Justicia dejó en libertad a mujer que mató a su marido y lo enterró en su casa

"Por fin se terminó mi pesadilla"

La jueza penal María Noel Odriozola coincidió con la fiscal Cristina González sobre que Graciela Larrionda (57) mató en "legítima defensa" a su esposo José Cedrés y luego, sin ayuda, lo enterró en el patio de su casa hace 14 años.

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La Justicia resolvió que el caso se enmarca en legítima defensa.

Después de dos meses de interrogatorios a decenas de testigos de distintas edades y pericias, González consideró que, de acuerdo con las pruebas requeridas, no actuaron otras personas en el hecho violento que terminó con la vida de Cedrés, un pintor de casas de entonces 49 años.

La fiscal también entendió que las pruebas recogidas y la reconstrucción de la muerte de Cedrés coincidieron con los relatos brindados en la sede penal por Larrionda y sus familiares, así como de otros testigos.

González pidió el sobreseimiento de Larrionda. La jueza Odriozola podría haberse atenido al pedido fiscal y cerrado el caso. Sin embargo, en su resolución, Odriozola coincidió con el dictamen del Ministerio Público y ordenó el archivo del expediente.

Larrionda, en una entrevista concedida ayer a El País, señaló que el dictamen judicial finalizó con "un calvario" que llevaba 14 años.

—La Justicia Penal entendió que usted fue víctima de violencia doméstica causada por su marido José Cedrés y ordenó el archivo del caso. ¿Terminó su pesadilla?

—Si. Durante muchos años, de una forma u de otra, esperé que acabara mi suplicio. Porque más allá de todo lo que pasé durante años con él, estos 14 años fueron un martirio.

—¿Por qué?

—Porque tenía eso en mi corazón y no sabía cómo decírselo a mis hijas.

Lugar donde fue enterrado el cuerpo del individuo, 14 años atrás. Foto: F.Ponzetto.
Lugar donde fue enterrado el cuerpo del individuo, 14 años atrás. Foto: F.Ponzetto.

—¿Quería contárselo a sus hijas para que supieran cómo había sido el fin de su padre?

—Algún día eso tenía que pasar, aunque fuera en mi lecho de muerte. Yo quería que ellas supieran la verdad. Pasaron las cosas que pasaron. Yo no tengo palabras de agradecimientos para la señora jueza y la señora fiscal. No tengo palabras de agradecimientos para mis hijas que me supieron comprender. Lo mismo pasó con los vecinos y con otras tantas personas. Después de lo que pasó, tuve que salir a trabajar y traté de darles a mis hijas todo lo que él (su marido) no les dio. Yo salí a lavar pisos y a juntar basura para que a mis hijas no les faltara lo que comer.

—La Justicia probó que su esposo la golpeaba.

— Yo tengo marcas que nunca se van a borrar de mi cuerpo. Tengo también recuerdos de palos y con alambres trenzados.

—¿Usted declaró que Cedrés dormía con armas?

—Si. El dormía con un revólver bajo la almohada. Cuando se le rompió el revólver, dormía con un cuchillo y con la escopeta debajo de la cama.

—¿La amenazaba?

—Si. Decía siempre que me iba a matar tarde o temprano. Al fin se hizo justicia conmigo. Muchas mujeres no han podido lograr la Justicia que yo he logrado hoy (por ayer). Tuve miles de noches en que él me sacaba a trompadas para afuera de la casa. Y yo me llevaba a mis hijos conmigo. Yo siempre los llevaba conmigo. Muchas veces caminábamos con mis hijos desde la Curva de Maroñas hasta Capurro a la casa de un familiar. Luego él nos iba a buscar.

—Hasta que llegó ese día.

—Hasta que llegó ese día. Fue de mañana temprano, como a las seis.

—Cedrés se levantó y la quiso golpear. ¿Fue así?

—Si. Yo me defendí. Yo no le clavé el cuchillo. Él se lo clavó solo cuando cayó. Eso quedó bien claro cuando hicimos la reconstrucción con un policía de la Seccional 14°. (Larrionda mira a los ojos al cronista para demostrar que dice la verdad. No duda. El mismo relato dio en la Seccional 14a y en el Juzgado Penal de 20° Turno).

—¿Usted luego arrastró el cuerpo hasta el fondo?

—Si. Yo no sé si era fuerte. Era fuerte la angustia y el dolor que tenía adentro (Larrionda llora). Eso quizás me hacía fuerte. Tenía fortaleza para vivir. Mis hijas dormían.

—Esa mañana lo único que se le ocurrió fue enterrarlo. ¿No tenía otra salida?

—No. Tenía miedo. ¿Qué digo ahora a la Policía? Me van a llevar presa. Mis hijos quedan en la calle. ¿Quién se va a hacer cargo de ellos? Eran todos chicos. Yo no tenía familiares; mis padres ya habían fallecido. No tenía otra salida, se trataba de mis hijos y ellos valen más que mi vida, porque por algo los traje al mundo.

—¿Pensó que podría terminar en prisión?

—El 4 de septiembre pasado la Justicia me dejó en libertad tras tomarme declaraciones. Pasé tres noches sin dormir. Luego comencé a pensar en frío lo que me podía pasar. Si me tocaba ir presa, iba a terminar mi vida en la cárcel. Si tenía que hacer tareas comunitarias, enferma como lo estoy, lo haría. Le dije en la Seccional 14a: voy a dejar brillosa la comisaría si me mandan limpiarla. Pasé mucha angustia esperando la resolución judicial. Ahora estoy en paz conmigo mismo, con mis hijas y con la Justicia.

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