficio de ambos pueblos".

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