A 45 AÑOS DE LA TRAGEDIA

"Nos sentimos hermanas de sobrevivientes de Los Andes"

Hijas gemelas del arriero chileno asistieron al homenaje en el Parlamento.

"A mi padre nunca le gustó hablar del tema, dice que es una historia triste". Foto: A. Colmegna
"A mi padre nunca le gustó hablar del tema, dice que es una historia triste". Foto: A. Colmegna

Las gemelas Paula y Daniela Catalán aún no habían nacido cuando se produjo la tragedia de Los Andes en 1972. Nacieron cuatro años después, cuando la historia ya había recorrido todo el mundo y tenía como uno de sus protagonistas al arriero Sergio Catalán: su padre.

El tropero chileno, entonces de 44 años, fue quien encontró en la montaña a Roberto Canessa y Fernando Parrado, dos de los 16 uruguayos que sobrevivieron a la caída del avión de la Fuerza Aérea el 13 de octubre del 72, y dio el aviso a los carabineros para que se realizara el histórico rescate.

El martes pasado las gemelas llegaron a Uruguay para participar del homenaje que se realizó ayer en el Senado a todos aquellos que protagonizaron el trágico hecho. Su padre, debido a la edad —tiene 89 años— no pudo viajar, pero le pidió a sus hijas que le enviaran "un espontáneo saludo" a los sobrevivientes. No es la primera vez que Paula y Daniela visitan Uruguay: han venido unas ocho veces y en todas las ocasiones fueron invitadas por los rugbistas. Su padre también ha estado en numerosas ocasiones.

"Durante todos los años posteriores a la tragedia hemos cultivado una linda amistad de mutuo agradecimiento. Mi padre los considera como sus hijos, y ellos como su padre. Nosotras, en tanto, los sentimos como hermanos", contó a El País Daniela Catalán en el Hotel Cottage de Carrasco, donde se encuentran alojadas.

Dice que los sobrevivientes siempre han mantenido una preocupación continua tanto por su padre como por toda la familia. En el año 2007, cuando Catalán debió ser operado de la cadera, Canessa junto con los compañeros que sobrevivieron ofrecieron su ayuda para que se llevara a cabo la intervención. Lo mismo ocurrió en 2012 cuando el chileno debió ser operado nuevamente.

Casi medio siglo después del accidente, los sobrevivientes siguen sosteniendo que le "deben mucho" a aquel arriero que les salvó la vida.

"Mi padre les creyó de principio a fin lo que les había pasado. No cuestionó nada. Él simplemente tomó la carta que le arrojó Parrado, la leyó y se fue a Puente Negro a pedir ayuda", contó Paula.

Recuerdos.

Las gemelas no vivieron el hecho, pero cuentan que crecieron escuchando las historias y las anécdotas sobre el accidente. "Para nosotros no hubo un antes y un después, porque nacimos con la historia. Pero seguramente al resto de mis hermanos (somos nueve en total) sí les cambió la vida", dice. Asegura que en Chile todos conocen la historia, que en la municipalidad de San Fernando —donde vivió su padre toda la vida— hay un museo sobre el hecho y que a pesar de los años que pasaron desde el milagro del rescate, aún hoy hay gente que va a visitarlo a su casa y a charlar con él.

Cuenta que los detalles de lo ocurrido no los conoció tanto por su padre y sus hermanos, sino por las decenas de recortes de periódicos y revistas que guardan en un cajón, así como por fotos y regalos que les hicieron los sobrevivientes.

"Cuando mis hermanos se fueron de casa y quedábamos solo nosotras, tuvimos que empezar a interiorizarnos sobre lo que había pasado porque la gente que visitaba a mi padre, también nos pedía a nosotras que le contáramos lo que había ocurrido. Y como no sabíamos la historia con detalle, tuvimos que empezar a leer sobre ello", relató Paula.

Según cuenta, a su padre nunca le ha gustado mucho hablar sobre el tema.

"Le da pena y se emociona. Dice que es una historia muy triste a pesar de que nosotros le decimos que afortunadamente se encontraron con él y eso les permitió salvar sus vidas. Pero él sigue sosteniendo que es una historia dolorosa por todo lo que tuvieron que pasar los que iban en aquel avión", contó Paula.

Sin embargo, de vez en cuando hablan sobre lo que pasó. El arriero ha leído incluso alguno de los libros que se han escrito sobre la historia del accidente de Los Andes. Cuando ve las noticias, reportajes o documentales sobre el tema, él siempre dice con emoción: "Yo estuve ahí", contó su hija.

"Una de las cosas que más marcó a mi padre fue cuando se encontró con los dos sobrevivientes y Parrado le dijo que no podía llorar de alegría en ese momento porque su madre y su hermana habían muerto en la montaña", agregó.

Las hermanas han subido junto a su padre en varias ocasiones al lugar del accidente, e incluso han estado en el avión. "La primera vez fue cuando teníamos 14 años y la última en 2007. Ahora hay caminos y se puede llegar en auto, pero en el momento del accidente se hacía todo a caballo y demorabas días en llegar hasta el lugar".

LA HISTORIA

El día que Catalán los devolvió a la vida.

Sergio Catalán (89) tenía 44 años cuando se topó con dos veinteañeros uruguayos al borde de la muerte: Roberto Canessa y Fernando Parrado, quienes llevaban diez días atravesando la montaña a pie, sin orientación, en busca de ayuda para ellos y el resto del grupo que había quedado en el fuselaje.

El arriero más famoso de Sudamérica sigue viviendo en la misma casa de entonces, una humilde vivienda ubicada en un sector llamado Aguas Claras, junto a su esposa Virginia Toro (84), con quien lleva 67 años de matrimonio. De salud frágil, el buen hombre pasa sus días en un vida entregada a la familia y la austeridad.

En el día 72 de la famosa tragedia, Canessa le gritó a Parrado porque vio un hombre a caballo. Ambos comenzaron a hacerle gestos, con desesperación. "Pensábamos que eran unos turistas que andaban por ahí", contó una vez Catalán.

Como era imposible cruzar el río por la fuerte corriente, que además generaba un ruido ensordecedor, uno de los hombres a caballo arrojó una piedra cubierta con una carta, en la que les preguntó qué deseaban.

Parrado contestó utilizando la misma vía, de manera sintética: "Vengo de un avión que cayó en las montañas. Soy uruguayo. Hace 10 días que estamos caminando. Tengo un amigo herido arriba. En el avión quedan 14 personas heridas. Tenemos que salir rápido de aquí y no sabemos cómo. No tenemos comida. Estamos débiles. ¿Cuándo nos van a buscar a arriba? Por favor, no podemos ni caminar. ¿Dónde estamos?".

El arriero les dijo que entendía el problema y les pidió que aguardaran ahí. "En ese momento no estábamos cansados. No teníamos músculos, piernas. Nos estábamos muriendo", declaró Parrado en el documental La Sociedad de la Nieve.

Finalmente, un hombre a caballo llegó al lugar en el que estaban los uruguayos. Los llevó a una cabaña, donde comieron "sin cansancio", según el relato de la Fundación Viven.

Allí les contaron que Catalán, el hombre que los descubrió primero, había llevado la carta a un grupo de carabineros chilenos. Horas más tarde, solicitaron tres helicópteros para hacer el rescate de los demás sobrevivientes en lo alto de la montaña.

"Sergio Catalán y sus hijos fueron la llave que nos dio la vida nuevamente (...). Porque fue el momento en el que nosotros volvimos a nacer", comentó Parrado en un documental de 1997.

"Esa historia debería incorporarse en las escuelas".

Pablo Mieres rindió homenaje a los que estuvieron en el avión.

Durante el acto de homenaje en el Parlamento a los protagonistas de la tragedia de Los Andes, el senador Pablo Mieres recordó que de los 45 accidentes aéreos ocurridos en la cordillera hasta ese momento, y de los 34 en Los Andes chilenos "jamás hubo sobrevivientes, solo los uruguayos".

"Es una historia que sigue repicando una y otra vez por su excepcionalidad, por su sorprendente desenlace y, sobre todo, porque fue una tragedia que engendró y sigue engendrando vida", expresó el legislador.

"Es la historia de la prevalencia de valores esenciales. De la apuesta a la vida, a la solidaridad, al valor de la amistad, del esfuerzo colectivo, a la superación de la total adversidad", agregó el senador.

Por ello propuso que la historia de la hazaña fuera incorporada como parte de los contenidos del sistema educativo, "por el enorme valor pedagógico que conlleva para la construcción del carácter y de las convicciones de las nuevas generaciones", aseguró. "Porque esta hazaña es, además, una historia que está emparentada con las cuestiones más fuertes de nuestro ser nacional. Nuestra historia es la historia de la capacidad de superar situaciones en las que estamos en inferioridad de condiciones. Hacer posible lo imposible", agregó.

"Esta hazaña es motivo de orgullo para nuestro país por los valores humanos que representa", concluyó Mieres.

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