UN PAÍS ROTO TRAS EL CRIMEN DE BRISSA GONZÁLEZ

"No lo suelten, es un peligro", afirma la familia del criminal

El padre y las hermanas del acusado por el asesinato de Brissa piden perdón.

Marindia: la Policía mantiene un móvil frente a la casa del imputado. Foto: F. Ponzetto
Marindia: la Policía mantiene un móvil frente a la casa del imputado. Foto: F. Ponzetto

En la casa de Marindia hay una Biblia abierta sobre la mesa, dos patrulleros en la puerta y mucho dolor. Oscar tiene 81 años de edad y vive con su hija menor.

En una pieza aparte vivió Williams Pintos (35), el único imputado por la muerte de la pequeña Brissa González (12). Permaneció allí durante un año tras cumplir una pena de más de cinco años en el Comcar.

Pintos había sido procesado en los años 2004 y 2012 por el delito de atentado violento al pudor. En una ocasión lo atraparon desnudando a una niña escolar minutos antes de ingresar al taller donde trabajaba.

Tras el segundo procesamiento, la familia resolvió dejar su casa en Montevideo y mudarse a Marindia. Se sentían avergonzados por la situación y buscaron un lugar tranquilo.

El anciano y la joven aseguraron a El País que se enteraron de la situación cuando apareció la Policía y preguntó por una niña. Aseguran estar viviendo un verdadero "infierno".

En la noche del jueves un grupo de personas estuvo cerca de invadir la vivienda. No tienen asistencia psicológica y están siendo contenidos por una vecina y un pastor de la Iglesia Universal "Pare de sufrir".

De hecho, cuando el imputado tuvo un "problema sentimental" con una pareja, un pastor lo aconsejó. Sin embargo, "de nada sirvió el consejo y terminó metiéndose en esto", afirmó su hermana menor.

Por su parte, la vecina opina que ahora deberán "desprenderse" del familiar ya que le dieron "todas las oportunidades".

Perdón.

Ana, hermana mayor del indagado, resolvió hablar para pedir perdón en nombre de la familia. "Nadie podía imaginar lo que hacía. Yo soy la (hija) mayor, mis padres nos criaron a todos por igual. Nos enseñaron lo que está bien y lo que está mal. Mis padres son muy creyentes y nos educaron con una base cristiana", contó la mujer.

"Tengo un gran dolor en el alma. La primera vez que él cayó preso mi madre murió de un infarto porque no podía creer lo que había hecho. No puedo sacarme de la mente a esta niña. Le quiero pedir perdón por todo esto. La familia del asesino no tiene nada que ver. Este dolor lo siento como propio, la voy a llevar mientras viva", señaló ayer a El País la hermana del detenido.

Desde la perspectiva de los familiares del único imputado por el crimen de Brissa estos días "han sido una pesadilla". "Tengo miedo de salir a la calle. Me parece que todos los ojos están sobre la familia. Por más que la gente no sepa que somos la familia del asesino, ¿con qué cara salimos a la calle?", señaló.

Manipulador.

Ana definió a su hermano como un hombre "muy inteligente y peligroso" que "sabe manipular a las personas". "Él siempre fue correcto, tenía disciplina", dijo. Advirtió que las pericias psiquiátricas indicaron que tiene "múltiples personalidades". "Ya vieron lo que hizo en la audiencia, jugaba con los dedos y miraba hacia un punto fijo, como si no fuera con él", afirmó la mujer.

"La primera vez que cayó por atentado violento al pudor estuvo en el Hospital Vilardebó. Salió. Pedí que por favor no lo sacaran porque había que hacerle un tratamiento. Volvió a caer y del Vilardebó lo pasaron al Comcar", contó Ana.

Llorando, afirmó que nunca lo fue a ver cuando estuvo preso y que de eso se ocupaban sus padres ya que "fueron cinco años y medio de tortura". "Mi madre se murió antes que saliera. Le dio un infarto por la tristeza. Nunca más lo vi. Si me lo cruzaba, lo mataba pero no me quiero perder, tengo un marido y un hijo atrás", afirmó.

A la hora de trazar un perfil de su hermano, Ana cree que no tiene recuperación. "No sé si es un psicópata, esto habría que haberlo estudiado mucho más. Yo pedí que no lo sacaran y lo largaron a la calle. Ahora tenemos esta consecuencia, mató a una niña llena de vida", dijo.

Pedido.

Ana cree que tras los dos procesamientos y el crimen de Brissa, su hermano debería estar confinado tras las rejas toda la vida. "No creo que tenga rehabilitación. Lo único que pido es que lo dejen encerrado. Pido por favor que no lo suelten porque es un peligro", afirmó.

La mujer entiende que sería oportuno tomar medidas que trasciendan las medidas de reclusión. "No sé porqué el gobierno no hace nada con estas personas. Se sabe que tienen patologías. ¿Por qué no le ponen una tobillera? Le ponen chip a los perros y no a estas personas que son un peligro", señaló Ana.

Dolor: la madre de Brissa tuvo que ir ayer a reconocer el cadáver. Foto: F. Ponzetto
Dolor: la madre de Brissa tuvo que ir ayer a reconocer el cadáver. Foto: F. Ponzetto

Despedida.

Ayer Ana Paula Gerez, la madre de Brissa, tuvo que reconocer su cuerpo en el Instituto Técnico Forense (ITF). Salió llorando y con un papel en las manos. Allí quedaron impresas las huellas de la niña.

Un rato antes, Gerez escribió una conmovedora carta en su muro de Facebook: "Su hermosa sonrisa iluminará mi vida y la de sus hermanos que hoy se sienten incompletos".

"Dejó vacío a su padre que tanto amó que tuvo que estar presente, mirar a ese animal tan cerca y no poder matarlo con sus propias manos. Tuvo una muerte terrible. Inimaginable porque la sentí viva hasta el último instante", escribió.

Por otro lado, la dolorida madre pidió que "retiren todos los lazos negros, las publicaciones de odio, todo y cada cosa que quieran expresar. Pido respeto por un inocente que se fue dejando una ausencia gigante con una familia que la amo y la va a seguir amando", afirmó.

El velorio de Brissa se desarrolló durante toda la noche pasada en la empresa Carlos Sicco, en la sala de Rivera 2236. Está previsto que el cortejo parta a la hora 9:30 hacia el Cementerio del Norte.

Anoche un grupo de personas quemó cubiertas en el cruce de la Ruta 1 y Camino Cibils. Acordaron con el negociador de la Guardia Republicana que viniera la televisión. Ante cámaras exigieron justicia por Brissa.

"Entró a trabajar 8 horas más tarde".

Hace ocho meses, Williams Pintos había conseguido trabajo como chofer de taxi. Mario S., propietario del móvil 194, afiliado a Radio Taxi Montevideo, lo contrató sin conocer sus antecedentes. "No aparentaba ser lo que era. Fue un horror y una terrible sorpresa descubrir que era capaz de hacer algo semejante", contó ayer a El País.

Lo describió como un hombre "de modales correctos, educado", aunque su trato con él se limitaba al trabajo.

"Si alguna vez lo observaba porque llegaba tarde, o porque la recaudación era baja, no rechistaba. Era muy escueto", aseguró.

El lunes 20 de noviembre, Pintos entró a trabajar mucho más tarde de lo habitual.

"Su horario era de 7:30 de la mañana hasta las 19:00 horas, de lunes a sábado; pero el día que desapareció la niña, él llegó a buscar el taxi pasadas las tres y media de la tarde", contó Mario. "Yo le informé al fiscal".

El móvil quedaba todos los días en la estación de servicio de Ancap en la rambla, pasando el puente Carrasco. En las filmaciones de la estación, que la policía revisó, se ve a Pintos cuando aparece a recoger el taxi sobre las 3:40 del lunes 20.

"Al día siguiente, él se presentó a recoger el móvil a la hora de siempre y trabajó todo el día", precisó Mario. "¡Pensar que todos en la estación lo consideraban una mosquita muerta! Nadie podía adivinar qué clase de persona era", sentenció.

Ayer, Radio Taxi Montevideo hizo público un comunicado en el que expresa "su más fehaciente repudio hacia el hecho ocurrido", que califica de "terrible y repugnante".

Por su parte, la Gremial Única del Taxi (Cpatu), expresó también "su más profundo repudio al crimen de la niña Brissa González que ha conmovido a toda la sociedad uruguaya".

"Este terrible acontecimiento, que se une al de Valentina Walter en Rivera, merece de todos nosotros rechazo e indignación, como así también, nuestra más amplia solidaridad con las familias afectadas", concluyó la gremial.

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