El teatro de Maggi cosechó premios, aplausos y seguirá dando que hablar

Telón final para el gran autor teatral de la generación del 45

El teatro de Carlos Maggi fue fecundo, tanto en cantidad de obras como en temas, y también en el eco que tuvo en los escenarios uruguayos, donde seguramente se siga representando, aunque quizá sin la frecuencia que en otros tiempos tuvo en la cartelera de espectáculos local.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Carlos Maggi

Si pensamos en los últimos títulos que se han visto de su autoría sobre las tablas (más allá de su participación en la ópera Il Duce), hay que citar La mujer desconocida, que Álvaro Ahunchain llevó adelante en La Candela, y El patio de la Torcaza, que Jorge Denevi realizó tiempo atrás en una versión de teatro leído, con Julio Calcagno y Mary Da Cuña, más otra versión de esa obra que se vio en el Teatro Astral, por el grupo Vamos al Sur.

Sin embargo, durante décadas, este inquieto y sarcástico escritor, periodista e historiador sacudió públicos y puso en marcha a directores, actores y demás, a través de un teatro que abarcó muchos géneros, desde piezas cortas hasta enjundiosas, en las que también proyectó su mirada social y política, y su condición de ensayista, que se extendió a buena parte de su obra. Los muchos premios que recibió por su teatro, principalmente de la Asociación de Críticos Teatrales de Uruguay a través del Premio Florencio, hablan de su destacada condición de dramaturgo, uno de los mayores de la generación del 45, que también hay que decirlo, no tuvo un dramaturgo de las dimensiones, por ejemplo, de Florencio Sánchez o Ernesto Herrera.

Desde el grotesco hasta la obra satírica y costumbrista, y desde el sketch hasta la canción para murga (colaboró con la histórica El gran Tuleque, de 1960, de Mauricio Rosencof), el teatro de Maggi se define por su variedad. Y desde temprano lo acompañó el éxito, al igual que le sucedió en otras áreas de su trabajo intelectual: vale decir, su teatro, lejos de quedar esperando en el escritorio de algún director teatral, animó la escena nacional, sin mayores interrupciones, durante más de medio siglo, desde que en 1958 la Comedia Nacional le escenificó La trastienda.

Dirigida por Carlos Muñoz y presentada en la Sala Verdi, la obra era heredera del grotesco discepoliano, y retrataba a una patética familia de comerciantes. Un elenco numeroso, donde destacaban Maruja Santullo, Alberto Candeau, Carmen Casnell, Estela Castro y Héctor Cuore, animó aquella pieza satírica que hablaba de la codicia, la falta de escrúpulos y la sordidez de la gente. La obra, que luego Júver Salcedo montó en 1979 en el Teatro del Anglo, ganó en aquel debut el premio Casa del Teatro, focalizando la prensa y el público sobre este autor cuyo nombre se repetiría temporada a temporada.

Efectivamente, al año siguiente su vio de él La biblioteca, que fue puesta en escena por la compañía independiente Teatro del Pueblo en el Teatro Victoria, dirigida por Ruben Yáñez, un director que captó muy bien la clave distorsionante que reclamaba el texto. En un registro diferente y ante un tema distinto, Maggi volvió a mostrar su solvencia para la escritura escénica, que él muchas veces acompañaba bien de cerca, asesorando al director y al conjunto de los artistas. En esa obra volcó su experiencia como funcionario de la Biblioteca Nacional, para hablar sobre una administración pública en la que los ribetes kafkianos han sido moneda corriente. Las ilusiones de un bibliotecario se van haciendo trizas, por medio de un espectáculo rico en formas y muy estimulante tanto para el director de escena como para los espectadores. También por entonces colaboró con el famoso musical Caracol, col, col, que Taco Larreta y Pepe Estruch dirigieron en Club de Teatro, obra que buscó dar un giro al repertorio de la compañía, y sacarla adelante económicamente.

Así, título a título, la obra de Maggi hizo pensar a los uruguayos sobre múltiples aspectos, muchas veces apelando al humor, al absurdo, a los tonos expresionistas. En 1960 el autor volvió a ganar el premio Casa del Teatro por La noche de los ángeles inciertos, que en clave satírica pone en juego la pasión por una prostituta. Con La gran viuda (1961), nuevamente con la Comedia Nacional, satirizó a la cultura de pacotilla, y en el oscuro sainete El patio de la Torcaza, en 1967, volvió a sorprender y a cosechar premios. La más breve lista de sus aciertos para el escenario no podría dejar de lado Frutos, así como Con el uno, Ladislao y Un cuervo en la madrugada. Maggi ayer salió de escena, pero su teatro siempre estará pronto para volver a las tablas.

Julio María Sanguinetti: "Maggi fue un defensor de las libertades"


"Carlos Maggi siempre fue un hombre de progreso, siempre fiel a los principios de libertad y solidaridad. Compartimos la convicción dentro de los colorados y el batllismo, y en los últimos años estuvo alentando estas alianzas que hoy se llaman Concertación. Fue un pionero", manifestó desde el departamento de Rivera el expresidente de la República, Dr. Julio María Sanguinetti, en diálogo con El País.

Amigo y colega de Maggi desde sus inicios en el diario Acción, donde lo conoció hace 60 años, Sanguinetti eligió destacar "su figura personal, su sentido de la amistad y su cordialidad para discrepar. Transitó generando amistad en todos los ámbitos".

Sanguinetti recordó que Maggi, junto a Manuel Flores Mora, fue el responsable de que Juan Carlos Onetti se uniera a la redacción de Acción, y reflexionó: "Escritor, ensayista agudo y periodista activo, dentro de una generación muy crítica y siendo él muy crítico, siempre fue un defensor de las libertades y del sistema democrático. No fue de esos intelectuales que en los 60 derivaron en el descreimiento de la sociedad. Hoy por hoy, Maggi era el intelectual más importante del país".

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