Los refugiados aún sufren los problemas de la adaptación

Segunda tanda de sirios vendrá y será la última

El gobierno evalúa que la experiencia con la primera tanda de familias sirias refugiadas resultó mal, por lo que traerá un segundo grupo con el que existe un compromiso adquirido por la anterior administración y será el último. No habrá más decisiones solidarias de esta naturaleza.

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La familia de sirios que vive en Juan Lacaze fue la que mejor se adaptó. Foto: R. Figueredo

Uruguay se comprometió a traer un segundo grupo de refugiados, incluso mayor al primero que ingresó al país el pasado mes de octubre. Unas 72 personas esperan desde febrero en Líbano. Sin embargo, el gobierno busca extremar las precauciones para que los errores cometidos no se repitan e incluso evalúan elaborar un contrato para evitar reclamos posteriores por parte de los refugiados.

La oficial regional de Acnur, Michelle Alfaro, dijo a El País que los integrantes de este segundo grupo ya fueron seleccionados mediante entrevistas. "Por el momento, queda así. No ha cambiado nada todavía", aseguró Alfaro. El organismo de la ONU, que mantiene reuniones periódicas con el gobierno uruguayo, desconoce la fecha de llegada del segundo contingente. Según las autoridades, será en el último trimestre de este año.

Hoy el gobierno se encuentra revisando el perfil de quienes ya están seleccionados para intentar prever posibles problemas que afronten al intentar su reasentamiento en Uruguay.

La experiencia del primer grupo será fundamental. En principio, se alojará a las familias en casas separadas y se descarta alojarlos en un lugar común como ocurrió en la primera ocasión, cuando se los ubicó en la Casa de Retiros de los Hermanos Maristas. El gobierno considera que esto lleva a problemas de convivencia entre personas que no se conocen y que incluso a veces mantienen diferencias políticas y religiosas importantes.

Esta situación llevó incluso a que un refugiado sirio se acercara hasta la Secretaría de Derechos Humanos de Presidencia a pedir su traslado a Europa, cosa que finalmente no se concretó.

El gobierno le aclarará también que la casa que se les va a ofrecer es una vivienda digna pero sin lujos, con el objetivo de evitar reclamos posteriores. Se revisará nuevamente los perfiles para dar mayor asistencia en casos que puedan necesitarla, como el de madres con varios hijos a cargo a quienes no les alcanzará el salario para cubrir las necesidades de toda la familia.

Disconformes.

El grupo de 42 refugiados que llegó al país en octubre presentó diversas dificultades de adaptación y hay quienes acusan al gobierno de ser demasiado "romántico" en las expectativas que tenía sobre este reasentamiento. Fuentes del CAIF que trabaja con algunos de los refugiados dieron cuenta de la difícil situación que enfrentan día a día.

Uno de los mayores problemas es el idiomático. Es muy poco el español que aprendieron los sirios en estos seis meses y la presencia de traductores es casi nula. Los propios integrantes del CAIF utilizan un celular para poder comunicarse con los refugiados, ya que necesitan un traductor las 24 horas del día y no lo tienen. Incluso Hussein Alali Alfleg, sirio que llegó a Uruguay antes de la guerra, ya no trabaja con los refugiados.

Un claro ejemplo de la situación emocional de estas familias son los mensajes que envió una de las mujeres sirias a quienes se encargan de su adaptación. Emociones con caras tristes acompañadas de banderas sirias son suficientes para hacerse entender.

Tras el horror que vivieron en la guerra siria —que los obligó a escapar a Líbano— los sirios enfrentan hoy lejanía, diferencias culturales y problemas de adaptación. Incluso, los trabajadores del CAIF dijeron a una de las mujeres sirias que ayer viernes 15 habría reunión de maestros en la escuela, por lo que sus hijos no tenían que asistir a clase. Lo que evitaron decirle es que, en realidad, se celebraba el Día de la Familia, donde ella se podría sentir excluida por el idioma y desconocimiento. Estos problemas culturales y emocionales, junto a la inserción laboral y la escolarización —una de las familias no enviaba a sus hijas mujeres a la escuela— dejan entrever que el refugio de personas implica muchas aristas no contempladas en esta experiencia.

Gobierno evalúa el impacto en la sociedad.


"Uruguay seguirá siendo ejemplo de solidaridad en lo que refiere a personas que buscan y necesitan refugio", pronunció el presidente Tabaré Vázquez apenas una horas después de asumir. El primer mandatario dejó entrever en su discurso un cambio de postura en lo referente a los refugiados, incluyendo también a los presos de Guantánamo. "Se impone un profundo análisis del proyecto para ponderar los efectos (...) también en la sociedad uruguaya".

Almagro y la propuesta en Plaza Independencia.


En noviembre, hubo un quiebre entre el excanciller Luis Almagro y el director de Derechos Humanos de Presidencia, Javier Miranda, que cambió el rumbo del tratamiento de los refugiados.

Unos 30 sirios protestaron en Plaza Independencia en reclamo del cumplimiento de ciertas promesas que, a su entender, no se estaban cumpliendo. Entre otras cosas, reclamaban capacitación laboral. El excanciller se acercó a la Plaza para hablar con ellos junto con Miranda. Almagro les dijo que él mismo se haría cargo del tema, que hasta el momento era responsabilidad de Miranda. El excanciller incluso les dio su número de celular a los sirios, para que lo consultaran ante cualquier problema.

Según fuentes de Cancillería, los refugiados comenzaron a amenazar con llamar al canciller ante cualquier inconveniente. Pasaron los meses y Almagro se metió de lleno en su carrera hacia la OEA y se desentendió de los sirios, por lo que Miranda hoy sigue tratando el tema pero salió del ojo público. Se llegó a especular con su permanencia en Presidencia, pero el presidente Tabaré Vázquez lo mantuvo en el cargo.

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