RENATO OPERTTI

"En Uruguay no se discute para qué y qué educar"

Para el jerarca de la UNESCO llegó el momento de “reformatear el sistema”, unificar lineamientos en la formación de los alumnos de tres a 18 años y darle autonomía a los centros educativos para elegir a sus docentes y sus formas de educar.

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"Uruguay no es viable con estas tasas de expulsión de Secundaria". Foto: A. Colmegna

El gran cambio que Renato Opertti aspira para la educación entra en una mesa. En una punta coloca el estuche de los lentes. En el otro extremo pone su celular. Y explica: la línea imaginaria que une a los dos objetos es el "viaje educativo", el recorrido que un alumno hace desde los tres hasta los 18 años y que después marcará prácticamente el resto de su vida. A Opertti lo apremia conocer qué espera la sociedad de ese trayecto y para qué; en eso se le van sus días trabajando para la Unesco, en Ginebra, o recorriendo distintas escuelas del mundo. Aunque lo que realmente lo desvela, como uruguayo y gurú en el tema, es que Uruguay no tenga siquiera una postura común (y tajante) sobre lo que los técnicos llaman "marco curricular".

Por si la alegoría de la mesa no alcanza, imaginemos que la educación es una fábrica. El marco curricular es lo que la sociedad pretende que esa fábrica haga con sus productos (niños); cómo saldrán de allí; con qué sentido y cómo serán evaluados, aun cuando cada tipo de industria (léase la escuela A o la B); tenga sus particularidades y su estrategia para modelar el producto. Eso sí, aclara Opertti, esto pretende dar un orden y posicionar a un país hacia el futuro, pero "no significa homogeneizar la educación ni que todos los estudiantes sean iguales".

Al contrario. Opertti da un poco más de cuerda a la imaginación y asegura que, a la larga, "los centros educativos podrán elegir sus propios recursos humanos (adiós a la discusión sobre las horas docentes), administrarán sus espacios y los estudiantes trabajarán en grupo en proyectos anuales". La única condición es que todos respondan al para qué y qué se quiere de la educación, tal cual establece el marco común. Y esto, aunque pueda parecer una "obviedad" implica "reformatear el sistema".

Las autoridades de la ANEP presentarán mañana el documento base hacia un Marco Curricular de Referencia Nacional, más conocido por su sigla MCRN. La casualidad quiso que hoy Opertti, este uruguayo que coordina el Programa de Innovación y Liderazgo en Currículo de la Unesco e integra el colectivo Eduy21, dicte un taller sobre el tema en la Universidad Católica (a las 19 horas).

—¿Qué características tiene que tener un marco "a la uruguaya"?

—Desde el punto de vista etario, en Eduy21 planteamos que hay dos momentos básicos: uno de los tres a los 14 años y otro de los 15 a los 18 años. Sobre los ejes, son cuatro bloques. El primero es sobre la alfabetización. Antes un alfabeto era quien supiera lengua y matemáticas. Ahora la alfabetización es eso y, además, saber segundas lenguas, pensamiento computacional, la formación ciudadana, cultural y financiera. Lo segundo son las herramientas metodológicas: cómo preparamos a los alumnos para resolver problemas. No se trata de responder solo un ejercicio de Biología o Matemáticas, sino el pensamiento crítico, el trabajo en equipo, la búsqueda de soluciones. Lo tercero, es el desarrollo y cuidado de las personas: cómo se cuida la salud, el medioambiente, cómo gerenciar nuestras propias vidas. Y el cuarto es asumir que los alumnos van a vivir en un mundo que será local y global, ya no será solo un ciudadano local, en su tierra. Por tanto, habrá que conocer sobre culturas, tradiciones, valores universales, sostenibilidad, etc.

—Ante los problemas actuales de aprendizaje, ¿es viable sumarle más carga horaria?

—Está todo interrelacionado. Esas competencias no son separadas, son una vinculación que hacen a una persona competente. El 65% de los alumnos que están en la escuela hoy, a nivel mundial, trabajarán en tareas que hoy no existen. Para eso, hay que darles herramientas de creatividad, innovación y visión de mundo para conectarse con los otros.

—La académica sueca Inger Enkvist dijo a El País que la clave está en la vieja escuela, disciplinada y con asignaturas...

—Esa es un mirada desactualizada. En otro mundo las asignaturas clásicas a lo mejor hacían la diferencia, o lo hacían para algunos alumnos. Hoy lo fundamental es más amplio.

—¿Es el fin de las asignaturas?

—No necesariamente. Hay cuatro bloques que ordenan asignaturas. Y cada centro le da su temática para abordar esas asignaturas que, a la vez, responden a las competencias comunes desde los tres a los 18 años. Eso no se puede hacer con una educación fraccionada; tenés que reformar la gobernanza de la educación.

—¿Está pensando en un cambio constitucional?

—Eduy21 no está cerrado a ningún tipo de cambio. Sí decimos que este año se tiene que definir la propuesta y en el 2018 se debe efectivizar qué herramientas se necesitan para el cambio. Es claro que tiene que haber un cambio normativo, un nuevo estatuto docente, cambios en la gobernanza y en la reglamentación de centros.

—¿Esto tiene su bajada o es un planteo desde un escritorio?

—No se puede dejar de cambiar porque hay ciertos problemas o, como dicen algunos docentes sindicalizados, porque "las condiciones no están dadas". Eso es falta de liderazgo. Si no se confía en las reformas, estamos en un problema mayor. El Uruguay no es viable con las tasas de expulsión que hay en Secundaria. Tampoco es viable haciendo cambios marginales.

—¿A qué cambios se refiere?

—En Uruguay hemos tendido a relegar la discusión de fondo. Todos los debates están centrados en las condiciones edilicias, los salarios, el equipamiento, los puntos del PIB, la asignación de horas y se discute menos para qué y qué educamos.

—Pensar los temas del futuro, ¿no se reduce a una mirada economicista y tecnológica?

—Al revés, es una mirada más humanizante. El marco curricular tiene que leer lo que pasa en la sociedad. Hoy la educación en Uruguay está dividida en niveles y solo pensada para qué sucede a la interna de cada nivel; no hay una mirada global. La idea es que se defina qué competencias y conocimientos tiene que adquirir un estudiante, durante su viaje educativo, para su vida personal, para el trabajo y la sociedad en general.

—Para que el marco sea común a todos los estudiantes, ¿hay que emparejar hacia abajo?

—Lejos de reducir la exigencia, el marco curricular es la garantía de que todos los alumnos, independiente de su contexto y sus condiciones, adquieran determinadas competencias y conocimientos que los van a convertir en ciudadanos, trabajadores y personas con capacidad de incidir en su sociedad.

—Pero, ¿todos los niños deben aprender lo mismo?

—No. De tres a 18 años van a tener hilos comunes para que todo fluya. Pero cada centro educativo puede tener su contratación de docentes, sus proyectos. Es el fin de los colegios autorizados, habilitados, público de gestión privada… porque pierde sentido la distinción. Hay un marco común a la sociedad uruguaya (ese es el piso de equidad).

—¿Tiene sentido que la discusión se reduzca a la ANEP?

—Es una discusión parlamentaria y de asumir un liderazgo político. En Finlandia es el Parlamento el que fija el marco curricular y lo actualiza cada determinados años.

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