LA COLUMNA DE PEPEPREGUNTÓN

Tupaversos

Un libro recientemente presentado por la periodista María Urruzola revela que en los años noventa, cuando tenían representación en el Parlamento y juraban adhesión a la democracia, los tupamaros perpetraban robos para financiar su actividad política, subsidiar a algunos de sus militantes y mantener la radio y el quincenario con que por entonces contaba el MLN-T.

¿Se entiende? En plena democracia, un sector político que proclamaba su apego a la Constitución y la ley, robaba y asaltaba a instituciones privadas, particulares y hasta alguna dependencia del mismísimo Estado para hacerse de dinero. Y todo en conocimiento de algunos de los líderes tupamaros, incluyendo al más tarde presidente José Mujica. Sí, Mujica.

Robaban a mano armada. Pero no unos pocos pesos, para calmar los ruidos de la barriga, sino millones de dólares que iban a la política. Y que además permitían armarse, para perpetrar otros asaltos y para estar bien pertrechados para enfrentar a las fuerzas del orden en los alrededores del Hospital Filtro en 1994.

También nos venimos a enterar ahora que entre los héroes tupamaros que combatieron a la dictadura había varios que, en los cuarteles, daban nombres de sus compañeros de armas y hasta advertían que fulano o mengano no se entregarían con vida. Que el Ñato Fernández Huidobro cantaba mejor que el gran Carlos Gardel. Que Lucía Topolansky había entregado al propio Mujica. Y que luego le colgaron el sambenito de traidor a Amodio Pérez, armando un relato que hasta el momento nadie discutió.

¿Ninguno de estos exguerrilleros fabuladores, que delinquieron en democracia, entregaron a compañeros durante los años de plomo, y volvieron a armarse y a robar en los años noventa, tiene las agallas de dar la cara, admitir estos hechos y pedir disculpas?

¿Alguno de estos gerontes, que han recorrido el mundo contando sus pretendidas hazañas pero ocultando su oscuro pasado, tendrá el coraje de afrontar sus responsabilidades y, en especial, de decirles la verdad a los jóvenes que les han seguido e idolatrado?

¿Qué más habrá hecho esta gente para conquistar la mayoría del Frente Amplio y para llegar al poder? ¿Cuánto tiempo y cuántos libros más tendrán que pasar para que nos enteremos de otras cosas que no sabemos y que estos señores han ocultado por tanto tiempo?

El Frente Amplio, que con la férrea oposición de Líber Seregni terminó aprobando el ingreso de los tupamaros a la coalición, ¿no va a decir nada? ¿No va a pedir explicaciones?

A la hora de financiar una campaña para alcanzar el poder, ¿vale todo?

¿Y la oposición? ¿Por qué algo tan grave ha sido revelado por un libro de una periodista de izquierda, cuando algunos otros libros ya habían advertido en 2006 y 2007 de algo así? ¿Qué estaban haciendo que no fueron capaces de hacer lo que hubiera permitido al país conocer, de verdad, al tupamaro que llegó a la Presidencia en las elecciones de 2009 y a sus viejos compañeros de armas?

¿Hasta cuándo los tupamaros van a seguir determinando los destinos de este país y contando la historia como les conviene para alcanzar sus objetivos?

¿Hasta cuándo los uruguayos van a negarse a ver la realidad?

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