MIGUEL PASTORINO

"Hasta los uruguayos exportamos sectas"

Integra la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas. Para él, los problemas sociales y cotidianos conducen a comprarle “buzones” a charlatanes que esclavizan mentalmente a personas vulnerables.

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Miguel Pastorino. Foto: cortesía Miguel Pastorino

Eso hacía Arno Wollensak, que llegó a Uruguay y abusó de muchos adeptos, siendo discípulo de Osho, un gurú que había sido arrestado en EE.UU. por cometer 75 delitos.

—¿El fenómeno de las sectas está muy extendido en el mundo todavía?

—Totalmente. El problema es que las sectas han mutado. No existen, como en los 80, grupos de suicidio colectivo, y los aislados de la sociedad, encerrados en sí mismos, son esporádicos. Pero el fenómeno sectario, en cuanto a estructuras de manipulación y líderes carismáticos que someten y esclavizan mentalmente a sus adeptos, es de todos los días. Ya no se ve tanto en el ámbito religioso, aunque sí existe, sino que lo vemos más en el mundo de las nuevas terapias, del ámbito new age y mezclado con el esoterismo, que a la gente a veces le parece algo exótico. En Uruguay, en los 90, estaba la secta de "Los niños de Dios", que los tenía en plena promiscuidad. Hace poco salió la "Secta de papá", un grupo neopentecostal que hay que separarlo de los pastores evangélicos que actúan bien. No depende tanto de qué crean sino de cómo actúan. Pero hoy hasta los uruguayos exportamos grupos, sectas.

—¿Cómo es eso?

—Algunas personas que han creado su propio movimiento de tipo espiritual-religioso o su propio método de superación personal viajan y crean grupos nuevos en España. En Argentina ha pasado lo mismo. El fenómeno sectario es una forma de vincularse de forma abusiva dentro de cualquier ámbito grupal, donde el líder tiene la capacidad hasta de esclavizar mentalmente a las personas. Se da en el ámbito de quienes hacen terapias, que no se sabe de dónde salieron ni están reguladas por nadie; son una mezcla de psicólogo, gurú y pastor.

—¿Hay mucha desinformación en Uruguay?

—Por la falta de formación académico-religiosa que tenemos, no sabemos distinguir una iglesia evangélica histórica de un grupo que inventaron hace dos días. Eso genera una gran desinformación. Hay un montón de agrupaciones que presentan una terapia nueva y la ofrecen sin ninguna validación científica. Muchos expertos dicen que lo que pasa en las sectas es muy similar a lo que puede pasar en un cuadro de violencia doméstica, en donde la persona que es víctima hasta cree que es culpable del castigo que recibe. Entonces, cuando hablamos de sectas, no hablamos de creencias sino de una manipulación que es psicológica.

—¿Existe algún tipo de control oficial?

—No, solo denuncias concretas. Sucede que hay varias dificultades. La primera es que el artículo 5 de la Constitución de Uruguay garantiza la libertad de cultos. Entonces el Estado no va a salir a la caza de brujas, a controlar las creencias que existen. Otro tema más importante es de salud pública, por las terapias. Para eso se puede buscar alguna regulación y control a fin de evitar que la gente sea sometida al engaño o estafa. Otro tema tiene que ver con grupos que entran al país y nadie sabe ni lo que son. De este señor Wollensak nadie se enteró de nada hasta que se vieron los documentos falsos. Es un problema de Defensa Nacional.

—¿Qué características tenía esta organización?

—En Uruguay ya era algo durmiente porque en realidad ellos vienen huyendo del desmantelamiento de su propia secta. El señor Wollensak era discípulo del gurú Osho, que en realidad se llamaba Raj-neesh y luego cambió de nombre porque fue arrestado en Estados Unidos en los 70, por más de 75 delitos federales. Hoy la gente lo lee como si fuera Gandhi y no sabe ni quién es. La mujer de Wollensak decía canalizar entidades extraterrestres y espíritus de otros mundos; los dos lideraban el grupo, abusaron de muchos de sus adeptos, muchos se les fueron. Ambos se enriquecieron porque todos les dejaban sus bienes, pero obviamente que con tantas denuncias y exadeptos golpeados, el grupo se va desmantelando. Cuando llegaron a Uruguay no operaban como secta, eran recluidos; pero como le pasa a muchos líderes sectarios que son megalómanos, y que tienen delirios de grandeza, creen que el grupo sigue vivo en ellos. Estimo que era la etapa final de una secta esotérica. La chica que denunció y sacó el libro era abusada por una interpretación esotérica de que ella tenía un alma tan antigua que, para poder desarrollarse espiritualmente debía tener relaciones con el líder. Cuando el ámbito de la manipulación está cerrado, yo puedo hacer cualquier discurso misticoide para hacerle creer a la persona lo que sea. También hay que tener en cuenta que la secta siempre da estatus. Si vos querés formar parte de este grupo de iluminados tendrás que sacrificar algo, y como somos una familia te enriquecés porque no vas a tener lo tuyo sino lo de todos. El problema es cuando la persona se va o es expulsada.

—¿Hay otra secta similar en Uruguay?

—Idéntica no, pero recibimos consultas de personas que se han sentido abusadas con discursos de este tipo, que han dejado sus bienes y como son mayores de edad ¿dónde van a reclamar? Otros pagan cursos carísimos por respirar hondo. Muchas veces a través de las cuentas de facebook o twit-ter, que se llaman infosectas, nos escribe gente que dice: tengo una hija que cree en los platos voladores, dejó la carrera, dejó las amigas, se rapó y se puso una túnica y se fue a meditar al campo. Esto pasa en Uruguay: o es un pastor o son platos voladores o gurúes. Lo que ocurre es que a veces confundimos la libertad religiosa con un espacio vacío donde entran los charlatanes.

—¿Qué lleva a caer en esto?

—Hay muchos problemas sociales que generan una gran vulnerabilidad psicológica. Los problemas cotidianos de salud, amor y trabajo han dado lugar a una oferta de todos los colores. Hay una crisis cultural y de la racionalidad, las personas son mucho más vulnerables a un discurso que apunta a las emociones y no tanto a las ideas.

—¿Se puede salir?

—Se puede pero lo que pasa es que hoy no es necesario estar en un lugar físico. Por las nuevas tecnologías no se está encerrado en un grupo. Hay gente manipulada en su casa a través de whatsapp: medita y el gurú le manda mensajes.

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