Miles de personas dejan ofrendas para agradecer los milagros de dos niños

Dos tumbas que atraen a creyentes y a turistas

En Treinta y Tres y Cerro Largo dos niños fallecidos hace 86 y 106 años conmueven a miles de uruguayos que los veneran como si fueran santos. Uno de ellos es Dionisio Díaz y la otra es María Amelia Ferreira.

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En Melo, la tumba de la niña María Amelia convoca a miles de fieles. Foto: N. Aráújo

A ambos la religiosidad popular los ha elevado a la condición de "niños milagrosos" y ayer, día de los Fieles Difuntos, recibieron cientos de visitas.

Deportistas, estudiantes, personas enfermas o hasta quienes se sienten afectados por "mal de amores" rezan con fervor a ambos niños fallecidos. Muchos agradecen los favores recibidos con las más diversas ofrendas, según se puede leer en las decenas de placas colgadas en sus sepulcros y monumentos.

María Amelia Ferreira murió cuando tenía dos años, el 8 de septiembre de 1906. Pasados 56 años del deceso, fueron a reducir sus restos y el cuerpo permanecía intacto. Desde ese momento se convirtió en la "Niña Milagrosa" de Melo.

Los fieles piden favores, varios ellos dicen que "la niña cumple" y que ellos agradecen con regalos en su tumba.

El funcionario municipal Almir Álvarez fue el primero en ver el cadáver de María Amelia. "Parecía una muñeca, como si su fallecimiento hubiese ocurrido recientemente, estaba como embalsamada", explicó a El País el funcionario, hoy jubilado.

Álvarez recordó que el cuerpo tenía las uñas largas e intactas, piel blanca, su cabellera le llegaba hasta la mitad del cuerpo "como si le siguiese creciendo a pesar de los años que estaba enterrada. Me quedé helado y pedí que me sacaran de allí", aseguró.

Hay quienes agradecen sus favores entregándole muletas, libros, dinero y hasta joyas. Las ofrendas de valor son colocadas por una ranura al costado de la lápida para impedir los robos. "Sus milagros, según muestran los agradecimientos y las ofrendas, comenzaron recién en la década de 1980", dijo un funcionario del cementerio de Melo.

Dionisio.

Algo similar ocurre en el cementerio de Treinta y Tres donde en el panteón de Dionisio Díaz también se puede ver ofrendas. La historia que lo hizo héroe ocurrió el 10 de mayo de 1929, en el pueblo Mendizábal, conocido luego como El Oro.

En medio de un ataque de locura, el abuelo tomó un cuchillo y mató a la madre del niño y su hermana. Cuando Dionisio se enteró, buscó a su tío, quien al oír lo que acontecía salió de su habitación y se trabó en lucha con el abuelo. Allí resultaron heridos el tío y Dionisio.

El pequeño, herido en el vientre, moriría al otro día luego de llegar a un lugar seguro con su hermana Marina.

La Iglesia no piensa canonizar a Dionisio

La religiosidad popular y las decisiones de la Iglesia Católica no siempre van por el mismo camino. Pasaron 86 años de los hechos que llevaron al niño Dionisio Díaz a ser un héroe popular y la Iglesia no tiene entre sus planes canonizarlo aunque varios devotos de la zona le adjudican milagros.

"La admiración que sentimos todos por Dionisio está fuera de discusión, es un héroe", el obispo de Melo, con jurisdicción sobre Treinta y Tres, Heriberto Bodeant.

En tal sentido, aclaró que las normas de la Iglesia para el nombramiento de santos "son muy estrictas" y "el plazo transcurrido desde el episodio también influye".

Indicó que el proceso de canonización requiere de "una edad mínima y él (Dionisio Díaz) está por debajo" para ser tenido en cuenta.

Habitualmente, "cuando muere alguien con fama de santidad y hay un movimiento detrás de eso, la Iglesia lo canaliza", explicó.

"Confirmar un milagro puede ser llevar mucho tiempo y supone un examen muy riguroso. Con esto la Iglesia no dice que la santidad no se encuentre en otras personas, simplemente es que la vida de una persona puede ser considerada canon, es decir norma. Alguien que con su vida muestra el camino de Jesús", aseveró.

Monseñor Bodeant dijo desconocer los detalles del caso de María Amelia Ferreira y aseguró que se enteró del asunto por un viejo recorte de diario que alguien le facilitó.

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