ESCUELA N° 14 DE COLONIA OFIR, EN RÍO NEGRO

Singular escuela uruguaya tiene más alumnos rusos que criollos

Los niños ni siquiera hablan español; necesitan contratar a traductor ruso.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Ajenos a la vida moderna, no tienen TV ni radios, no usan celular ni Facebook. Foto: D. Rojas

En un territorio pequeño como Uruguay, es creencia que no queda nada por descubrir. Sin embargo, aún no está todo contado. De tanto en tanto, algunas situaciones permiten constatar lo mucho que desconocemos del Uruguay de "tierra adentro".

El departamento de Río Negro es tierra de colonias de inmigrantes. A escasos 12 kilómetros de San Javier, fundada por rusos del Cáucaso (zona europea), se encuentra la colonia alemana Gartental, y en dirección norte, a poco más de 15 kilómetros de San Javier, está la colonia Ofir, donde viven los denominados "barbudos" que vinieron del otro extremo de Rusia, en la frontera con China. A mitad de camino, se encuentra la Escuela N° 14.

El centro tiene una maestra directora y dos docentes para atender una matrícula de 41 alumnos, de los cuales solo 6 son "criollos". El resto son de la colectividad rusa y la mayoría no sabe hablar español y carece de documento de identidad.

"Nos han dicho que nuestro caso es único en el país. La situación se ha revertido en el último año y medio porque antes era una escuela de criollos que recibía a rusos, pero ahora hay una amplia mayoría de la colonia de los barbudos", explica a El País, Norma Laquintana, directora efectiva de la escuela.

Enseñarles no es tarea fácil, pero sobran ganas y compromiso. Los alumnos más grandes, que están en cuarto, quinto y sexto, "son los que nos ayudan a comunicarnos con los más chiquitos que son bien cerrados", expresó. Pero más de una vez se han visto en dificultades para comunicarse.

La maestra directora del centro donde acuden 41 niños. Foto: D. Rojas
La maestra directora del centro donde acuden 41 niños. Foto: D. Rojas

Llanto.

Una niña muy pequeña, rubia, peinada con trenzas y con el pelo cubierto con un pañuelo típico, lloraba desconsolada; las maestras no sabían cuál era la razón. Cuando vino la cocinera de la escuela, que sabe ruso porque vive en la colonia Ofir, pudieron saber que su angustia se debía a que había perdido la goma de borrar y su educación familiar le impedía volver a casa habiendo extraviado alguno de los útiles.

Por el frío, todos los grupos estaban funcionando en un gran salón que era calefaccionado por una estufa a leña, otro detalle que ya no se ve en las escuelas uruguayas. Rodeando las mesas, los rusitos visten sus atuendos típicos que la escuela les permite conservar.

"Los varones visten camisolas y las niñas vestidos largos, pañuelos y pelo trenzado como están a diario en sus casas. De a poco estamos logrando que se pongan moña y túnica, que les confeccionan sus mamás", explicó Laquintana.

"Ahora se están abriendo mucho como comunidad, aunque conservan sus costumbres. Pero la necesidad de escolarización, exigida para diversos trámites, los está llevando a venir a la escuela y aprender la cultura nacional. Ahora estamos tramitando sus documentos porque hay muchos que están indocumentados", indicó la docente.

La inspectora de Primaria de Río Negro, Patricia Barret, indicó a El País que el aumento de la matrícula se debe a que el Estado "hizo en colonia Ofir una intervención con participación del Ministerio del Interior, el Mides y el INAU, que impulsaron que se diera esta situación".

La escuela pasó de 18 a 41 alumnos.

"Es una experiencia fantástica que se ha destacado en los encuentros nacionales de escuelas rurales. Aquí, las tres cuartas partes de los escolares son de origen ruso. Los docentes enseñan a leer y escribir a niños que ni siquiera saben nuestro idioma", indicó Barret.

Desde el año pasado se ha gestionado ante el Consejo de Primaria, el Ministerio de Educación y Cultura y la embajada de Rusia en Uruguay, el aporte de un traductor para hacer más sencilla la tarea.

Costumbres.

Las familias de la colonia Ofir se levantan a las 5 de la mañana para ir a la iglesia ortodoxa. Visten a diario atuendos típicos como si vivieran en el siglo XIX. Los hombres lucen barba pronunciada y chaquetas bordadas separadas por una faja que oficia de cinto. No miran televisión, no escuchan radio y tampoco usan las redes sociales. Evaden a quien intenta fotografiarlos. Cuando una jovencita quiere relacionarse con alguien por fuera de la comunidad, debe pedir permiso a Chuprov, "el jefe" de la comunidad. Son muy celosos de sus tradiciones. Recién el año pasado empezaron a "integrarse", casi que obligados.

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