NICHOLAS NEGROPONTE

"La tecnología es base de la felicidad"

A 8.734 kilómetros de su laboratorio en Boston, el informático Nicholas Negroponte encontró un país motivado con su idea: entregar una computadora por niño.

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Negroponte: "En 20 años, de Uruguay saldrán personas más creativas". Foto: A. Colmegna

Gracias al Plan Ceibal, “Uruguay se ha convertido en la palabra clave para designar el modelo de la educación avanzada”, dijo ayer en el LATU el experto estadounidense. Y aunque piensa que no llegará a verlo, estimó que dentro de 20 años el país “sacará las personas más creativas del mundo”. En entrevista con El País, Negroponte reconoció que desconoce si la tecnología está proporcionando felicidad, aunque cree que es la base. Por eso espera que el Ceibal haga que ese sueño sea más colectivo.

"En 20 años Uruguay sacará las personas más creativas del mundo". Nicholas Negroponte, el hombre detrás de la idea de repartir una computadora por niño, no escatimó elogios al Plan Ceibal y aventuró un auspicioso futuro para el país.

En una escala del uno al diez, en la que 10 es la mejor calificación, Negroponte situó a Uruguay en 9,9. El que le sigue, dijo, apenas acumula cinco puntos. Para el informático, el país supo aplicar "casi a la perfección" la filosofía que él mismo había planteado en el Foro Económico Mundial, hace 12 años: "La ignorancia es una epidemia y la vacunación es el reparto de laptops a los niños".

—¿Los niños uruguayos que tienen acceso al Ceibal son menos ignorantes que los niños de antes?

—No estuve bien en hablar de ignorancia en aquel momento. Pero sí es interesante la idea de vacunación: las tecnologías, como las vacunas, deben repartirse a toda la población para que haya inmunidad, de lo contrario no surte efecto.

—Pero el exceso de vacunación también puede generar el efecto contrario al deseado…

—Aunque haya riesgos, no hay que oponerse al progreso. (Johannes) Gutenberg no hubiese podido inventar la imprenta si la gente lo hubiese increpado con que fomentaría la pornografía. En Internet hay opiniones públicas muy destructivas y que me generan tristeza, pero eso se enfrenta adelantándose y no quedándose quietos, pensando que todo pasado fue mejor.

—Aprovechando los avances, ¿en qué medida las redes sociales pueden tener un uso pedagógico?

—Esa es una mirada colonialista. Hay quienes se pasan pensando cómo aprovechar los videojuegos para aprender otro idioma, cómo usar tal aplicación para mejorar el nivel de matemáticas, siempre bajo la meta de imponer. Pero nuestra idea es que los estudiantes tengan la tecnología y hagan el uso que quieran para poder crear, como ocurre con la robótica. Esa libertad, en lugar de las pruebas de conocimiento, es la que fomenta la creatividad.

—¿Tiene sentido insistir con las laptops cuando fueron superadas por los smartphones?

—Tiene sentido. El asunto no es la plataforma sino cómo se usa. El teclado de una computadora está pensado para que la persona la pueda manejar con sus dos manos: para que acceda al mundo con ambas manos. Las ceibalitas son más pequeñas, en tamaño, por esa lógica. Es cierto que un teléfono inteligente puede ser un tamaño adecuado para un niño pequeño, pero no es amigable para trabajar con un mapa de geografía. En todo caso el tamaño de la plataforma debe adecuarse al tema y al uso que se le quiera dar.

—Al principio el Plan Ceibal usó las computadoras que usted desarrolló en el laboratorio del MIT (en Boston), pero luego cambió de marca. ¿Su invento quedó obsoleto?

—Lo que estaba dentro de las máquinas sigue estando vigente. En todo caso, nuestra idea sirvió para que otros estuvieran dispuestos a construir computadoras de bajo costo, igual de buenas, y que fueran accesibles a la población. Distinto era el interés de las multinacionales. Durante los siete años en que las Xo estuvieron activas, sirvieron de inspiración. Por ejemplo, colocado tornillos extras para que si el niño quería experimentar y perdía un tornillo, tuviera un sustituto. Usamos la lógica de los botones de la camisa, siempre hay uno de repuesto. Y esa idea perduró.

A sus 73 años, Negroponte está pendiente de los millones de niños que aún no nacieron. Para ellos imagina un mundo en que cualquier habitante, con una simple antena y pocos pesos, pueda captar Internet. En una conferencia que dio ayer en el LATU, por los festejos de la primera década del Ceibal, planteó que es necesario dejar de pensar con cabeza de países y jurisdicciones, y que se debe apostar a satélites en órbita que sean capaces de transmitir diez megas por persona, sin importar las fronteras. Para cumplir con ese deseo, piensa en la existencia de una institución, al estilo Naciones Unidas, pero abocada a la conectividad.

—Sin embargo, la ONU ha demostrado ser ineficaz en muchos asuntos y decisiones...

—Puede que no reparta el dinero de la mejor forma, puede que a veces sea injusta, pero es lo único que existe. Mi hermano fue embajador de Estados Unidos ante la ONU y sé cómo es la interna, pero sigo escuchando otras ideas y no veo nada mejor por ahora. El problema básico es que seguimos pensando con la lógica de países separados o en individualidades. Parte del éxito del Plan Ceibal fue que la empresa de telecomunicaciones es estatal, eso facilitó que las leyes del mercado no estuvieran por encima del bien común.

—¿En qué medida la tecnología contribuye a la felicidad?

—Es una pregunta que la academia no se hace porque parece algo banal. Pero es la base. La felicidad, más que de la tecnología, depende de uno. De hecho uno de los colectivos más infelices son los ricos. Ellos tienen todo lo que quieren, pero, en el fondo, no tienen nada. La equidad que busca el reparto masivo de laptops apunta a que la felicidad sea un poco más compartida. La pregunta de la felicidad es la clave, no tengo la respuesta aún.

—¿Será feliz su presidente, el multimillonario?

—No voy a entrar en eso (risas).

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