ARTESANOS QUE AMAN LOS BARCOS Y LA HISTORIA

El sueño de tener un astillero naval en casa

Uruguayos que recrean a pequeña escala los barcos más famosos que surcaron los mares.

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A Gustavo Zunín le llevó dos años hacer la maqueta del famoso Armagenón. Foto: F. Ponzetto
Construir un barco a pequeña escala puede llevar desde meses hasta años. Foto: F. Ponzetto
Los maquetistas navales son obsesivos con los detalles. Foto: F. Ponzetto
Gustavo Zunín también ha realizado el Drakkar Vikingo. Foto: F. Ponzetto
En la actualidad es un hobby para miles de personas en el mundo. Foto: F. Ponzetto
Algunos construyen los modelos desde cero, ciñéndose a los planos originales. Foto: F. Ponzetto

El modelismo naval es casi tan antiguo como la construcción de embarcaciones. En la tumba de Tutankamón, por ejemplo, se hallaron varios barcos en miniatura que se colocaron entre los preciados tesoros del faraón para que lo acompañaran en su viaje luego de la muerte.

En sus inicios, se hacían pequeños barcos como modelos para una posterior construcción a gran escala, para que sirvieran como guía o molde. Luego, los planos cambiaron la metodología de construcción. Y hoy son esos mismos papeles, a veces con complejos dibujos y anotaciones, los que permiten a los maquetistas recrear naves emblemáticas que luego lucirán sobre un aparador o dentro de una vitrina.

Así comenzó el arte de la construcción de barcos a escala, que en la actualidad es un hobby para miles de personas en el mundo, algunas de las cuales pueden acceder a kits —con diferentes niveles de dificultad y en algunos casos a un costo considerable— y convertir sus talleres o mesas de trabajo en pequeños astilleros navales. Otros, directamente hacen los modelos desde cero, ciñéndose a los planos originales que dieron vida a los barcos más famosos.

En esta escuela, la tradicionalista, en las últimas décadas destacó en Uruguay el maquetista Osvaldo Benenati, quien construyó muchas de las piezas que se encuentran en el Museo Naval de Montevideo. En una línea cronológica, se destacan en ese espacio de la rambla las naves de Colón realizadas por el taller de modelismo del museo con motivo del 5º Centenario del Descubrimiento de América. Estos modelos, al igual que el de la cañonera Suárez, los barcos corsarios o el crucero Uruguay, entre otros, permiten que el público visitante conozca embarcaciones emblemáticas, que observe y compare sus dimensiones, y se coloque imaginariamente entre las tripulaciones que poblaron sus cubiertas.

Uno de los alumnos de Benenati fue Gustavo Zunín Rodríguez, quien tiene 41 años y descubrió en el modelismo naval una pasión que ha ocupado muchas horas de su vida.

Cuando Zunín tenía 20 años, estando en Facultad, visitó la casa de una compañera de estudios y vio un barco hecho por su marido. "Para mis adentros pensé: Yo puedo", rememora al ser entrevistado por El País. Cuando llegó a su casa, se puso a fabricar su primera maqueta naval.

"Quedó bastante bien para lo que esperaba y para ser el primero. Cuando venía gente lo miraba y me comentaba cosas, hasta que un día mi tío me dice que en el Museo Naval del Puertito del Buceo enseñaban a hacer maquetas los días sábados. Fui a un curso de tres meses con Benenati, que es quien construyó prácticamente todas las réplicas del museo, así como las del Fuerte Santa Teresa que están en Rocha", agregó.

"A partir de ahí quedé en una amistad con él y haciendo modelos. Lo que nos enseñó fue a partir de planos. Yo no compro kits y los armo, hago todas las piezas desde cero", anotó Zunín.

"En mi caso, consigo el plano del barco que quiero hacer y después de estudiarlo —lleva mucha lectura—, lo hago. A partir de que me metí con esto me empezó a gustar mucho la historia. Por ejemplo, aprendí de arriba abajo la historia del Agamenón, supe por qué se hundió en Punta del Este: porque estaba custodiando que Napoleón no viniera a tomar parte de estas tierras. Aprendí mucho también de los corsarios de Artigas, un mundo aparte del prócer que la gente en general no conoce", agrega.

Los kits.

De todos modos, construir barcos en miniatura a partir de preformas realizadas por máquinas tampoco es tarea fácil. En principio, los kits demandan tiempo y paciencia. Y para muchos, como Eduardo Cicala, son solamente la base para llevar los modelos a una escala excelsa.

"Empecé con maquetas que las compraba en un kit. Pero cuando uno habla de un kit de madera, lo único que está fijo completamente y enmarcado son las cuadernas (costillas) del barco; pero el resto hay que hacerlo a mano. Hay que curvar las maderas, hacer un trabajo de carpintería en serio", explica Cicala.

"Los kits los compro en España y los modifico, porque tienen un problema: son para aficionados que no tienen muchos medios a su alcance", observa. Cicala tiene 71 años y construyó su primer barco hace 12.

"Mi padre, mi abuelo y mi tío tenían un taller. Y a mí siempre me gustó, por lo que también tengo uno. Es un taller de uso general, de electricidad, carpintería, de cualquier cosa", señala.

"Siempre me gustaron las manualidades y hacía muchísimos años que quería hacer algo. Así fue que empecé a organizar el espacio como una especie de taller de carpintería en miniatura. Y lo que hoy tengo es eso, un astillero naval en miniatura. Puedo trabajar muy bien porque me he abastecido de maderas y de herramientas muy buenas", concluye Cicala.

EL buque preferido del Almirante Lord Nelson.

La pieza más valiosa entre los barcos fabricados por Gustavo Zunín es el Agamenón, el barco "preferido" del almirante inglés Horacio Nelson, que se encuentra hundido en Punta del Este.

Construir la maqueta del H.M.S. Agamenon le llevó 750 horas, y unos dos años.

El plano se lo facilitó otro modelista que fue presidente de la Asociación Rural del Uruguay, Roberto Symonds, quien tiene la misma pasión y tiene su casa "llena de barcos".

"El Agamenón me llevó mucho más tiempo que los demás. Pero también es cierto que cuando yo empecé con ese barco tenía un solo hijo y era muy chiquito. Ahora tengo tres y cada vez menos tiempo. Habría que verlo en horas y no en años o meses, pero armar uno medio simplongo me podría llevar tres o cuatro meses", señala.

Tiempo, inspiración y paciencia, ante todo.

Eduardo Cicala (71) construyó su primer barco "seriamente" en 2005, pero cuando tenía 12 años ya había armado algunos. "En aquella época gané un concurso de dibujo en el diario El País, en el que mostraba mis barquitos", recuerda.

"Yo tengo que estar inspirado. Tengo un bergantín por ejemplo que empecé a armar, no me gustó como estaba quedando y lo paré. Me conseguí en e-bay los planos originales del barco, hechos por los franceses, y los compré. Ahí tuve por fin algo como para hacerlo mucho más prolijo. Tengo el casco completo, me falta el velamen. Pero no se puede trabajar en esto si no te ponés un día 4 o 5 horas, y durante 3 o 4 días, porque tenés que visualizar y luego materializar la idea", dice Cicala, quien prefiere tener las piezas "en una vitrina, porque se te llenan de tierra".

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