INUNDADOS CUENTAN SUS PERIPECIAS

La tragedia de los desplazados por el avance del río Uruguay

Cada vez más seguido, cientos de familias deben abandonar sus viviendas.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Heber: quiere mudarse pero no le financian una casa con 70 años. Foto: L. Pérez

El temor se apodera de los vecinos del litoral. El río Uruguay seguirá creciendo y se prevé para el fin de semana que supere el nivel de los 15 metros en las costas la ciudad de Salto, según anunció la Comisión Técnica Mixta de la represa de Salto Grande.

El dato oficial incrementa la incertidumbre entre los 3.781 desplazados de Salto, Paysandú y Bella Unión que no saben cuándo volverán a sus casas. Mientras tanto, miles de familias se preparan para abandonar sus viviendas en los próximos días.

Judyth Arismendi es una de las 2.117 personas desplazadas que hay en Salto, la ciudad más afectada. Improvisó una carpa en la esquina de Cervantes y Juan Carlos Gómez. Allí se cobijó cuando las aguas llegaron a la altura de los 13,30 metros. En medio de su drama personal alienta a sus vecinos a no bajar los brazos y ofrece consuelo a más de uno por la situación que les toca vivir.

"En enero de 2016, después de las inundaciones de Navidad tuve dos infartos, los sufrí cuando retorné a mi casa luego de varios días que estuviera sumergida por la inundación. No soporté el hecho de que me hayan robado lo poco que tenía y la pasé muy mal de salud", dijo a El País.

La mujer tiene su vivienda calle por medio del Centro Regional de Profesores (CERP) en el barrio La Estrella. Es madre de 13 hijos y crió otros tres como si fueran propios.

Asegura que lo único que desea en la vida, y le pide a Dios, es que le construyan un rancho en un cerro. "Aunque no tenga agua ni luz, no importa", afirma. Cree que vivir en una zona elevada le evitará volver a sufrir las inundaciones.

"Estoy cansada de pasar dificultades por las crecidas del río, cada vez se producen con mayor frecuencia", dijo.

Judyth fue trabajadora de la cosecha de la naranja. El mes pasado se jubiló, aunque todavía no sabe si cobrará su primer sueldo esta semana o el mes que viene. "No fui a la escuela pero a mis hijos no les faltó educación ni comida. Si tenía que salir a juntar botellas, no sentía vergüenza", contó sobre sus circunstancias económicas.

Con orgullo señaló que con ese trabajo de recolección de plásticos pudo regalarle una trompeta a uno de sus hijos, que es militar y toca ese instrumento.

Drama.

Sobre los perjuicios de las inundaciones y el futuro, no es optimista respecto de una solución a corto plazo.

"En el terreno nuestro tenemos mi casa y las de otras dos hijas con familias aparte. Yo no las puedo abandonar, ni ellas a mí. O nos vamos todos o nos quedamos pase lo que pase", afirmó.

Con respeto a la decisión de permanecer acampadas en la calle como la mayoría de los evacuados, explicó que no hay otra alternativa porque el robo es inevitable. "En el 2015 me desvalijaron y hasta la garrafa me llevaron porque fue tan rápida la crecida que había quedado todo dentro de casa. Por eso nos quedamos, uno duerme de noche y otro vigila".

Frente a las instalaciones del Cuartel de Bomberos en donde funciona el Cecoed, no son pocas las personas que están acudiendo en pedido de apoyo.

Mujeres con niños, hombres y adultos mayores concurren a registrarse y a plantear sus necesidades. "A mí es la segunda vez que me corre le río pero tengo dónde ir; el tema es que no consigo en dónde poner los muebles" dijo una joven con un niño en brazos.

"En la carpa es jodido con poca lana y todavía sin laburo. No tenés ni para comprar una mora", dijo Carlos, un joven padre de familia que fue a pedir frazadas y un colchón

Salud.

Médicos consultados por El País sobre el estado de salud de los desplazados, principalmente aquellos que se encuentran ocupando carpas con niños, manifestaron su preocupación por posibles casos de problemas respiratorios en bebés y niños de corta edad que van detectando.

Los profesionales que asisten a los evacuados indicaron que notifican a los responsables de los pequeños sobre la conveniencia de acudir a una policlínica para una mejor atención y que luego es responsabilidad de los padres concurrir o no.

"Que preocupa la situación de estos niños, sí que preocupa y esto recién comienza", dijo ayer a El País una profesional de la salud en ocasión de visitar a un grupo de evacuados en la zona sur de la ciudad.

"Nunca tuve oportunidad de irme".

Heber Paz vive desde hace 40 años en la calle República Italiana y ya no recuerda cuantas veces lo han desalojado las inundaciones. "Mire que sigo en este mismo lugar porque nunca me dieron la oportunidad de construirme una vivienda en un lugar más seguro. Con 70 y pico de años que tengo, nadie me puede financiar una casa", afirmó. Se encuentra en una carpa junto a su esposa y una hija. Ayer con el río a una altura de 14,40, el agua alcanzaba a las ventanas de su finca. Lo que más le preocupa es que cuando el agua llegue a 15,70 ya habrá llegado al techo de su vivienda y él tendrá que mover la carpa hacia la calle. "Me angustio porque no hay ni un terreno vacío en el barrio y nos vamos a tener que mudar con la carpa para la calle", dijo Paz a El País.

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