Médicos ven cada vez más casos de consumo masivo y crónico de la droga

Sube consumo de cocaína y enfermedades asociadas

El consumo de cocaína en Uruguay es cada vez mayor y hoy hay más pacientes jóvenes que atraviesan episodios críticos por una sobredosis, y personas con enfermedades crónicas por una adicción que lleva varios años.

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Pilar Besada

"Antes no se te pasaba por la mente que un paciente de 25 años podía tener un infarto, y menos una mujer. Sin embargo hoy estamos viendo esos casos en pacientes que son adictos a la cocaína", contó a El País el director médico de UCM, Jorge Díaz. Aunque opacado por el ruido de la pasta base, en los últimos diez años también ha crecido el consumo de cocaína, según coincidieron médicos de diferentes disciplinas y especialistas en tratamiento de adicciones.

El catedrático de Cardiología en el Hospital de Clínicas, Ricardo Lluberas, dijo que en los últimos tiempos cambió "la percepción" de los cardiólogos con respecto a este consumo. "Estamos viendo cada vez más casos de personas jóvenes que ingresan a una emergencia por un cuadro sugestivo de un problema coronario, que están intoxicados por una dosis en exceso de cocaína", dijo. Cuando se consume en grandes cantidades, la cocaína puede generar espasmos coronarios o arritmias que provoquen paros cardíacos, aún en pacientes jóvenes sin ningún problema coronario subyacente, explicó Lluberas.

Pero además, según el grado 5, es cada vez más frecuente encontrar a adictos crónicos con enfermedades coronarias muy precoces. "La típica placa artereoesclerótica coronaria que es la causa habitual de infarto en una persona de 50 o 60 años (con lesiones coronarias, con obstrucciones, con grasa), hoy la estamos viendo cada vez con más frecuencia en pacientes jóvenes que son adictos a la cocaína", contó Lluberas.

Esto obligó a los cardiólogos a evaluar en cada paciente, además de problemas como el colesterol alto o ser fumador, la posibilidad de que sea un adicto a la cocaína, algo que antes no se tomaba en cuenta, según Lluberas.

Otro de los órganos que la cocaína afecta es el riñón. Los nefrólogos también notaron un aumento de las consultas por el consumo de la droga. Asunción Álvarez, presidenta de la Sociedad Uruguaya de Nefrología, contó que comenzaron a ver casos de insuficiencias renales agudas "producto de una crisis de estimulación que genera el consumo de una dosis muy alta de cocaína". En general, dijo, son consumidores esporádicos que hacen un consumo masivo. "Eso antes no lo veíamos", dijo la especialista.

Álvarez contó que los casos en general son graves, implican una internación en el CTI y requieren diálisis.

El consumo masivo de cocaína, explicó Álvarez, "genera un aumento del trabajo muscular, una hiperestimulación muscular, que hace que se liberen sustancias que obstruyen y tienen efecto tóxico directo sobre los riñones".

Los casos de insuficiencia renal aguda se vieron en centros de salud públicos y privados. El psiquiatra Fredy Da Silva, director del centro de rehabilitación de adictos Izcali y jefe del departamento de Salud Mental de la Asociación Española, también cree que hay un aumento del consumo de cocaína. "Tengo una percepción clínica de que eso sucede, en la consulta, e incluso por comentarios de los que consumen otras drogas como marihuana o alcohol y te dicen cómo ha aumentado el consumo de cocaína", contó Da Silva.

El especialista dijo que se están viendo "más alcoholistas que ahora se animan a tomar cocaína. Que antes decían `estos químicos no`, y hoy le perdieron el miedo".

Para Da Silva, esta conducta se explica por una mayor "permisividad" en cuanto al consumo de drogas. "La misma permisividad que mucha gente tiene para consumir marihuana, porque va a salir tal o cual ley, porque dicen que no es tan mala, se ha trasladado a otras drogas. Es un fenómeno curioso", dijo.

NIÑOS. En el Hospital Pereira Rossell también hay preocupación por el aumento del consumo de cocaína. El País informó en marzo que en ese Hospital los médicos comenzaron a detectar restos de cocaína en la orina de niños y lactantes que ingresaban con convulsiones, taquicardia o hiperexitabilidad.

Como los casos comenzaron a ser repetidos, los médicos decidieron instalar como protocolo la búsqueda de metabolitos de cocaína en la orina de los niños que ingresan.

Ya en 2011 un estudio del Departamento de Neonatología y la Clínica Ginecológica C de la Facultad de Medicina había mostrado que el consumo de cocaína en embarazadas del Pereira Rossell había pasado de no existir en 2005 a estar presente en el 2,61% de las embarazadas en 2010. También en ese período aumentaron las que consumían pasta base. El profesor adjunto del Departamento de Neonatología y miembro del equipo de investigación, Mario Moraes, dijo a El País que "la mejoría económica de la población determinó que la población pobre pueda acceder también a la cocaína".

El consumo en embarazadas es uno de los aspectos más dolorosos de esta realidad. Hay niños que nacen adictos y atraviesan un síndrome de abstinencia. Además generalmente nacen prematuros y con bajo peso. "Son situaciones realmente muy embromadas, ese tipo de cosas que uno desearía que no existieran", dijo el psicólogo Eliseo González Regadas, presidente de la Federación Uruguaya de Comunidades Terapéuticas. "Son cosas que deberían hacernos reflexionar, en lugar de estar pensando en legalizar sustancias, deberíamos pensar en campañas de prevención y en invertir dinero en lo que realmente hace falta", dijo.

El cambio de comportamiento en cuanto al consumo de cocaína se comenzó a gestar a mediados de los `90, según el experto. "Ahí comienza un crecimiento exponencial y es cada vez mayor del 2000 en adelante", contó.

Para González Regadas, la disminución de la "percepción del riesgo" en el consumo de sustancias explica el mayor consumo. "Cuando disminuye la percepción de los riesgos se incrementa el consumo, porque la gente tiene la idea de que los riesgos implicados en el consumo son mucho menores de lo que realmente son".

"En los últimos cinco años en la sociedad uruguaya ha bajado notoriamente la percepción del riesgo. Y eso ha sido porque no ha habido campañas de prevención que alertaran sobre todo lo que implica el consumo de sustancias", dijo.

El transporte, la cocina, la noche y el estrés son "campo fértil" para la cocaína

Por el costo de la droga, el consumidor de cocaína suele pertenecer a un estrato socioeconómico medio y alto, según coincidieron los especialistas (un gramo de cocaína cuesta entre 400 y 500 pesos).

"Los adictos a la cocaína suelen ser personas de entre 30 y 40 años, de un nivel económico medio e insertos laboralmente", contó el psicólogo Martín Gedanke, director del centro de rehabilitación en adicciones Aconcagua. A diferencia de la pasta base, que genera un deterioro más rápido, "la adicción a la cocaína hace perder los vínculos más a largo plazo. Al principio los adictos logran sostenerse laboral y socialmente", comentó.

Las profesiones de "mucha tensión y estrés" son un "campo fértil" para la cocaína, según Gedanke. En Aconcagua han visto además que la cocaína es común en los ámbitos relacionados con la cocina y con el transporte. "Nos llegan muchos pacientes que son mozos o cocineros. Obviamente que también la gente que trabaja en boliches de noche. También es habitual que consuman conductores de taxi o de ómnibus", comentó. "Son profesiones que requieren mantener la atención durante una cantidad de horas continuas. La cocaína los sostiene", dijo.

El especialista en farmacodependencia Fredy Da Silva contó que del punto de vista psiquiátrico hay "ciertos rasgos de personalidad" que están asociados al consumo de cocaína. "No a cualquier persona se le complica con la cocaína. Afecta principalmente a personas con trastornos narcisistas, o rasgos antisociales, con elementos de baja autoestima y depresión", dijo.

El consumo suele comenzar en ámbitos sociales. "En general la persona comienza tomando algún fin de semana, espaciado uno del otro, en alguna fiesta o un cumpleaños", dijo Da Silva. "En una segunda etapa empieza a consumir los fines de semana con cierta regularidad, cuando sale a bailar, cuando va al estadio", contó. "En una tercera etapa el fin de semana empieza el viernes o el jueves. Y en una cuarta etapa ya no sólo consume en el fin de semana largo, sino que como el lunes o el martes tienen resaca o ya síndrome de abstinencia, consumen esos días para poder sobrellevar la jornada. Y ahí ya estamos en una adicción", explicó.

TESTIMONIO

"Me hacía sentir fuerte frente a mi familia"

Gonzalo tiene 31 años, está casado y tiene dos hijos de 6 y 4 años. Era operario de un frigorífico, pero está con licencia médica desde que se agudizó su consumo a la cocaína.

"Había probado una vez nomás. Probé para sacarme las dudas, mi consumo habitual era la marihuana. Hasta que en marzo del año pasado me enteré de la enfermedad terminal de mi padre. Ahí caí en una angustia de encerrarme en mí mismo, a sentirme mal. No me sentía fuerte delante de mi familia. Y recurrí a la cocaína, que me hacía sentir fuerte, sobre todo frente a mi padre", contó Gonzalo, que hoy está internado en el centro Aconcagua.

"Cuando fallece mi padre, en junio, ya no había motivo para seguir el consumo. El tema es que ya me había enviciado con la cocaína", comentó. En ese momento comenzó a consumir más frecuentemente. "Llegó un momento que dije basta, me sentía muy mal con mi familia, sentía que había perdido el vínculo con mis hijos. Que ya no los disfrutaba cuando estaba con ellos. Era una vida de rutina y de consumo".

Aunque afirma que dejó de consumir, en enero tuvo una recaída en actitudes agresivas por no tener la sustancia. "Le levantaba mucho la voz a mis hijos. Ya me había convertido en un mal padre. Ahí fue cuando decidí internarme, porque era esa sustancia inerte o mi familia", contó.

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