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Vacaciones en Los Pinos estudiando matemáticas

Decenas de jóvenes se preparan para las Olimpíadas en el centro de Casavalle.

Niños estudiando matemáticas en Los Pinos. Foto: Fernando Ponzetto
Niños estudiando matemáticas en Los Pinos. Foto: Fernando Ponzetto
Niños estudiando matemáticas en Los Pinos. Foto: Fernando Ponzetto
Niños estudiando matemáticas en Los Pinos. Foto: Fernando Ponzetto
Niños estudiando matemáticas en Los Pinos. Foto: Fernando Ponzetto
Niños estudiando matemáticas en Los Pinos. Foto: Fernando Ponzetto
Niños estudiando matemáticas en Los Pinos. Foto: Fernando Ponzetto
Niños estudiando matemáticas en Los Pinos. Foto: Fernando Ponzetto
Niños estudiando matemáticas en Los Pinos. Foto: Fernando Ponzetto
Niños estudiando matemáticas en Los Pinos. Foto: Fernando Ponzetto
Niños estudiando matemáticas en Los Pinos. Foto: Fernando Ponzetto
Niños estudiando matemáticas en Los Pinos. Foto: Fernando Ponzetto
Niños estudiando matemáticas en Los Pinos. Foto: Fernando Ponzetto
Niños estudiando matemáticas en Los Pinos. Foto: Fernando Ponzetto
Niños estudiando matemáticas en Los Pinos. Foto: Fernando Ponzetto
Niños estudiando matemáticas en Los Pinos. Foto: Fernando Ponzetto
Niños estudiando matemáticas en Los Pinos. Foto: Fernando Ponzetto
Niños estudiando matemáticas en Los Pinos. Foto: Fernando Ponzetto
Niños estudiando matemáticas en Los Pinos. Foto: Fernando Ponzetto
Niños estudiando matemáticas en Los Pinos. Foto: Fernando Ponzetto

Mientras la mayoría de los niños siguen de vacaciones, en un rincón de Casavalle hay 120 jóvenes (de 10 a 18 años) que, lápiz en mano, intentan resolver intrincados problemas. Es que el Campamento Matemático de Los Pinos cada vez suma más gente.

El proyecto forma parte de un plan más grande, que es la Olimpíada de Matemáticas de Casavalle, la cual empezó a funcionar en 2005, y de la que participaron 25.000 niños en 2016.

"Son cada vez más los niños que participan de la Olimpíada y hay algunos que terminan compitiendo también a nivel internacional", dijo a El País el profesor Gustavo Bentancor, creador del proyecto.

El campamento dura 11 días. Cada jornada los niños pasan ocho horas en Los Pinos ejercitándose en cuatro áreas: álgebra, teoría de número, teoría combinatoria y geometría.

En las aulas de los alumnos más grandes se puede ver un mayor nivel de concentración, en las de los más chicos hay más lugar para la risa y la diversión. "Le damos una gran importancia a lo lúdico. Los más chicos entran a la matemática de la mano de juegos donde tienen que encontrar una estrategia ganadora. A partir de lo que van deduciendo, van avanzando", precisó Bentancor.

Cada jornada se divide en cuatro módulos que se separan por recreos de 25 minutos —hay un descanso más largo que es para el almuerzo, el que es facilitado por la institución. También los niños tienen mesa de ping-pong, futbolito y un Playstation que pueden utilizar en estos tiempos de ocio.

El plan, que se creó para atender principalmente a jóvenes de contextos carenciados, hoy creció más allá de lo imaginado. En el campamento hay jóvenes de varias zonas de Montevideo, pero también del interior del país. Cada estudiante debería pagar $ 120 por día, aunque esto no es una exigencia para todos.

"Hay algunos que pueden pagar un poco menos. Hay otros que no pagan nada. Tenemos chicos muy talentosos que vienen de contextos muy humildes. Hay un joven del Cerro que empezó a venir hace cuatro años y ya ganó una medalla a nivel nacional y participó de una competencia internacional", contó Bentancor.

Avanzar.

Adrián Calero fue uno de esos alumnos de una zona de contexto crítico. Reside a ocho cuadras de Los Pinos. Cuenta que se unió a la institución cuando tenía 13 años, y reconoce que "era medio vago". Empezó a ir después del liceo, para hacer los deberes allí. Bentancor descubrió que era bueno para las matemáticas. Primero le consiguieron una beca en el Elbio Fernández. Luego lo incentivaron a competir (obtuvo un cuarto puesto a nivel nacional y una medalla de bronce en una certamen iberoamericano). Cuando terminó el liceo se alejó de Los Pinos. Comenzó a trabajar en un restaurante de comida rápida, hasta que Bentancor lo llamó por teléfono.

"Me pidió que venga a trabajar acá, porque me iba a dar más tiempo para estudiar, y me consiguió una beca en la Universidad de Montevideo para estudiar profesorado de Matemáticas", cuenta a El País. A Calero le quedan dos años para recibirse y hoy es uno de los profesores del Campamento.

Un caso similar es el de Mikaela Martínez. Ella tiene 20 años y empezó a ir a Los Pinos a los 11. En estos años obtuvo una medalla de oro a nivel nacional en sexto de escuela y otra igual cuando estaba en el liceo. Luego fue a competir en Argentina y ganó el bronce en 2007, y en 2008 volvió con la medalla de oro. Hoy está en la Universidad de la República y también se desempeña como profesora en Los Pinos. Ella vive en el barrio de Maroñas.

"Estoy estudiando Ingeniería, pero me gustaría estudiar luego algo que tenga que ver con las Matemáticas", dice la joven docente, antes de volver al aula para explicar un ejercicio de geometría a un auditorio que la mira atento y sonriente.

OPINIÓN.

"El sistema educativo empareja hacia abajo".

"En el sistema educativo hay una suerte de emparejamiento un poquito hacia abajo. Se atiende mucho a los chicos que tienen más dificultades, y se descuida en ocasiones a los otros", precisó a El País el profesor Gustavo Bentancor, creador de la Olimpíada de Matemáticas de Casavalle.

Bentancor señaló que, además, "la gente parece aceptar que hay algunos que tienen talento para el fútbol y otros que no, pero no acepta que hay algunos que tienen fortalezas en otras disciplinas, como lo son las matemáticas".

"Los docentes lo que deberían hacer es estimular a los jóvenes en las materias en que se destacan. Si una persona es buena para la música también es bueno que eso se estimule al máximo. Porque no estoy hablando solo de las matemáticas. Puede pasar también con un chico al que le guste mucho dibujar, con niños que hacen unas caricaturas formidables", añadió.

"Cuando empezamos acá había como un prurito, no se entendía que alguien se podía destacar en matemáticas", concluyó.

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