Julio Piñeyro lleva seis décadas cantando a LAS novias en balcones de Durazno

Las serenatas, un arte en extinción

Es uno de los últimos representantes de un arte que, de a poco, se ha ido extinguiendo en el país: el cantor de serenatas. Julio César Piñeyro, un pintoresco personaje de Durazno, cumplió 60 años de "serenatero", como él mismo se define.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Julio César Piñeyro en su casa con su vestimenta con la cual canta sus serenatas.

La serenata es "el arte de enamorar a través de las canciones", asegura Piñeyro en su casa de barrio "La Picada", donde recibió a El País guitarra en mano y ataviado a la vieja usanza gauchesca. "Hay que tener un sentimiento puro para dedicarla, porque está la novia y está la familia de por medio".

Empezó a los trece años a cantar frente a los balcones de las novias, cuando llegó a la ciudad desde la campaña.

"La serenata la hacíamos por aquellos tiempos a dos guitarras, y había una tercera persona que se encargaba de escuchar, de percibir si la novia o la familia se despertaba y se ponían al lado de la ventana, de la puerta o del balcón, dispuestos a escuchar la proposición", recuerda Piñeyro.

"Me ha tocado hacer serenatas en las que nos han dado un portazo; no por nosotros, sino por el pretendiente que no parecía muy querido; en otras, los versos y el canto han dado resultado y se han formado matrimonios; parejas que se conocieron porque alguna vez fuimos a sorprenderlas con el canto y la guitarra a las tres o las cuatro de la mañana; y el novio medio escondido, esperando un poco más alejado, para que no lo viera la novia, ni los futuros suegros por si acaso", señala, recordando entre sonrisas.

Con añoranza, recuerda los viejos tiempos que no volverán.

Para Piñeyro, los tiempos actuales no se asemejan a las épocas pasadas, dado que "ahora se hacen pocas serenatas...; pero si me llaman voy", acota con rapidez, rasgueando la guitarra.

Dice que las serenatiadas se fueron perdiendo por culpa del propio cantor, del guitarrero, "por el desorden en que decayó la serenata".

Todo cambió, según él, "cuando empezaron a juntarse siete u ocho a armar escándalo de noche, con tarros, con barullo; ese bochinche empezó a correr a la gente porque los que iban no cantaban nada y te despertaban mal, entonces la gente ya empezó a no recibir más a los buenos cantores", dice. "Lo lindo es que te despierten con un valsecito, una musiquita suave, aunque sea cantado feo", reflexiona. "Antes se cantaba con respeto y eso se fue perdiendo".

Los comienzos.

Piñeyro es un personaje en Durazno. Forma parte de una tradicional familia en la que los hijos varones, seis en total, han sido valorados por sus incursiones en el deporte, el canto, la tradición y el humor.

Nacido en una alejada zona rural, donde "fui peón desde gurí, ayudando a mi padre", se radicó en Durazno en la casa de su abuela.

Fue ciclista, maratonista y cantor, y recuerda sus comienzos de guitarrero como si hubieran sido ayer.

"Para mí eran los años mozos, o un poco antes, porque empecé a los 13 ó 14 años, un 16 de febrero de 1955 en el viejo almacén y bar "La Colmena" de la calle 18 de Mayo, donde se juntaban los carreros y areneros a tomar una y comer algo". Allí empezó a cantar y a recitar poemas por las noches y las madrugadas. Eran canciones de amor, pero con alguna humorada:

Mi madre siempre me dijo

que no me case con tuerta

Mi madre siempre me dijo

que no me case con tuerta

Porque cuando está durmiendo

Parece que está despierta

Así decía una canción que escribió en 1955, y que alguna vez recitó ante algún balcón para hacer sonreir a la novia.

Aunque Piñeyro sabe que las serenatas son una especie en extinción, no quiere retirarse; "más ahora, en estos tiempos donde pareciera que falta afecto y amor". durazno, cantor de serenatas, julio césar piñeyro

Música para conquistar

La serenata es una vieja tradición, hoy en desuso en Uruguay, mediante la que el novio intentaba conquistar a una joven apelando a los versos y canciones de amor frente a los balcones, las ventanas o la puerta de la casa familiar. La serenata, por lo común, se tocaba de tarde o al anochecer, pero también en horas tardías de la madrugada. Los "mariachis" en México, o la denominada "Tuna" en España son ejemplos de grupos musicales que aún siguen manteniendo esa modalidad para festejar a las madres o las novias.

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