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Un tren de tambores por el sur

La comparsa pasó y prosigue por su camino. Los tambores llaman como lo hacían sus ancestros para reclutar adherentes. Desfilando sobre el pavimento que encubre rieles de tranvías y adoquines transita por la calle Isla de Flores, a lo largo de nueve cuadras.

Es la comparsa de Arotxa, que cada año, sobre el papel de diario, suma más componentes, más tambores chicos, repiques y los pianos que comandan la cuerda, para rememorar en blanco y negro una fiesta de africanos libertos y criollos teñidos con cenizas de corcho o betún, es decir los lubolos.

Ese visible incremento de tocadores que registra la comparsa de Arotxa proyecta a la vez la expansión del ritmo candombero por barrios de Montevideo, más allá de las cunas tradicionales de Sur, Palermo y el Cordón.

Y también fuera de fronteras de la capital, en un fenómeno que comenzó a darse en la década de 1990 hasta provocar la creación de una segunda noche de Llamadas, para hacer posible el acceso a la competencia de las nuevas comparsas surgidas desde el Cerro hasta Malvín.

Detrás de los estandartes, estrellas, medialunas, vedettes, cuerpos de baile, gramilleros y mama viejas, como los tamborileros de Arotxa, vestidos cada uno con su dominó, esa capa que imitaba el atuendo de los soldados colonizadores, cientos de negros y lubolos activarán esta noche la adrenalina de jóvenes y turistas, pero a la par le golpearán el pecho y la memoria a los veteranos espectadores, abigarrados todos en angostas veredas, dando la clave con las palmas de sus manos.

Añoranzas negras.

En el tumulto de esta fiesta de Momo, municipalizada en 1956, no faltarán quienes añoren los tiempos de llamadas más serpenteantes, como aquellas que en los´70 arrancaban desde la rambla y Paraguay y continuaban por Carlos Gardel, Ansina, San Salvador, Magallanes, Durazno y Cuareim.

En el túnel del tiempo abierto por la comparsa que pasa, emergen los títulos de quienes en 1903 reclamaban la creación de una categoría especial para competir y amenazaban con ausentarse si no recibían premios.

Por ejemplo los Negros Hacheros, los Esclavos del Nyanza, los Hijos del Congo, los Negros Libertadores, los Pobres Negros Cubanos, los Esclavos Africanos, los Esclavos de la Habana y los Esclavos de Mozambique. Todas estas agrupaciones consiguieron en 1905 que al fin se consagrara la categoría de Negros y Lubolos para concursar en Carnaval junto a otros conjuntos, en espectáculos que establecieron la prehistoria del evento actual organizado en el Teatro del Parque Rodó.

Existen testimonios que ubican el origen de los lubolos en 1874, pero el primer grupo "certificado" apareció en 1876; se llamó Negros Lubolos. Como comparsas callejeras, las de los blancos pintados precedieron a las de los negros. Un cronista del periódico La Tribuna del 26 de febrero decía: "Hemos asistido al ensayo general de esta comparsa, compuesta de negros blancos que respiran sprit. Los cantos y bailes sui generis que ejecutan con la misma perfección que hemos visto más de una vez a los propios negros ejecutar en sus sitios o candombes, ha de llamar la atención del público y de las numerosas familias que piensan visitar".

Mientras estos grupos de blancos se componían con 26 integrantes, los de raíz africana superaban los cuarenta.

La indumentaria de los lubolos era la de los esclavos de las fazendas brasileñas o ingenios cubanos. Además de tambores llevaban mazacallas, guitarras y violines. Para disimular la ausencia de motas se envolvían la cabeza con un gran pañuelo colorido.

Escobillas al cielo.

En las primeras décadas del siglo XX no todo sin embargo era trance feliz y jolgorio pacífico. Los escoberos no eran meros malabaristas, sino los comandantes de una danza con connotaciones guerreras, donde los vencedores quitaban trofeos a los derrotados: banderas, estandartes o estrellas.

Mientras los componentes de cada comparsa solo miraban, los escoberos se trincaban hasta que uno caía a tierra y el otro elevaba la escobilla al cielo. Asi lo han documentado las investigaciones del musicólogo Lauro Ayestarán y las crónicas de Julio César Puppo "El Hachero".

Todo un espectáculo aparte era la movilización vecinal en torno a cada encontronazo, como lo rememoró Juan Carlos Patrón.

"De los excitados integrantes de cada comparsa surgía un rumor salvaje, como viento de jungla, precursor del inevitable final, cruento. Los vecinos se apresuraban a entrar a sus hijos pequeños y al perro, sacaban de la ventana la jaula del canario y cerraban con doble tranca la puerta de calle. Ya seguros de la inexpugnabilidad de la fortaleza familiar, se animaban a subir a la azotea a presenciar el descalabro final".

En la década del ´40 la violencia callejera estaba dejando lugar al desarrolo de repertorios nostálgicos, de canciones con un espíritu tanguero que hasta no hace mucho tiempo se presentaba sobre los escenarios.

Por entonces los lubolos todavía se pintaban la cara de negro, por ejemplo la premiada comparsa Los Congos Humildes, Premio especial del ´41 y Primer Premio al año siguiente, cuando entonaban estas estrofas: "En la milonga de los Congos/ la milonga que resuena/ con los amores y las penas/ que en los pechos se encadenan/ es la milonga de las noches/ que iluminan las estrellas/ es el temblor de un corazón/con el compás de una emoción./ En la tristeza de los barrios/ van dejando tus acordes/ y en los bailongos del suburbio/ sos cadencia de varones./ En tus requiebros compadrones/ hay mil puñales vengativos/ y mil caricias escondidas/ y recuerdos muy sentidos./ Tus notas son todo el ayer/ que no podrá jamás volver./ Tus notas son el barrio aquel/ con su farol de triste luz./ Tus notas son la negra cruz/ de aquel querer que fue cruel/ y nos dejó/ tan solo nostalgias/ en el corazón".

En el túnel del tiempo abierto por la comparsa que pasa, surgirá también la gloriosa Morenada, la comparsa del Mediomundo que nació en 1953 a impulsos de la familia Silva, en la pieza "Yacumenza", una suerte de capilla adentro del viejo templo de la cultura afrouruguaya, lugar de inquilinato de la raza negra, que tenía 54 habitaciones repartidas en dos plantas en torno a un amplio patio con 32 piletas de lavar y un aljibe. Todo demolido en 1978.

Habrá 700 policías y 500 empleados municipales


En 2006 se efectuó la última Llamada organizada en una sola jornada. Desde entonces la fiesta se reparte entre jueves y viernes. Hoy desfilarán 19 comparsas desde las 20.30 horas.

Trabajarán en la seguridad cada día 700 policías y la IMM destina 500 funcionarios. Se espera que asistan hoy alrededor de 20.000 personas y mañana 30.000. La venta de sillas se realiza en la propia zona del desfile, aunque para la segunda jornada se estima que no habrá lugares disponibles de acuerdo a los primeros datos de las agencias que hicieron la venta anticipada. En el palco de autoridades estarán los candidatos a intendente de Montevideo, Álvaro Garcé, por el Partido de la Concertación, y Daniel Martínez por el Frente Amplio.


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