AXEL KAISER

"En Uruguay hay discursos demagógicos redistributivos"

Polémico como la guatemalteca Gloria Álvarez, con quien escribió su último libro “El engaño populista”, Axel Kaiser, un chileno abogado y máster en Inversiones, Comercio y Arbitraje por la Universidad de Heidelberg, llegará a Uruguay y brindará una charla el próximo 28 de junio en la Cámara de Comercio, y otra el 29 en un evento del Centro de Estudios para el Desarrollo.

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"La forma de combatir la pobreza es creando riqueza". Foto: Emol.com

El abogado liberalista y director ejecutivo de la Fundación para el Progreso, dice que hay señales en los discursos “demagógicos redistributivos” en Uruguay y Chile que “preocupan”, critica el asistencialismo y defiende el mercado como mecanismo distributivo y herramienta para combatir la pobreza. “No está claro el camino hacia el cual va la región”

—¿Cree que hoy la libertad es un peso y es más fácil depender del Estado?

—Creo que hay una inclinación natural en los seres humanos a buscar seguridad, a no tener que hacerse cargo del peso de su propia existencia. Por eso las propuestas redistributivas y de satisfacción de necesidades de políticos demagogos son atractivas. Pero también existe otro lado en el ser humano que es la necesidad de pararse en sus propios pies y validarse frente a la sociedad como un ser autónomo. ¿Por qué prima una sobre la otra? Creo que tiene que ver con la cultura, en las latinoamericanas se difunde mucho el mito del Estado protector y proveedor.

—¿Por qué dice que es un mito?

—Porque el Estado no le puede dar nada a las personas que no les haya quitado antes. Es un mito en el sentido de que el Estado ofrece satisfacer necesidades de manera ilimitada y la gente cree que se va a beneficiar en el largo plazo, pero para eso el gobernante tiene que sacarle el dinero al ciudadano y, cuando se lo reintegra, en el camino pierde una buena parte. Cuando esto se torna insostenible los países se endeudan y llega un punto en que es insostenible. El caso típico es Argentina. La lógica de que el gobernante está para satisfacer a las personas se convierte en cultura y eso en América Latina nutre el movimiento populista.

—Parte de esto lo plantea en su libro "La tiranía de la igualdad" en el que dice que el igualitarismo es hipócrita. ¿Cómo llega a ser tirana la igualdad?

—Cuando llega alguien y dice aquí igualdad a la fuerza porque no me gusta la desigualdad, lo que dice es yo no voy a dejar que (Lionel) Messi juegue como juega, para que no sea muy desigual a los demás, o le voy a quitar sus ingresos, que es casi lo mismo que beneficiarse de su talento y su esfuerzo. Esa igualdad impuesta a patadas es inmoral, porque está en contra de las personas de desarrollar su proyecto de vida y generar riqueza. En ese contexto de libertad personal también se da la solidaridad y nosotros la vemos como un acto espontáneo de generosidad humana y no como algo que se impone de parte del Estado. A nosotros los latinoamericanos nos encanta hablar de solidaridad, pero siempre con el dinero ajeno. Esto no significa que el Estado no asuma un rol con las personas que no han participado de este proceso.

—¿Cree que se pone foco en el igualitarismo a la hora de distribuir, pero no a la hora de generar las oportunidades de base?

—Hay que mejorar las oportunidades para todos y el énfasis tiene que estar en los que menos tienen. El igualitarismo le saca a los que más tienen y además aprovecha a explotar un sentimiento de envidia. El discurso tiende a pensar en cómo bajamos a los que ya tienen y no en cómo subimos a los que poco tienen.

—¿Es políticamente más rentable igualar de arriba para abajo que al revés?

—Sí. Para dar una oportunidad a los que tienen menos hay que hacer una educación pública de calidad, servicios de salud decentes que no sean capturados por sindicatos, políticas para tener una vivienda. Eso es más difícil porque hay que pelearse con grupos de interés que son los que los apoyan y que están saqueando los recursos públicos para llenarse los bolsillos. Entonces es más fácil agarrar a un par de ricos que son impopulares, culparlos de todo y cobrarles impuestos que pelearse con los sindicatos y cortar privilegios.

—En Uruguay uno de los mayores problemas es la educación y pese a que existe la enseñanza pública y se paga asignaciones familiares a las familias de menores recursos que envían a sus hijos a educarse, la deserción es alta. Esto muestra que las oportunidades a veces no se toman.

—Hay mucha gente que puede aprovechar la oportunidad, pero lo que prueba es que la ingeniería social del Estado es muy limitada en su alcance para realmente hacer una diferencia en la vida de las personas. Hay que ser escéptico en pensar que el Estado va a resolver todos los problemas, porque hay un montón de burócratas que miran su propio interés. Por tanto, cuando hay grupos a los cuales ayudar es muy difícil, tal vez el sector privado sea una forma más efectiva de llegar. Este caso confirma la tesis liberal de que el Estado es muy limitado en su capacidad de ayudar y nunca va a resolver todos los problemas. Hay que ser cuidadoso a la hora de hacerse cargo de los que están en desventaja. Si no hay incentivos para que salgan por su propio esfuerzo los condenas al asistencialismo y a la pobreza. Por eso es tan importante que haya un mercado laboral que dé oportunidades a la gente porque si tienes educación pero no tienes trabajo no sirve de nada.

—Suena idealista decir que la pobreza terminará cuando haya más libertad.

—Los problemas de pobreza en el mundo se han superado gracias al mercado y no a la intervención estatal. La forma de atacar la pobreza es creando riqueza y para eso tiene que haber instituciones que lo posibiliten, que el Estado respete los derechos de propiedad, que haya impuestos razonables. Los pobres tienen una capacidad de creación de riqueza tremenda: los ves en las calles cómo intentan trabajar y salir adelante, pero el Estado lo hace imposible con su regulación. Puede haber esquemas de ayuda, pero tienen que ser muy bien pensados de manera que esa persona no tenga el incentivo de depender del Estado toda la vida cuando no es necesario. Hay millones de personas en condiciones de trabajar que reciben subsidios porque son redes clientelares que los políticos crearon para movilizarlos en tiempos de elecciones, y a los que les dicen, como lo hizo Cristina (Fernández) en Argentina en la última elección, que si salía (Mauricio) Macri iban a perder todo. El éxito de una política social se mide no con la cantidad de gente que va adquiriendo, sino por la que la va dejando. Lo contrario es condenar a la gente al asistencialismo y a los contribuyentes a seguir pagando impuestos de forma injusta. Lo estamos haciendo desastrosamente mal en América Latina. La corrupción que hay en los sistemas de distribución está tan desatada y es tan ineficiente que es un despilfarro de lo que pagan los contribuyentes y es injusto.

—¿Cómo ve a los políticos de Uruguay?

—Uruguay con Chile son los países de América Latina que se han caracterizado por tener la mayor estabilidad, cierto nivel de desarrollo y equilibrio, son los dos con mayor libertad económica según los rankings, y han seguido trayectorias razonables, incluso con gobiernos de centro-izquierda, y por lo tanto uno tiene que decir que están mejor que el resto. Pero hay tendencias que son preocupantes.

—¿Cuáles?

—En Chile y Uruguay hay discursos demagógicos redistributivos que se van instalando y ponen el acento de manera muy irracional en la desigualdad, y piensan en nuevos impuestos y en hacer crecer al Estado, generar nuevas redes clientelares, acabar con instituciones más de libre mercado que pueden haber existido antes. Eso es preocupante porque los países que se terminan arruinando no se arruinan de un día para otro. Cuando empezamos con estas tendencias que vemos en Chile y Uruguay de mayor restricción a la libertad económica, de nuevos impuestos que se crean, terminamos en un camino que genera problemas económicos.

—¿Cómo impactó en la pobreza la apertura económica que implican los TLC firmados por Chile?

—La apertura de Chile fue uno de los pilares para que la pobreza cayera de un 50% a un 7%. Tú le abres a tu país el acceso a bienes de consumo de todo el planeta y ellos tienen posibilidad de buscar el mejor precio. Nosotros hoy tenemos hordas de argentinos que vienen a comprar. Es una pésima idea restringir las importaciones, es una idea demagógica que está refutada por la evidencia. Si hay gente que planteó eso en Uruguay está en la misma línea que Donald Trump. Eso es un desastre. Es completamente delirante y es no haber aprendido nada de historia.

Ser liberal se está poniendo de moda.

Junto a Gloria Álvarez escribió el libro "El engaño populista". En la tapa —donde aparece la presidenta Michelle Bachelet, Cristina Fernández, Hugo Chavez, Fidel Castro— no figura José Mujica a quien Álvarez tildó de tener "elementos populistas en su discurso que buscan dividir a la sociedad". ¿No es tan populista al fin y al cabo?

—Claramente viene de una tradición de populista de izquierda, pero se moderó mucho con el tiempo igual que la presidenta Bachelet en el sentido de que era marxista y su primer gobierno fue muy moderado y su segundo gobierno, que es este, reintrodujo el virus populista en Chile de manera total con la teoría de acabar con todo el sistema neoliberal.

—¿El liberalismo se está poniendo de moda?

—En las juventudes el liberalismo está cada vez más expandido y se está poniendo de moda. Se está convirtiendo en algo "cool" y lo veo en toda América Latina. Eso no significa que todavía hay parte de la generación joven para la que el Che Guevara todavía es su ídolo, y por otro lado, hay generaciones mayores que piensan que el Estado se tiene que hacer cargo de todo.

“NO ESTÁ CLARO EL CAMINO HACIA EL CUAL VA LA REGIÓN”.

"La corrupción es tremenda amenaza para la democracia"

—En Uruguay hay una ley de medios a la espera de reglamentación y dentro del Frente Amplio se habla de reforma constitucional. ¿Eso también le hace ruido?

—La ley de medios me parece muy preocupante porque son pretextos para introducir todo tipo de censura a las críticas que se hacen al poder político. Son el primer camino para crear enclaves autoritarios. Y las nuevas constituciones en América Latina han siempre terminado en un desastre porque son como un pretexto para incrementar el poder del gobernante y restringir las libertades de los ciudadanos que desafían ese poder. América Latina es el continente con más constituciones, más que África incluso, y es una pésima muestra de la inmadurez cívica.

—¿Hacia dónde va la región hoy?

—Hay señales encontradas. Perú, va por buen camino. El caso de Chile es al revés, un país que está involucionando. Está (Mauricio) Macri en Argentina que parece que estuviera intentando hacer lo que puede, pero tiene tremendo problema. Venezuela es una catástrofe y Brasil está en un proceso de inestabilidad grande con corrupción. Uno podría pensar que ha habido un agotamiento de ciertas ideas, pero la idea de que el Estado se tiene que hacer cargo de la vida de todos es una que no se ha superado en ninguna parte y mientras esa mentalidad no cambie, estos líderes demagógicos que prometen todo gratis en seguridad, derechos sociales, van a seguir teniendo opciones.

—¿En qué medida cree que los casos de corrupción que salieron a la luz anticipan un cambio en las afinidades de la población?

—En muchos casos la población se agota y se cansa. Si llegas a la conclusión de que la clase política está completamente involucrada en la corrupción, ¿quién gobierna? En Brasil se especuló durante unos minutos que los militares tomaran el gobierno porque ya estaban todos tan metidos que quién quedaba. La corrupción es una tremenda amenaza para la democracia. Y si a eso se suma el tema del populismo en políticas económicas y sociales que son desastrosas desde el punto de vista de resultados... Ese cóctel es muy complicado porque finalmente la gente pierde toda la confianza en las instituciones.

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