CORRIDAS DE TOROS AL SUR

La tauromaquia y sus vaivenes en el Uruguay

A pesar de prohibiciones múltiples la “fiesta brava” se las ingenió para dejar historias durante 180 años.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
En el Parque Central se organizaron lidias en 1940, cuando se construía en Hospital de Clínicas. Foto: Archivo

Cada vez que las corridas de toros retornan a la agenda periodística se recuerda que en 1912 fueron prohibidas en Uruguay, durante la segunda presidencia de José Batlle y Ordóñez.

Pero en realidad, ya en 1888, con la ley 2017 hubo un intento de "disciplinar" el espectáculo estableciéndose que, a partir de 1890, sólo podría haber "parodias", es decir corridas sin muerte de los toros, aunque se aceptaba, por ejemplo, el mantenimiento de los banderilleros a cargo de excitar al animal.

Tal resolución tuvo por causa la muerte de Joaquín Sanz "Punteret", quien vestido de lila y oro, sufrió severas heridas al tratar de banderillear sentado en una silla al toro "Cocinero".

En el seguimiento legislativo aparece que tal práctica tendiente a suavizar las toreadas tradicionales también terminó siendo prohibida en 1918.

En abril pasado se cumplieron 99 años de esa ley (la 5657) que no permitió más las "parodias" (en las cuales el toro llevaba sus astas protegidas). Pero en aquella ocasión los legisladores dieron un paso más. Prohibieron asimismo "cualquiera que sea su forma o denominación, el tiro de la paloma, las riñas de gallos, y todo otro juego o entretenimiento a campo abierto o en locales cerrados que puedan constituir una causa de mortificación para el hombre o animales".

Sin embargo, las corridas perduraron, completando 180 años, con no demasiadas interrupciones. Y en verdad, hubo tiempos de revitalización de la tauromaquia a continuación de una nueva norma.

Mientras eran cerradas algunas plazas, otras abrían y el fin del fervor taurino solo llegó con la falta de toros bravos, como escribió Ernesto Daragnés Rodero, un memorioso taurino que documentó muy bien la "fiesta" española en Uruguay, respaldado por su descendencia de un empresario que organizaba corridas, por ser sobrino de toreros y toreras, y sobre todo gracias a que su madre Isabelita fue desde los 15 años de edad la cronista de este "deporte" que despertó pasiones en pocos países.

A la Unión en tranvía.

Entre los sitios en donde se organizaron actividades haciendo oídos sordos a la normativa, o gracias a decretos municipales y permisos especiales obtenidos por los empresarios, figura la plaza más importante que tuvo Montevideo, la del barrio de la Unión, inaugurada en 1855, reconstruida en 1909 y cerrada en 1923. Tenía capacidad para 12.000 personas sentadas en un anfiteatro circular, que quedó estampado en fotos y la plástica de Pedro Figari, así como en los papeles de las "toraidas" de Acuña de Figueroa.

El auge de los eventos estuvo vinculado a la historia del transporte; se dio a partir de 1868, al inaugurarse el tranvía a tracción a sangre a la Unión (primer vía férrea que tuvo el país). En tardes de corridas era reforzado con diez a doce "wagones".

Luego de ser demolida, en su lugar apenas quedó trazada en el espacio urbano una plazoleta entre las calles Purificación, Odense, Trípoli y Pamplona. En 1999 se la designó con el nombre de "Plaza de Toros de La Unión: Joaquín Sanz "Punteret", en tributo al torero español fallecido debido a heridas que sufriera en ese ruedo.

Del Cerro al Solís.

Otra plaza que no está, y en donde hubo corridas entre 1909 y hasta 1927, se ubicaba en el Cerro. Allí, la manzana conformada por las calles Japón, EE.UU., Patagonia y Filipinas, surge toda ocupada por viviendas.

En La Blanqueda, el campo del Parque Central, estadio de Nacional, fue escenario de corridas entre 1939 y 1941, siendo presidente Alfredo Baldomir, quien levantó las prohibiciones. Ahí llegó a actuar el matador de toros valenciano Manolo Martínez y el muy famoso peruano Adolfo Rojas.

De acuerdo a testimonios de cronistas españoles, años antes, en la década de 1920, en tierras donde se erigiría el Parque Central, toreó Joselito, meses antes de su muerte.

De 1761 a 1823, en su casco histórico, Montevideo albergó seis plazas de toros, tres de ellas en la Matriz. Más adelante aparecieron en los barrios, desde la Del Cordón, en donde hoy está el Mercado de la Abundancia (San José y Yaguarón), hasta una en Villa Colón, caracterizada por ser portátil. Otra en el Paso Molino apenas duró un año y estaba reservada a niñas toreras, que al parecer, ni eran niñas ni eran grandes toreras.

Pero el ruedo más curioso fue el armado en el Teatro Solís para funciones de la compañía Alegría y Enhart, desde fines del 1934 a febrero del 35, con un toro de carne y hueso, pero más de circo que de lidias.

Ilustres que con su pluma torearon.

Isidoro de María ha dejado coloridas crónicas acerca de las primeras fiestas bravas en Montevideo, que gozaban por cierto de gran popularidad.

Ya en tiempos del Uruguay independiente, Francisco Acuña de Figueroa, autor de la letra del himno uruguayo, le dedicó a las corridas sus crónicas en versos, que llamó "toraidas", con imágenes de este estilo: "Sale un toro cargador,/De ancho morrillo y piel blanca,/Que ciego embiste a Palanca/Con endiablado furor./Él le alumbra con valor,/Por si encandilado está,/ Y hubo quien dijese ya/(Salvo su honor y decoro)/Que él alumbra bien al toro/ Cuando algo alumbrado está".

Pasada la Guerra Grande, para fomento de lo que hoy es el barrio de la Unión, se resolvió construir allí una plaza de toros. Acuña de Figueroa saludó la iniciativa: "A Don Norberto Larravide/ Con grata satisfacción/ Fuí, Larravide, informado/Sobre el circo proyectado/ en la villa de la Unión./Patriótico pensamiento,/Político y popular,/Que sirve a fraternizar/Dando a los pueblos fomento./Con esto habrá actividad/Se aplanarán los caminos,/Reportando los vecinos/Ventajas y utilidad".

El primer intendente de Montevideo, Daniel Muñoz, también estuvo a favor de las corridas de toros.

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