El hombre nuevo

El traje reemplaza al overol

Una gran cantidad de dirigentes sindicales se ha convertido en legisladores o en jerarcas de gobierno. La independencia sindical de los partidos políticos ha sido casi siempre una ficción en Uruguay, pues cada quien echa agua para su molino. Pero otros lo ven como un salto natural que “está en la concepción ideológica del militante”. O del empresario.

Juan Castillo, Héctor Florit y Walter Pintos Risso.

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MIGUEL ARREGUIsáb dic 27 2014

A lo largo de la historia uruguaya muchos sindicalistas saltaron la barrera y se sentaron en el Parlamento o en algún puesto ejecutivo del gobierno: desde el portuario Eugenio Gómez al transportista Víctor Rossi, desde el "Ñato" Enrique Rodríguez, de la industria del cuero, a Héctor Florit, del sindicato de maestros.

Entonces, en estos casos, rechinan conceptos como la "independencia de clase" o la presunta autonomía de los sindicalistas respecto a sus partidos, lo que en Uruguay ha sido una ficción. En los hechos casi siempre los dirigentes sindicales han echado agua para un molino partidario. Pero no es sólo cosa de proletarios. También ha habido muchos empresarios que un día pasaron de la actividad gremial al gobierno: desde el constructor Walter Pintos Risso al industrial panadero José Villar Gómez.

"Un traspaso natural".

El fenómeno de los dirigentes sindicales puestos a burócratas o a políticos lisos y llanos se tornó masivo a partir de 2005, cuando la coalición de izquierdas Frente Amplio asumió el gobierno nacional. El estatuto de la central sindical Pit-Cnt considera incompatible el ejercicio de un cargo político, por lo que la seguidilla de renuncias provocó cierto vaciamiento de líderes experimentados.

Antes aún, en 1984, el Frente Amplio incluso recurrió a José DElía, uno de los fundadores de la CNT y eterno presidente de la central, como candidato a la Vicepresidencia de la República. Entonces Líber Seregni y otros líderes estaban proscriptos.

La fuga de la actividad sindical a la política "es un traspaso natural", opina Richard Read, veterano dirigente de la Federación de Obreros y Empleados de la Bebida (Foeb). "Está en la concepción ideológica del militante, que va escalando hasta dar el salto".

Incluso el nombre del propio Read, uno de los protagonistas de la apertura democrática a inicios de los 80 y ahora vinculado a Asamblea Uruguay, sector del vicepresidente Danilo Astori, fue mencionado, y luego se descartó, como candidato a la Intendencia de Montevideo en las elecciones de mayo próximo. De hecho, muchos de los dirigentes sindicales que actuaron durante la apertura democrática, en especial desde 1983, se integraron años después a la actividad política plena.

Actuales y olvidados.

El de Víctor Rossi es un caso paradigmático. Militante comunista, en la década de 1970 fue chofer de ómnibus y dirigente de la Federación de Obreros del Transporte. A partir de 1990, bajo el liderazgo de Tabaré Vázquez, fue designado director de Tránsito y Transporte de la Intendencia de Montevideo y luego director de Obras. Abandonó el Partido Comunista y fue diputado y hasta gerente del diario La República. Entre 2005 y 2010, en la primera Presidencia de Vázquez, fue ministro de Transporte y Obras Públicas, cargo que reasumirá el próximo 1º de marzo.

El tránsito de sindicalista a dirigente político y legislador es muy antiguo, en especial entre los comunistas: Enrique Rodríguez, Wladimir Turiansky, Jaime Pérez, Enrique Pastorino y tantos otros. También los socialistas han navegado esas aguas. Por ejemplo Eduardo "Lalo" Fernández, por muchos años dirigente de los empleados bancarios (Aebu) y del Pit-Cnt, fue secretario general del PS, cuyo Comité Central integra desde 1987. En 2002-2003, junto a otros dirigentes sindicales, contribuyó al diseño de una salida a la grave crisis financiera que implicó la quiebra o la intervención de varios bancos.

Celestino Mibelli, hoy olvidado, tuvo un protagonismo extraordinario. Fue uno de los fundadores de River Plate, el club de fútbol de los vendedores de diarios ("canillitas"), primer secretario de la Confederación Sudamericana de Fútbol (CSF) y gerente de la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF). Trabajó junto a José Batlle y Ordóñez en el diario El Día, luego se incorporó al Partido Socialista y resultó electo a la Asamblea General Constituyente de 1916 y a la Cámara de Representantes en 1919, junto a Emilio Frugoni. En 1921 rompió con Frugoni y contribuyó a crear el Partido Comunista (PCU), del que fue diputado y secretario general hasta 1927, cuando lo expulsaron por "desviacionismo" y "traición", en los inicios del dominio absoluto de Eugenio Gómez (otro dirigente sindical devenido en legislador y secretario general del PCU durante dos décadas, hasta su propia expulsión del partido por el sector liderado por Rodney Arismendi).

Cuando el Frente Amplio asumió por primera vez el gobierno nacional, decenas de personas, tal vez más de un centenar, se integraron a los cuadros burocráticos del Estado. Antiguos sindicalistas, muchos de ellos con vasta experiencia, pasaron a desempeñar cargos en el sistema de enseñanza pública, en el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social o en el Poder Legislativo —como parlamentarios o como asesores.

Haber pasado por la actividad sindical no asegura, ni por asomo, que alguien pueda desempeñarse bien como ministro, gerente o legislador. De hecho, muchas veces son funciones antitéticas. Tampoco todos salen bien parados tras el cambio de papeles. El caso más célebre de fracaso es el de Alfredo Silva, quien fue director —en representación de los trabajadores— de la Administración de Servicios de Salud del Estado (ASSE) entre 2008 y 2014. Cayó en julio de este año tras develarse una trama de presiones, tráfico de influencias, "acomodos" y presuntos sobornos. Silva, quien en ciertos períodos colocó y sacó jerarcas de hospitales a su gusto y conveniencia, en su caída fue abandonado incluso por la dirección del Pit-Cnt. En casos de corrupción "no cierro filas ante nada ni ante nadie", dijo entonces Richard Read.

El gran salto de los viejos militantes

Entre los exsindicalistas convertidos en gobernantes se cuentan Enrique Pintado (ministro de Transporte saliente, exlegislador, antiguo comunista militante de la FUS), Daniel Olesker (titular de Salud Pública y luego del Mides, actual socialista, militó en su juventud en el Movimiento 26 de Marzo, afín a los tupamaros), Daniel Martínez (senador socialista que presidió Ancap y fue ministro de Industria), Rubén Villaverde (antiguo dirigente sindical de OSE y hoy director del Sistema de Responsabilidad Penal Adolescente, Sirpa), Ernesto Murro (maestro, antiguo dirigente del sindicato maderero, presidente del BPS y futuro ministro de Trabajo y Seguridad Social), o Luis Romero (líder sindical de origen anarquista, exempleado de Funsa, actual director nacional de Trabajo).

De los gremios empresariales al gobierno

"El fenómeno (de cambio de funciones) se da en ambos lados del mostrador", dice Richard Read. "Durante los gobiernos de blancos y colorados hubo dirigentes de gremiales empresariales que pasaron a actuar como ministros y en otros cargos jerárquicos oficiales". Pone como ejemplo los casos de José Villar, empresario y ministro de Industria, Energía y Minería entre 2003 y 2005; o de José Villar Gómez, también empresario colorado, accionista de El Maestro Cubano y dirigente de gremiales como la Cámara de Industrias, quien fue ministro de Turismo entre 1987 y 1994. Otro caso notable fue el de Walter Pintos Risso (ver recuadro). También algunos cuadros burocráticos del Ministerio de Trabajo durante gobiernos blancos o colorados se incorporaron como representantes del sector patronal a los Consejos de Salarios.

A la hora de elegir

Óscar Andrade, dirigente del sindicato de la construcción (Sunca), fue electo diputado por el Partido Comunista. Antes del 15 de febrero deberá optar, como Juan Castillo (en la foto) debió elegir en 2005 entre el Senado o la dirección del Pit-Cnt.

De la empresa al gobierno

No sólo sindicalistas cambian de función. El empresario Walter Pintos Risso fue ministro de Obras Públicas entre 1967 y 1972, durante los gobiernos de Gestido, Pacheco Areco y Bordaberry. Destacó por su ejecutividad y un vasto Plan Nacional de Vivienda.

De la túnica a la dirección

Héctor Florit, actual presidente del Consejo de Educación Inicial y Primaria (CEIP), fue en los años 90 el único miembro de la dirección del Pit-Cnt afín al Partido Nacional. Pero la gran mayoría proviene de la izquierda sindical de raíz marxista.

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