JORNADA PRODUCTIVA

No todos perdieron plata en Melo con la visita papal

A contrapelo del mito, algunos hicieron un buen negocio.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Carpintero: la llegada del Papa le reportó ganancias y compró un torno. Foto: Néstor Araújo

No fueron muchos, pero esos pocos vieron temprano en la mañana del 8 de mayo de 1988 que esa jornada iba a ser muy productiva para las ventas de comestibles, en los cerca de 200 puestos que se armaron alrededor de la "Explanada de la Concordia" en Melo, en Ruta 8 y la calle Muñoz

Widney Noda, un carpintero que tiene su casa justo enfrente a la explanada, por la calle Oribe, donde el papa Juan Pablo II pronunció su homilía, dijo estar agradecido con Dios porque con lo que recaudó vendiendo tortas fritas y café se pudo comprar un torno nuevo para su carpintería.

Widney contó que nunca quiso contradecir a quienes se instalaron para vender y les fue mal y "mucho menos quise rebatir la película El baño del Papa, aunque me enteré que pintan una realidad muy fea y triste. Pero ahora, en el ocaso de mi vida, quiero dar mi testimonio y el de una vecina de enfrente que vendió 360 milanesas al pan el mismo día", contó.

Vigilia.

Con otra vecina de enfrente, (que no vendió nada, pese a que tenemos las casas justo frente a donde desemboca la calle Oribe sobre la explanada), pensamos montar un improvisado puesto de comidas al paso. Con mi señora elaboramos masa para 300 tortas en una primera instancia, pensando que nos iba a sobrar, y abrimos a las 8 de la noche del día antes —o sea del 7 de mayo— para atender a las personas que venían a permanecer en la vigilia la noche entera; y le digo que esa misma noche vendimos las 300. En la madrugada mi esposa tuvo que agarrar más harina y amasar más tortas para el día mismo de la visita", comentó.

"A las 9 de la mañana, faltando poco para que el Papa llegara, ya había vendido 150 más y cerca de 200 tazas de café", comentó emocionado. "Dios me ayudó mucho", agregó.

"Se me ocurrió la idea de poner un techo con una lona, de manera de proteger a las personas de la lluvia y de la niebla que se presentó esa noche y durante la mañana, y eso fue lo que me salvó. Esa protección tenía cerca de 7 metros de largo por 4 de ancho y debajo había decenas de personas mirando la ceremonia. Y todos consumían tortas fritas y café", dijo.

Al término de aquella inolvidable jornada, cuando ya no quedaba nadie, les terminó vendiendo a los puesteros vecinos que no habían logrado vender nada. "En total pudimos colocar 650 tortas fritas y más de 500 cafés", comentó memorizando el balance.

Recordó que su vecina de enfrente no pudo vender ni siquiera 30 hamburguesas.

"Tenía previsto arreglar su casa con el dinero, pero no tuvo suerte", señaló.

Película contó la otra visión.

En "El baño del Papa", el protagonista, Beto, tiene la idea de armar un baño y cobrar a los peregrinos por usarlo. Por la frontera de Aceguá, Beto trae el inodoro de contrabando en una bicicleta. Instala el baño afuera de su casa, pero los peregrinos y la gente que viene desde varios puntos, incluso desde Brasil, no compran nada ni utilizan el baño.

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