Un sector en crisis

Esta vaca ya no da más leche

Tamberos asumen que 2016 será otro año muy complicado y muchos se preguntan si vale la pena seguir en el rubro.

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Hace dos semanas, los tamberos y otros productores salieron a las rutas para manifestar su rechazo al aumento de tarifas. Foto: Ariel Colmegna.

Aunque existe la esperanza de que en la segunda mitad del año los precios internacionales de los productos lácteos se recuperen algo, los tamberos asumen que 2016 será otro año muy complicado y muchos se preguntan directamente si vale la pena seguir en el rubro. Los remitentes de Conaprole, la gran empresa del sector, ya recibieron señales de que tienen que asumir que a partir de febrero el precio del litro de leche retrocederá unos 40 o 45 centésimos a algo más de $ 7 (el valor variará en función de las características de la leche producida).

Los retrasos en los pagos de Venezuela agravan la coyuntura, pero lo cierto es que la situación del sector lácteo lleva más de un año siendo delicada y la sequía verificada en buena parte de 2015 complicó más el panorama.

El 90% de la producción de leche en Uruguay se concentra en ocho departamentos donde a fines de 2014 trabajaban unos 3.610 tamberos, de acuerdo con datos del Instituto Nacional de la Leche que fueron presentados en junio pasado. Se trata de un entramado social muy importante en departamentos como Florida o San José que, si se destruye, es muy difícil de recomponer.

El 50% de las empresas tiene menos de 100 hectáreas. Se trata de un sector fuertemente exportador; alrededor del 70% de su producción se vuelca al mercado externo. Un porcentaje tan elevado es algo infrecuente entre los países productores del mundo. Y en las empresas de la industria láctea hay unos 3.000 traba-jadores.

En 2015 el sector lácteo atravesó una tormenta perfecta. En un momento de precios internacionales bajos, la sequía llevó a que se declarase la emergencia agropecuaria entre el 15 de mayo y el 15 de agosto en Cero Largo, Treinta y Tres, Rocha, Maldonado, Lavalleja, Canelones, San José y Flores. Los tamberos, con sus pasturas naturales afectadas, debieron utilizar antes de lo habitual las reservas forrajeras previstas para lo más crudo del invierno. Dos plantas, Ecolat en Colonia y Schreiber Foods en San José cerraron y se perdieron 600 empleos. El derrumbe en la exportación de productos lácteos fue notorio: cayeron a US$ 631 millones en 2015, desde los US$ 823 millones de 2014, un tropezón del 23,3%. Y en 2013 las ventas habían llegado a US$ 907 millones.

Pablo Linares, un productor con dos tambos en Florida, explicó a El País que la comida es el principal costo de un establecimiento lechero y que en este aspecto el fortalecimiento de la moneda estadounidense ha sido clave ya que las raciones, los granos y las semillas se cotizan en dólares al igual que la mayoría de los productos veterinarios. E implantar una hectárea de pradera cuesta entre US$ 380 y US$ 480. Las tarifas de UTE (un coste importante en los tambos que utilizan ordeñadoras eléctricas) se pagan en pesos y cualquier demora en el pago genera recargos. Y la no baja del gasoil encarece los fletes de las raciones, explicó Linares. El alza del dólar mejora la competitividad exportadora pero eso ocurre, dice, "a la larga".

Los productores quisieran que el gobierno enviase al menos alguna señal de que capta la gravedad de la situación y las gremiales creen que esa señal podría pasar por algún "afloje" por parte del Banco de Previsión Social o una devolución de impuestos. Linares sospecha que ha aumentado la faena de ganado Holando (la raza lechera ampliamente mayoritaria), sobre todo de aquel que no estaba en mejores condiciones productivas, pero sabe que en el fondo eso es una forma de descapitalizarse. "El feeling en estos meses de poco flujo de caja es que estamos complicados", resumió. La esperanza, dijo Linares, es que en la segunda mitad del año los precios internacionales podrían comenzar a recuperarse y permitir que los productores tengan ingresos que les permi- tan cubrir al menos sus costos, algo que muchos dicen que hoy no ocurre.

Del lado sindical, esa misma esperanza de mejora de precios tiene Heber Figuerola, presidente de Fitil, el sindicato de la industria. Figuerola dijo a El País que el sindicato irá a la próxima ronda de Consejo de Salarios, que comenzará en breve, con la exigencia de que se mantenga el poder adquisitivo de los trabajadores y que incluso estos tengan puntos de recuperación por sobre la inflación. Linares considera "absurda" esa pretensión dada la coyuntura actual.

La industria.

El cierre de Ecolat y de Schreiber Foods consolidó todavía más la posición dominante de Conaprole que fue la única empresa uruguaya que el año pasado exportó leche en polvo. Pero esta empresa, que factura alrededor de US$ 1.000 millones, fue duramente golpeada por los incumplimientos de Venezuela de sus compras del producto mencionado. Ese país le debe unos US$ 85 millones. La cooperativa tiene capacidad de endeudarse a intereses relativamente bajos con la emisión de Obligaciones Negociables, un instrumento al que ya ha recurrido. Sin embargo, según supo El País, sus directivos ven con recelo la posibilidad de endeudarse más, algo que podría afectar el patrimonio de la cooperativa y actuarán con cautela.

Las empresas más pequeñas lo tienen más difícil y están viviendo "mes a mes", dijo a El País un ejecutivo de una de ellas. "No se puede comparar la infraestructura y la espalda que tiene Conaprole que aguanta y stockea con la de las otras empresas", comentó. A su juicio, no hay en Uruguay una política lechera a largo plazo y eso se refleja en la incapacidad del Estado y de las empresas más pequeñas de generar fondos anticíclicos como sí tiene Conaprole que le permitieron en los últimos meses mantener estabilizado el precio al productor. Los remitentes de las empresas pequeñas se muestran comprensivos ante los problemas de la industria, dice el ejecutivo, pero admite que los tamberos no pueden mantener los niveles de inversión con los actuales costos.

Las empresas más pequeñas que apostaron el año pasado al acuerdo entre los gobiernos de Venezuela y Uruguay están sufriendo porque el país caribeño solamente pagó una parte de lo que debía por los quesos que le mandaron. Y los escasos US$ 50 millones llegados hasta ahora Calcar, Pili y Claldy deben compartirlos con Conaprole, que vendió leche en polvo.

Claldy directamente no ha cobrado nada y está teniendo que enviar a México a algo más de US$ 2 el kilo de queso que Venezuela prometía pagar más de US$ 5. La cooperativa de Young espera con ansia que lleguen US$ 7,5 millones por la mercadería ya enviada. Y Pili en Paysandú, si bien ha cobrado, ya no se juega tanto como hizo durante décadas a Venezuela. En su caso ya comenzó a embarcar muzzarella a Brasil, que habitualmente iba al país de Nicolás Maduro. Pero la operación se hizo a US$ 2,30 el kilo, un 50% menos de lo que hubiese pagado Venezuela.

Un pequeño respiro luego de las protestas.

Ante las protestas de los tamberos por la suba de tarifas en enero, el Poder Ejecutivo mantuvo la exoneración del IVA al sector agropecuario para la compra de insumos. Los productores se manifestaron el martes 19 en todo el país rechazando la suba de tarifas y advirtieron que de no tener una respuesta en el corto plazo saldrían de nuevo a las rutas. También reclamaron por la falta de pago de los negocios con Venezuela. El gobierno analiza hacerse cargo de la deuda.

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